
Comunidades del Golfo de México resisten ante el gasoducto de Puerta al Sureste
Ambientalistas señalan que el megaproyecto construido para incrementar la importación de gas natural desde Estados Unidos pone en peligro los compromisos climáticos del país
El sol se ha puesto y las nubes se tiñen de púrpura mientras Mauricio Contreras y su hija Eunices salen a pescar en el municipio veracruzano de Los Arrecifes, en el Golfo de México. Mientras ella lanza la pesada red para pescar pargo, abadejo o cabrilla, su padre lleva la embarcación.
Bajo las aguas que Contreras ha navegado en los más de 40 años de experiencia como pescador, se terminó de construir el año pasado un ducto para importar gas natural desde Estados Unidos que ha encendido las alarmas entre las comunidades costeras del Estado por temor a que su principal fuente de ingresos esté comprometida. “Cuando empezaron a tenderlo, nos afectó porque los barcos lanzaban explosivos y se oía hasta aquí, en la orilla”, recuerda Contreras. Ahora que está operativo, le preocupan las fugas: “Es un peligro constante que siempre estará presente y es un riesgo para toda la industria pesquera”.
El ducto, conocido como Puerta al Sureste, fue construido por la empresa canadiense TC Energy en colaboración con CFE, la empresa eléctrica estatal mexicana. El proyecto añade 700 kilómetros a una línea que ahora se extiende desde el sur de Texas hasta el Estado de Tabasco, donde suministra electricidad a Dos Bocas, uno de los proyectos emblemáticos del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Pero su objetivo principal es, algún día, llevar gas a la Península de Yucatán cuando se complete la expansión de otro ducto.
El año pasado 15 comunidades costeras levantaron una demanda que fue desestimada, pero está en apelación. Las poblaciones, en su mayoría indígenas nahuas y nuntajiiyi’, denuncian que no fueron consultadas antes del inicio de la construcción, como exige la Constitución mexicana. “No estamos de acuerdo con este megaproyecto de gasoducto porque nunca fuimos informados al respecto. Nunca fuimos consultados y, por lo tanto, desconocemos las consecuencias que tendrá”, declara Maribel Cervantes, docente y defensora de territorio que se ha unido a la demanda.
Ambientalistas advierten que el dragado para enterrar el gasoducto y posibles fugas de metano podría afectar a los ecosistemas mesofóticos del Golfo de México, que son ecosistemas profundos, ricos en biodiversidad, y que, según la demanda, hoy se encuentran sin protección oficial y en riesgo inminente por el gasoducto.
En México, el mayor comprador de gas natural estadounidense del mundo, más del 60% de la electricidad proviene de centrales eléctricas de gas, y alrededor del 70% de ese gas proviene del país vecino. Frente a esta dependencia, el Gobierno de Claudia Sheinbaum evalúa alternativas para elevar la producción local de Pemex de este combustible, lo que compromete sus compromisos climáticos. Megaproyectos como Puerta al Sureste buscan reconfigurar el sureste mexicano bajo un modelo más amplio de industrialización, urbanización y expansión turística que comprometen la autodeterminación de comunidades originarias, como enuncia Cervantes desde su patio en San Juan Volador. “Como pueblos indígenas, exigimos que se respete nuestro derecho a la autonomía (...) No queremos que nos impongan sus megaproyectos”.