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Un nuevo Chapo emerge en Sinaloa

Las autoridades mexicanas señalan la importancia creciente de Fausto Isidro, antaño un barón mediano del crimen regional, en el tráfico de droga a Estados Unidos: “Exporta más que todos”

La polvareda de la última guerra al interior del Cartel de Sinaloa parece asentarse, dejando ver la forma de lo que queda, las estructuras criminales supervivientes, después de 15 meses de batalla. La lucha entre clanes ha dejado maltrechos a los principales, sobre todo al que comandan los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, viejo capo del narco regional. De los cuatro hijos originales, solo quedan libres dos, que viven a salto de mata, despojados de sus principales ayudantes, asesinados o capturados. Sus enemigos, hijos y seguidores del antiguo socio del padre, Ismael El Mayo Zambada, han salido fortalecidos de la guerra. Pero el gran ganador del caos violento de todo este tiempo no pertenece ni a una facción ni a otra.

Un nuevo Chapo emerge en Sinaloa, menos mediático que el anterior, pero tan capaz como él de exportar droga al norte. Fuentes de seguridad consultadas por EL PAÍS señalan que el principal beneficiario de la guerra es, sin lugar a duda, el grupo que comanda Fausto Isidro Meza Flores, alias El Chapo Isidro. Uno de los grandes enemigos del Gobierno de Estados Unidos, Meza Flores maneja una importante operación de producción y tráfico de drogas sintéticas, fentanilo y metanfetamina, sobre todo, en la zona norte de Sinaloa, en Los Mochis y Guasave, principalmente. “Exporta más droga que todos los demás”, asegura una de las fuentes. “Es el gran ganador de la guerra, está muy fuerte”, añade, afirmación sorprendente, dadas los acontecimientos de diciembre.

En las últimas semanas del año pasado, autoridades mexicanas acabaron prácticamente con una de las patas de la facción del Chapo Isidro, la familia Inzunza. El 1 de diciembre, marinos abatieron al hijo, Pedro Inzunza Coronel, alias El Pichón, en Choix, un pequeño municipio al interior de la ciudad costera de Los Mochis. “[El Pichón] empezó a tirar contra el helicóptero de la Armada y ellos respondieron”, apunta una fuente al tanto de las reuniones del Gabinete de seguridad federal. En ese operativo hubo además varios detenidos. En el último día del año, la Guardia Nacional detuvo en Culiacán, la capital, al padre, Pedro Inzunza Noriega, alias Sagitario, de 62 años. A diferencia de la anterior, esta captura se hizo sin realizar un solo disparo.

Cualquiera diría que la caída de los Noriega, primeros criminales acusados de narcoterroristas por EE UU, ha supuesto un golpe importante para el grupo del Chapo Isidro. El Gobierno de Donald Trump consideraba, de hecho, que los Noriega eran los líderes de la facción. En un comunicado divulgado en mayo, el Departamento de Justicia de aquel país los colocaba al frente de la “organización de los Beltrán Leyva”, apellido de la familia que dio origen a la facción, hace más de 20 años, caída ya en desgracia, muertos o detenidos los hermanos. “Esta organización, bajo el liderazgo de Inzunza Noriega, es presuntamente responsable de algunas de las mayores incautaciones de drogas de fentanilo y cocaína con destino a Estados Unidos de la historia”, dijo entonces el agente del FBI a cargo de la investigación sobre los Noriega.

Elementos del Ejército Mexicano resguardan un vehículo con al menos cinco las personas asesinadas en Culiacán, Sinaloa, en septiembre 2024.

En México, la lectura es distinta. Para empezar, las autoridades colocan al Chapo Isidro al frente de la facción, por encima incluso del hijo de Alfredo Beltrán Leyva, uno de los hermanos fundadores, que cumple condena en Estados Unidos. El hijo en cuestión, Jesús Alfredo Beltrán, alias El Mochomito, es otro de los objetivos del Gobierno de Trump, aunque no al nivel del Chapo Isidro, que hace unos meses entró en la lista de los 10 fugitivos más buscados por el FBI. Para dar una idea del tamaño del negocio del nuevo Chapo, una de las fuentes consultadas asegura: “Yo no diría que [la caída de los Noriega] haya afectado a su operación. Si acaso fue un golpe anímico”.

Poco se sabe del Chapo Isidro. En una ficha que elaboró hace unos años el Cenapi, un centro de análisis de la antigua Procuraduría General de la República, los investigadores fijaron su nacimiento el 19 de junio de 1982, en Navojoa, justo al otro lado de la frontera regional, en el vecino Estado de Sonora. No se sabe cómo llegó a Sinaloa. “Lo fuerte de él era el fierro viejo, desmantelaba barcos en Guasave, en playa Las Glorias y El Colorado, y vendía el fierro viejo. Estaba en el medio [del narcotráfico], pero no era muy importante”, dice un agente de las fuerzas de seguridad de Sinaloa, consultado sobre su figura.

En algún momento de la primera década de este siglo, Meza Flores empezó a acumular poder. Los hermanos Beltrán Leyva, Arturo, sobre todo, Alfredo, después, y Héctor, por último, primos del Chapo Guzmán, manejaban su propia red de exportación de cocaína, metanfetamina y heroína a Estados Unidos. Su grupo y el de Guzmán operaban en paralelo, sin problemas. Pero a finales de década, la situación cambió. En enero de 2008, las autoridades detuvieron a Alfredo Beltrán, captura que sus hermanos achacaron a una traición del Chapo Guzmán. En mayo de ese año, sicarios acribillaron a uno de sus hijos, Edgar Guzmán, en un centro comercial en Culiacán.

Aquella guerra, como la que han librado en los últimos 15 meses el resto de los hijos del Chapo contra los del Mayo, se saldó con miles de asesinatos, una fragmentación de las estructuras del narcotráfico en el país y su militarización, situación que explica el presente, y los últimos 20 años de violencia desatada. El Chapo Isidro medró en las ruinas de aquella primera guerra. El único superviviente de los Beltrán Leyva, Héctor, se refugió en Nayarit, desde donde rearmó su estructura, célebre en los últimos años, por su presunta relación con el exsecretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, según documentaron las autoridades de EE UU. Héctor fue detenido en 2014 y murió, supuestamente de un infarto, en 2018.

Ya en Sinaloa, El Chapo Isidro creció en el corredor criminal de la costa norte, entre Los Mochis y Guasave, donde las autoridades realizaron el mayor decomiso de fentanilo en la historia reciente del país: más de una tonelada, en diciembre de 2024. Se hizo fuerte de la mano de sus tíos, Agustín y Salomé Flores Apodaca. A la detención del primero, en 2012, y su posterior extradición, este Chapo tomó el mando de la facción. “Él se quedó con todo el negocio de los Beltrán, se encargaba de Guasave y de la sierra de esa zona, hasta León Fonseca y Sinaloa de Leyva”, dice el agente de las fuerzas de seguridad de Sinaloa.

De 2011 a 2020, las autoridades mexicanas le detuvieron al menos cuatro veces, según la ficha del Cenapi, por delitos graves como delincuencia organizada, narcotráfico, privación ilegal de la libertad y portación de armas. Por algún motivo, ninguno de esos delitos hizo que se quedara en prisión. La Fiscalía General de la República tiene abiertas al menos 15 investigaciones en su contra. En Estados Unidos, las oficinas de la Fiscalía en el sur de California y el Distrito de Columbia llevaron ante el juez sendas acusaciones, por conspirar para traficar cocaína, metanfetamina y heroína a aquel país, y por usar armas en esa conspiración. Pero, de momento, sigue siendo un objetivo.

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Sobre la firma

Pablo Ferri
Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).
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