El huracán Lilly Téllez aboca al PAN a replantear su estrategia
El partido conservador se enfrenta al dilema de si subirse al radicalismo de su senadora para ganar visibilidad o mantener la moderación sin un liderazgo claro


Los vacíos no existen en política: espacio que queda libre, espacio que es ocupado por alguien más. El experimento fallido de Xóchitl Gálvez, con el que la oposición pretendió sin éxito disputarle el poder a una Claudia Sheinbaum que heredaba todo el capital político de su predecesor, dejaron de nuevo vacante el liderazgo de la derecha mexicana. Tras un año en el que el PAN no ha levantado cabeza, otro verso libre, menos campechano y más radical, ha levantado la mano. La senadora Lilly Téllez, audaz, provocadora y experta en polarizar con el Gobierno, ha vuelto a despuntar entre los suyos como un posible relevo no exento de riesgos. Sus declaraciones en la cadena conservadora Fox News, en las que solicitó el apoyo de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, han agitado a tal punto el país que han marcado la agenda de la última semana, trifulca en el Senado incluida. El raquítico PRI, al borde de la extinción, se ha subido a la ola Téllez como a un salvavidas. Menos claro lo tienen en su propio partido, que la respalda de refilón y duda de qué será a la larga más costoso: renunciar a la moderación o a ocupar la grieta que la senadora ha abierto en la hegemonía morenista.
“El Gobierno está haciendo de Lilly Téllez una posible candidata, no solo del PAN, sino de la oposición, con su sobrerreacción a lo que no puede controlar”, apunta Juan Ignacio Zavala, expanista y analista político. Algo parecido a lo que hizo López Obrador al convertir a Xóchitl Gálvez en su interlocutora. “Noroña también ha contribuido enormemente al personaje de Lilly Téllez”, completa. El presidente del Senado, bregado en la confrontación, funciona como la antítesis que todo líder necesita para sobresalir. El propio presidente del PRI, Alejandro Alito Moreno, justificó su agresión contra el morenista este miércoles, entre otras cosas, en el intento de defender a la senadora de los ataques del dirigente de Morena durante la acalorada sesión. Aunque ella no necesita quien la defienda. “Tiene mucha seguridad en sí misma, que eso es un desafío en México. Nada más por eso es una provocación”, dice Soledad Loaeza, experta en el PAN.
Frente al cierre de filas del PRI de Alito con la senadora panista, en el partido conservador dudan de si el tiempo de pantalla que hoy les regala se volverá un caramelo envenenado. El presidente del PAN, Jorge Romero, la respaldó tras las primeras reacciones a su entrevista en la televisión estadounidense, pero la tibieza ha ido ganando el pulso a lo largo de la semana. “Si decir que la hemos respaldado por su libertad de expresión es estar con ella, lo refrendamos absolutamente”, expresó ante la prensa el martes, evitando posicionarse sobre el contenido de sus declaraciones. Tampoco tras la trifulca del miércoles tomó partido. En un ambiente que ha ido subiendo de temperatura cada día, las palabras de Romero y el comunicado del grupo panista rechazando que hayan pedido una intervención de Estados Unidos se perciben como un rechazo a “arropar al personaje”, en palabras de Zavala. “Aunque la aplaudan, aunque digan, sí, que lo haga ella, ellos no lo harían”, apuntala Loaeza.
Detrás del impulso político, se esconden las dudas electorales. “Ahora les ha posicionado bastante bien, pero difícilmente eso les va a redituar en un mayor electorado”, dice Enrique Gutiérrez, investigador de la Universidad Iberoamericana: “Me parece que es solo un fenómeno mediático”. La historia de México, marcada por la tradición secular y por la hegemonía, durante el siglo XX, del PRI, en el que cabían todas las tendencias políticas, ha prevenido al país de que se formaran partidos políticos con una ideología más cercana a la extrema derecha como la que profesa Téllez. “La radicalización de algunos sectores no necesariamente les va a generar votos, porque el voto en México se asume hacia el centro político”, desarrolla, una opinión que comparte el politólogo de la UNAM Gustavo Martínez.
“La ecuación no es tan fácil para el PAN en este momento. No creo que le convenga [abrazarse a Téllez]”, plantea el especialista. “La derecha está muy desorganizada. Entre el 2021 y el 2024, el partido se desfondó, perdió la presencia que tenía en ámbitos rurales y volvió a sus bastiones: los centros urbanos y la clase trabajadora. Está más preocupado por no perder esos bastiones que por integrar a nuevos miembros que le ayuden a ganar la presidencia, porque eso está muy lejos de ocurrir.”, argumenta.
En cualquier caso, sostienen unos y otros, Lilly Téllez es una figura incómoda no solo para el Gobierno sino también para la propia oposición, especialmente para un partido tan institucionalizado como el PAN. Es difícil que los sectores tradicionales de la formación vean en ella a alguien en torno a la que agruparse, habida cuenta de que ella tampoco termina por integrarse en ninguna estructura o agrupación y se representa, ante todo, a sí misma.
Aun con todo, antes de que el fenómeno Xóchitl Gálvez irrumpiera con más esperanzas que resultados, casi todas las encuestas señalaban que Téllez, un año antes de los comicios, despuntaba en las preferencias para encabezar la alternativa a la apisonadora morenista. Nada se puede intuir de los resultados que habría obtenido la tan mermada oposición en el supuesto de que ella se hubiera hecho con la candidatura, pues el electorado, en general, es más innovador en las encuestas que en las urnas. La pregunta, de cara al futuro, sigue en el aire.
Para Zavala y Loaeza, ambos cercanos al entorno panista, hay un espacio muy claro en México para ese tipo de derecha, incluso para la “extrema derecha”, de acuerdo con la catedrática. Difieren, no obstante, de las posibilidades de que Téllez sea quien finalmente las agrupe y las represente. “El PAN se fragmentaría más aún”, vaticina Loaeza, que cree que al partido lo que le hace falta es una idea faro que le permita dejar de ser un “conglomerado de gente diversa que por diversas razones se inscribió en él, pero que no tiene un arraigo real”. Para el analista, en cambio, el liderazgo de la senadora es el único que puede hacer crecer a un partido que hoy se encuentra en la “indigencia electoral”. “Es la manera en la que ella confronta al Gobierno lo que gusta. Ahorita no está en juego la agenda, si ella piensa así o asá del aborto o de Dios”, explica. El partido, concluye finalmente, acabará optando por el pragmatismo: “La burocracia partidista va a esperar a ver qué sucede, y mientras, dicen que sí, pero no tanto”.
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