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México blinda su sueño mundialista tras las dudas creadas por la ola de violencia

La FIFA da el espaldarazo al país y al Gobierno de Sheinbaum en una semana marcada por los bloqueos en respuesta a la caída del Mencho

El Estadio Akron en Guadalajara, el 24 de febrero de 2026. Jose Luis Gonzalez (REUTERS)

El sueño del tercer Mundial en México vivió esta semana sus horas más frágiles. El domingo 22 de febrero, a solo 30 días de recibir seis partidos de repesca y a poco más de tres meses de la inauguración del torneo, el ejército mexicano abatió al criminal más buscado del mundo. El Cartel Jalisco Nueva Generación respondió a la muerte de su líder y fundador, Nemesio El Mencho Oseguera, con una serie de bloqueos en 20 Estados del país. Las imágenes de autos y negocios en llamas llegaron hasta los noticieros internacionales, y la narrativa en torno a la fiesta del evento deportivo más visto del planeta cambió: los equipos y aficionados comenzaron a preguntarse si el país anfitrión puede otorgar las medidas de seguridad necesarias para recibir el torneo. La respuesta del Gobierno mexicano ha sido única e insistente: sí.

La primera señal de alarma llegó desde Europa. El lunes, la Federación de Portugal dejó en duda su asistencia el próximo mes al amistoso contra la selección mexicana en la reinauguración del Estadio Azteca, en Ciudad de México, un duelo que ha generado mucha expectativa ante la posibilidad de que Cristiano Ronaldo juegue por primera vez en territorio mexicano. En un comunicado, la delegación señaló que “la evolución de los acontecimientos exigía una evaluación continua de las condiciones asociadas al desplazamiento”. Un mensaje que fue interpretado como una advertencia diplomática y deportiva. Con la presión encima, la Federación Mexicana de Fútbol respondió horas después con un mensaje breve en el que aseguraba que ambas confederaciones aclararon un “deseo mutuo” de que el partido de preparación se mantenga sin cambios. Sin embargo, el precedente ya estaba ahí y la seguridad para el Mundial entraba oficialmente en debate.

Para David Faitelson, periodista deportivo consultado por este diario, “el temor internacional está totalmente justificado” y la postura de Portugal le parece comprensible. “Hace bien en preocuparse”, asegura. Además, prevé que la reacción lusa puede generar un efecto dominó en otras federaciones y considera que México “debería aceptar ayuda internacional si eso fortalece la seguridad”. Desde Palacio Nacional llegó otro mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien intentó contener la incertidumbre. “No hay ningún riesgo”, afirmó en un mensaje breve, sin detallar estrategias específicas ni referirse a posibles conversaciones con la FIFA en ese momento.

Pero las dudas seguían. Principalmente en torno al repechaje de marzo, la primera gran prueba antes del torneo. Bolivia, Surinam, Jamaica, Nueva Caledonia, República Democrática del Congo e Irak disputarán en los estadios Akron (Guadalajara) y BBVA (Monterrey) los últimos boletos disponibles para la Copa. La sede de Guadalajara —la segunda ciudad más importante de México— se encuentra en Jalisco, el epicentro de la delincuencia organizada, y bajo lupa desde hace dos meses, cuando aparecieron decenas de bolsas con restos humanos en un radio de apenas 15 kilómetros en torno al estadio.

Fernando Costa, presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, calificó la situación en México como “crítica”, aunque reconoció que esperarían indicaciones desde la FIFA. La selección boliviana, que se enfrenta el 26 de marzo a Surinam en Monterrey, mostró así su preocupación a pesar de no tener encuentros programados en el Akron, en una señal de que la seguridad es una inquietud a nivel nacional. Costa adelantó que enviarían una misiva a la FIFA. “Nosotros también estamos tomando todas nuestras medidas como delegación […] Estaremos al corriente de cualquier decisión que FIFA tome al respecto”, dijo. El plan de viaje, por ahora, se mantiene sin cambios.

Eventualmente, la FIFA tuvo que intervenir. Gianni Infantino, presidente del máximo órgano del fútbol, se refirió al tema de forma no oficial, en un par de conferencias de prensa. El mismo lunes, en un evento en Colombia, defendió la sede mexicana: “Tenemos unos partidos en un mes en México, los repechajes para el Mundial, y también se va a inaugurar el nuevo estadio Azteca. [...] Como en cada país del mundo pasan cosas, no vivimos en la Luna ni en otro planeta, pasan cosas, por eso tenemos Estados, policías, autoridades, que van a asegurar el orden y la seguridad”. Y añadió: “De mi parte, de parte de la FIFA, confianza absoluta en la presidenta Sheinbaum, estamos en contacto regular con la presidencia y las autoridades. El Mundial va a ser una fiesta increíble”. La frase que terminó por desactivar —al menos temporalmente— la incertidumbre llegó al día siguiente: “Es México o es México. Se descarta por completo otra sede”.

El sociólogo del deporte Ulises Torres, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, reconoce la mancha que ha dejado el episodio del Mencho, aunque señala que los eventos violentos se perciben hacia afuera de forma fragmentada y amplificada. Un informe reveló que las redes sociales y personajes de la ultraderecha estadounidense propagaron contenido falso, ampliamente replicado, acerca del operativo que acabó con el líder del Cartel Jalisco. “Cuando no hay información suficiente, la incertidumbre crece y el temor también”, explica. Torres considera que existe margen de maniobra antes de la repesca, siempre que la estrategia gubernamental sea determinante. “Debe verse la presencia del Estado”, zanja. Destaca además que las otras sedes no registraron hechos violentos vinculados con lo ocurrido el domingo. Para Faitelson, “Cada quien defiende lo suyo. El Gobierno, su credibilidad, y la FIFA, su negocio”.

Javier Oliva, investigador en defensa y seguridad, apunta que los estadios y centros de entrenamiento estarán fuertemente protegidos, y los desafíos en defensa están fuera de ahí. “El riesgo no proviene necesariamente de la delincuencia organizada, sino de la delincuencia común como carteristas, fraudes y delitos oportunistas que tienden a multiplicarse en eventos masivos” como en rutas de traslado. “Con una estimación de cinco millones de visitantes, cualquier incidente adquiere otra escala”, señala.

La referencia inevitable para Faitelson es 1986, cuando México organizó el torneo tras un terremoto devastador. “El éxito del repechaje en marzo será la primera prueba para México”, sostiene Faitelson. Si esos partidos se desarrollan sin incidentes, podrían funcionar como ensayo general y como mensaje de estabilidad hacia el exterior. “El Mundial tendría que dejar fiesta y memoria, hoy deja incertidumbre”, concluye.

Este viernes, desde Mazatlán, Sheinbaum volvió a insistir en que todo avanza con normalidad en la organización de las tres sedes mexicanas. “Tanto los equipos como los turistas pueden tener la seguridad de que vienen a un lugar seguro y tranquilo. Va a pasar los mejores momentos de sus vidas”, afirmó. Detalló además que sostuvo una conversación telefónica con Infantino en la que acordaron “la llegada de un equipo de la FIFA para tratar varios temas, entre ellos, por supuesto, la seguridad. Pero también el tráfico. Nos pidió mejorar el tráfico en las tres ciudades”.

El miércoles, el Tri recibió a Islandia en el Estadio Corregidora (Querétaro) con un fuerte operativo de seguridad, y este viernes, el trofeo de la Copa Mundial llegó al país para un tour que recorrerá 10 ciudades mexicanas. Ambos eventos han sido utilizados para sacar músculo para el país como anfitrión. Así, tanto México como la FIFA continúan con los esfuerzos para convencer al mundo de que la fiesta puede continuar.

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