Renata Zarazúa, tenista mexicana: “Es raro tener ídolas cuando al día siguiente puedes estar frente a ellas”
La deportista de 28 años ha devuelto la ilusión al país en el tenis al concluir su año de mayor aprendizaje en el puesto 70 del ranking mundial. “Quizás no soy superalta, no soy superfuerte y tengo que usar mis armas”, comparte


Después de mucho tiempo, el tenis mexicano vuelve a tener una figura a la que mirar sin nostalgia. Renata Zarazúa (Ciudad de México, 28 años) ha terminado con una racha de ausencia mexicana en este deporte, al entrar en los cuatro Grand Slams, mantenerse entre las mejores 100 del mundo, ganar títulos y derrotar a jugadoras que parecían inalcanzables. Este mes conquistó el WTA 125 de Austin —el tercero de su carrera— después de derrotar a la canadiense Marina Stakusic, una victoria que la catapultó 12 lugares hasta alcanzar el puesto 70 del ranking mundial. Desde los tiempos en que brilló Angélica Gavaldón en los 90, ninguna mexicana había llegado tan lejos. Zarazúa recibe a EL PAÍS en Monterrey, Nuevo León, luego de días intensos entre Texas y la Billie Jean King Cup: “Estoy un poquito de todo. Feliz, cansada, procesando...”. Celebra los resultados de sus últimas semanas y sella un 2025 como el año de mayor aprendizaje de su carrera.
Zarazúa es tenista las 24 horas. Su trabajo es entrenar y competir de manera profesional, y su tiempo libre lo usa… para jugar tenis. “Es una obsesión”, dice entre risas. Y se justifica: “Es muy diferente ir a entrenar con una meta a solo ir a pelotear con un amigo sin ningún tipo de estrés”. Pero más allá de esa fijación, es un deporte que castiga, pues las victorias duran poco y las derrotas pesan más: “Una semana estás celebrando y a la otra vuelves a perder”. Para ella, el aprendizaje central de este año no está por tanto en las derrotas sino en la cabeza. “Antes pensaba que todo era entrenar, comer, dormir. Tengo que recordarme que soy persona antes que tenista”, apunta. Para recordarlo recurre al entrenamiento mental como la meditación, respiración o ejercicios de enfoque: “Camino ahora con una claridad que antes no tenía. Estoy muy contenta”.
Su relación con el tenis empezó mientras equilibraba su otra pasión: la gimnasia. “Quería hacer todo”, recuerda. Pero el impulso llegó cuando su hermano mayor se mudó a Estados Unidos y, a los 13 años, se fue con él a San Antonio y el tenis reemplazó a la gimnasia. El cambio, sin embargo, detonó un periodo oscuro. “Viví un proceso difícil… Me dio anorexia y problemas alimenticios”. Fueron casi dos años de internamientos y terapias, con el tenis detenido. “Me ayudó a crecer, a entender mi cuerpo… Todo venía por presión”. Finalmente, a los 18, tuvo que elegir entre ir a la universidad o volverse profesional. “No me arrepiento de nada… El tenis te hace crecer de otra forma”.
Su carrera ha despegado desde 2020 cuando alcanzó las semifinales del Abierto Mexicano de Acapulco y debutó en Roland Garros. Un año después representó al país en los Juegos Olímpicos de Tokio. Y aunque en París y Japón cayó pronto, siguió empujando hasta que en 2024 logró el salto y participó por primera vez en los cuatro Grand Slams, rompiendo una ausencia de casi tres décadas en los torneos grandes para el tenis mexicano. En enero, se convirtió en la primera mexicana en avanzar a segunda ronda del Abierto de Australia.
El juego de su vida, sin embargo, llegó apenas este año, cuando eliminó a Madison Keys, número seis del mundo el pasado agosto en el Abierto de Estados Unidos, un golpe histórico para el tenis femenino del país. Se acuerda con claridad del día en que debutó en la cancha central de Nueva York. “Le dije a mi mamá: ‘Tengo mucho miedo. No quiero salir a jugar”. Temía perder por mucha diferencia, paralizarse, sentir que no era suficiente. Su madre la contuvo: “Disfrútalo, nadie va a recordarlo”. Y se tomó en serio esas palabras. “Fue de los mejores momentos de mi carrera porque sentí cómo lo estaba disfrutando. A veces tú misma te pones los límites. Tenemos más habilidades de las que pensamos”, reflexiona. Esa experiencia la llevó a una conclusión: “Tengo que ser más valiente. A veces juego neutral… Me encantaría ser yo quien va a buscar el partido”. Más allá de las cosas que quiere fortalecer, también reconoce sus habilidades. “En mi forma de juego me he vuelto más agresiva e inteligente. He tenido que usar mi inteligencia en estos últimos meses porque soy alguien que quizás no soy superalta, no soy superfuerte, y tengo que usar mis armas”.
Austin fue otro examen. Su partido se suspendió 6-6 en el tercer set y al día siguiente solo debía jugar el desempate. “Fue lo más estresante que viví”. No durmió. Cuando lo ganó, revisó su teléfono esperando un mensaje de su madre y encontró insultos, críticas, ofensas, e incluso deseos de que se cayera su avión. Habla de que es algo por lo que pasan todas las tenistas. “No me afecta, me dio risa. Pero tú no sabes si a alguien le puede una causar depresión”, reflexiona.

En un deporte que se juega gran parte del tiempo en solitario, el apoyo familiar ha sido su ancla. Su hermano fue su entrenador, su padre es su representante y su madre la acompaña en cada momento. “Cuando pierdo, siempre la primera persona a la que le llamo es a mi mamá”, dice. Para su familia no ha sido difícil comprender su camino porque el apellido Zarazúa ya estaba inscrito en el tenis mexicano. Sus padres jugaban, igual que su abuela. Pero fue su tío Vicente quien brilló en los años 60 y 70 cuando ganó medallas en los Juegos Panamericanos, participó en los Olímpicos de 1968 y fue parte del equipo de Copa Davis. Ese ejemplo para ella e ícono del deporte en México, falleció hace apenas unos días y Renata recibió la noticia justo después de un partido. “Fue muy triste… Conviví mucho con él. Quieras o no, te afecta”.
Ha vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos, pero nunca dudó representar a México, incluso cuando no ha encontrado un programa nacional que respalde a las tenistas. “Lo que he visto es que en otros países siempre tienen una federación donde las jugadoras pueden ir y les dan todo: hospedaje, canchas, médicos, entrenadores. Yo creo que en México el dinero que tenga la Federación no va hacia nosotras o hacia el desarrollo tenístico”. Insiste, sin embargo, en que esa no fue la razón por la que se mudó: “Nunca voy a jugar por Estados Unidos porque amo a mi país”. Pero esa decisión ha implicado otros sacrificios. “Estar en otro país no me ha dejado estar tan involucrada en la vida social, estoy muy concentrada en lo que quiero hacer, mis metas y en entrenar. Todos mis amigos están aquí [México] y no tener que sacrificar fiestas o eventos sociales me ha dejado seguir la rutina más profesionalmente”, comparte.
Se dice inspirada por Rafael Nadal por su actitud inquebrantable y menciona a Iga Swiatek también como una gran referente. “Es raro tener ídolas cuando al día siguiente puedes estar frente a ellas”, bromea. Pero ser la mexicana mejor posicionada en el ranking la ha convertido a ella ahora en un ejemplo y se emociona al notar que hay niñas o jóvenes a quienes inspira. “A veces te quieres enojar o gritar… Y dices: ‘Hay gente viendo cómo te comportas”.
Zarazúa quiere jugar hasta que el cuerpo aguante. A sus 28 años, no quiere siquiera pensar en el retiro. “Estoy en mi mejor momento mental, físico y tenístico”, asegura. En el horizonte, se imagina tener una academia en México donde transmitir sus aprendizajes. Pero no piensa demasiado en el futuro y en lo inmediato tiene una meta que no ha conseguido aún: “Es mi sueño ganar un torneo grande en México… Ya sea en Guadalajara, Mérida o Monterrey. Cualquiera”. Lo que quiere es hacerlo en casa.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma











































