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Hablar de la muerte o de sexo con tu hijo: cómo mantener una conversación difícil con ellos

Tratar conflictos o hablar de temas a veces incómodos debe abordarse con franqueza, claridad y respeto, a la vez que se facilita confianza y seguridad emocional al menor en todo momento

Es esencial buscar la claridad y el entendimiento en lugar de la recriminación, y la clave es abrir un espacio para el diálogo.The Good Brigade (Getty Images)

El diálogo con los niños sobre las situaciones más complejas o trascendentales de la vida es algo inevitable a la vez que necesario. Un divorcio, la muerte, abordar la sexualidad y la identidad de género o las distintas afecciones en la salud mental como la ansiedad o la depresión suelen ser algunas de esas conversaciones difíciles para muchos padres. Frente a estas, los expertos coinciden en que es importante hablar claro, sin ambigüedades que confundan al menor, se les debe brindar apoyo en todo momento y, sobre todo, ofrecerles seguridad emocional.

La psicóloga María Sánchez Corrales, también profesora de la Universidad Complutense de Madrid, manifiesta que durante una fase previa, o cuando aparecen las primeras señales de un conflicto mayor, los progenitores deben tener un acercamiento general al menor, estar presentes y accesibles sin juzgarlo y sin intervenir. “Primero, los padres deben aprender a escuchar al niño, dejarle hablar sin interrupciones, y ellos, a su vez, deben mantenerse regulados e intentar bloquear el deseo de corregirlo para llevarlo a un lugar en el que busque comprender la situación que corresponda”, dice. Según explica, es esencial buscar la claridad y el entendimiento en lugar de la recriminación, y la clave es abrir un espacio para el diálogo, en el cual no se trata de ganar, perder o convencer: “Es más importante conseguir que se hable de cosas difíciles, y que no explote todo, que el hecho de llegar a conclusiones definitivas”, sostiene.

Por su parte, la psicóloga y sexóloga Laura Palomares asegura que hay que adaptarse a la edad del menor y atender y escuchar de manera honesta su mundo emocional: “Se debe tratar de explicar de forma abierta y serena lo que les preocupa o no entienden, sin miedo a mostrar nuestras propias dudas e incluso expresarles nuestro desconocimiento en algunos aspectos cuando así sea”. “A la vez, atender y escuchar de manera genuina las emociones del niño, validando sus dudas, inquietudes o sentimientos respecto al tema”, subraya.

La muerte: una de las conversaciones más delicadas

Palomares explica también que un paso previo y esencial a la hora de abordar un tema complicado es el respeto. “No sirve juzgar, regañar, interrumpir, decirles cómo se deben sentir, mostrar desinterés o descalificar su opinión o emociones, ni tampoco usar expresiones como que ya lo entenderá cuando sea mayor”, agrega. Según la experta, la muerte en general o el fallecimiento de un familiar es uno de los temas que a las familias les suele costar más afrontar a la hora de mantener una conversación.

El doctor José Morales del Río, médico de familia y psicoterapeuta, considera que los niños a partir de 9 años ya comprenden que la muerte es irreversible, por lo que resulta imprescindible hablar de ella sin ambigüedades. “Conviene explicar que el cuerpo ha dejado de funcionar y que la persona no va a volver. Es normal que tenga emociones intensas y las hemos de validar, así como permitir que haga preguntas”, argumenta. Morales resume que no se trata de dar largas explicaciones, sino de acompañar y sostener con amabilidad y serenidad: “La honestidad transmite más tranquilidad que el silencio o las medias verdades”.

Morales ofrece dos puntos clave para abordar la conversación sobre la muerte con adolescentes:

  • En el caso, por ejemplo, del fallecimiento de un padre o madre, el niño debe tener espacio para expresar tristeza, rabia o miedo sin sentirse responsable de sostener emocionalmente a otro adulto. Afirmaciones del tipo “debes ser fuerte para no preocupar a mamá o papá” sobrepasan los recursos del menor. La estabilidad cotidiana y la presencia afectiva son claves.
  • En el caso de que el menor sea sensitivo, no se le debe imponer una interpretación concreta. Un niño necesita sobre todo seguridad emocional, no especulaciones o conjeturas. Sería legítimo transmitir la idea de que existen diferentes visiones culturales, pero desde el respeto a la pluralidad, sin afirmaciones categóricas y los principios psicológicos han de ser verdad, con contención y seguridad.

Palomares añade que hablar de la muerte ayuda a reflexionar acerca de la vida, sobre cómo la vivimos y a darle sentido: “Así sabrán que es un hecho que ocurrirá irremediablemente y que es parte natural de la existencia”. “Se deben validar sus emociones, y hacerlo de forma serena y con claridad va a ayudar a los hijos a perder el miedo a tratarla. Y, ante todo, explicarles que van a pasar por muchas emociones, desde la negación a la ira, el dolor y el enfado hasta llegar a la aceptación, y que no hay ninguna de ellas que sea mala o negativa, sino natural y necesaria para avanzar en el proceso”, aconseja.

¿Mamá, hablamos de sexo?

La sexualidad es otro tema sensible por el cual un preadolescente puede comenzar a tener inquietudes, las cuales, lejos de ser tabú, se deben tratar naturalmente. “Hablar de educación afectivo-sexual no significa despertar ninguna curiosidad insana. Significa hablar de intimidad, de cariño, de emociones y de respeto al propio cuerpo”, explica la psicóloga y sexóloga Silvia Manjavacas. “Desde edades tempranas puede comenzarse a hablar de forma muy progresiva, enseñando a los niños a nombrar las partes de su cuerpo, a entender cuáles son íntimas y a poder decir que no cuando algo les incomoda”, agrega.

Manjavacas recalca que tener una conversación hecha desde la delicadeza es fundamental para la prevención del abuso sexual infantil: “En educación afectivo-sexual solemos decir que es mejor llegar un año antes que un día tarde”. Si un niño preadolescente quiere conversar sobre ello, lo más importante, sostiene, es acoger la pregunta con naturalidad, sin dramatizar ni ridiculizar. “Lo ideal es escuchar primero qué sabe o qué le preocupa, porque muchas veces solo necesita ordenar información que ya tiene y así responder con honestidad y con palabras sencillas, adaptando la información a su edad y sin dar más detalles de los que pide”, explica. Para Manjavacas es fundamental que el niño o niña entienda que en casa puede preguntar sin vergüenza cuando lo necesite.

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