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Gerardo del Villar, fotógrafo: “Los tiburones son muy tímidos para fotografiar”

El submarinista publica la segunda edición de ‘Los tiburones también tienen miedo’, con imágenes de sus más de 30 años de trabajo y un viaje interior sobre cómo se transformó su vida

Gerardo del Villa en el Estado de México, el 30 de enero.Nayeli Cruz

Hay paisajes a los que una fotografía no le hacen justicia. Uno de ellos es el que ha presenciado y descrito el mexicano Gerardo del Villar (Ciudad de México, 54 años) submarinista y fotógrafo de tiburones y de otros animales salvajes, sentado en su casa en el Estado de México, rodeado de varios de sus objetos más preciados, como dibujos enmarcados, figuras de personajes animados, objetos rescatados del mar y algunas mandíbulas de tiburón. Aquella escena, que presenció en 2023 en el Pacífico colombiano, aparece casi como una revelación: “Llevábamos buceando tres días. La visibilidad no era buena, las corrientes estaban fuertes y vimos poca vida. Pero ese día, de repente —la naturaleza es así— se calmaron las corrientes, la visibilidad mejoró y empezamos a ver muchos tiburones martillo. Suelen ser muy tímidos para fotografiar, se espantan fácilmente con las burbujas de los buzos, pero esta vez se acercaron. Eran cientos de ellos, fue impactante. Cuando viví ese momento, dejé de fotografiar”, recuerda.

Ese día fue un parteaguas en la vida y en la carrera de Del Villar, un hombre apasionado que, asegura, ha ido por la vida arrojándose a las cosas que le gustan y le llaman con tanta intensidad como para arriesgarse al máximo. Aunque nació en Ciudad de México, muy pequeño, tras la muerte de su madre, se trasladó a vivir al rancho de su padre en Huapalcalco, Tulancingo, en el vecino Estado de Hidalgo, a unos 130 kilómetros de la capital, y a unos 200 kilómetros de la playa más cercana.

Ahí creció conviviendo con los animales de la hacienda, y aprendió a montar. Fue en esa etapa de su vida —que duró unos 16 años— cuando se dio cuenta de la conexión que tenía con la naturaleza. “Cuando me sentía muy triste, convivía con los animales del rancho. Al morir mi mamá, mis hermanos se fueron con mis abuelos a Ciudad de México, y no los tuve en ese momento. Cuando estaba con los animales me sentía bien”. Después de una conversación con su padre sobre la muerte de su madre, miró por primera vez una fotografía de ambos haciendo buceo. Una imagen en blanco y negro de una pareja joven y sonriente con sus equipos listos para lanzarse al agua. Entonces se enganchó con ese recuerdo y sus siguientes pasos apuntaron hacia el mar.

Desde 2004, Del Villar ha recorrido el mundo fotografiando tiburones, osos polares, orcas, y otros animales marinos. Pero el encuentro con los tiburones martillo en la isla Malpelo, en Colombia, llegó justo en un momento de mucha vulnerabilidad personal para él, algo que transformó por completo el escenario y que se convirtió en una fotografía del estado en el que su vida se encontraba en ese momento: “Salí del agua y me puse a escribir”, recuerda.

De ese ejercicio de reflexión, más allá de la fotografía, surgió Los tiburones también tienen miedo (McGraw Hill, 2024), un libro que Del Villar autopublicó un año después, en 2024, y que ahora a finales del 2025 tuvo una segunda edición. “Fue un libro que escribí más para sanar, que buscando que fuera bestseller o que saliera en McGraw Hill. El libro me ha cambiado la manera de ver las cosas”, declara.

Tras la publicación de su primera edición, Del Valle fue invitado a dar una charla a La casa de la amistad, en Ciudad de México. Una institución de asistencia privada que apoya a niñas, niños y jóvenes de escasos recursos que padecen cáncer. Ahí sucedió otra cosa, se dio cuenta de que, por muy mal que se sintiera con el proceso personal que atravesaba en ese momento, y que lo llevó a escribir un libro, era en realidad profundamente privilegiado. Así que, antes de que supiera que se avecinaba un gran éxito para su primera publicación, prometió donar todos los recursos que salieran de la venta de sus libros para la casa, y así fue.

A partir de entonces, comenzó a encausar su trabajo y a convertirlo en una metáfora de la vida. Una reflexión que ha ayudado a muchas personas que se acercan a su trabajo. Puso en el centro de su proceso al miedo, porque, asegura, llevaba años dándose cuenta del temor que los tiburones sienten ante la presencia de los seres humanos. Entonces, se dio cuenta de que ambos, hombre y animal, afrontaban frente a frente un miedo que los invadía en cada encuentro. “Además, pensé que siempre que yo tenía una situación de miedo en mi vida, no me permitía tenerlo. Lo vivía desde esta parte del ‘yo puedo’. Me pasó muchas veces antes, pero aquí lo vi de una manera diferente. Me he dado cuenta de que a las nuevas generaciones, como las de mis hijos, les dicen que no repriman sus sentimientos, ni sus emociones. Entonces las expresan, y las nombran. A mi generación no se nos permitían, no podías estar triste, ni llorar. Y se ve reflejado en la foto de mi vida, no en la de ese día”.

Fue una metamorfosis. En la que comenzó a gestionar sus miedos de otra forma y su relación con los animales volvió a florecer. “A mí lo que me gusta es la convivencia con los animales. Yo creo que el libro definitivamente me ayudó a poner muchas cosas en su lugar. Me ayudó a definir mis prioridades en la vida. Desde que lo escribí aprendí a decir ‘no’ de una manera muy contundente, algo que siempre tenemos los mexicanos: el decir siempre ‘sí’, y el ‘no’ siempre lo usamos con un pretexto. Me ayudó a establecer mis prioridades a futuro”, dice.

Del Valle nunca vio el libro como un negocio, y su trabajo de varias décadas como fotógrafo tampoco ha sido para un fin en específico: “La fotografía nunca ha sido el fin, es el medio para compartir lo que tanto me apasiona, los animales. Cuando tú estás presente, no hay miedo. Mi tanque del ego ya se llenó. Ya no quiero hacer cosas por likes, para que me entrevisten, ya no”, asegura.

Lo que espera, con esta segunda edición de su libro, es que las personas sientan, a través de sus imágenes, empatía por los animales, y que cuando lean su historia tengan herramientas que les ayude para tener otra forma de gestionar el miedo: “Lo que quiero hacer es demostrarle a la gente que no se trata de enfrentarte al miedo, eso es imposible, porque el miedo más que enfrentarlo hay que hacerlo tu aliado. Este libro me sirvió para sanar y luego para ayudar a más gente”, concluye.

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