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Akiva, la tragedia de Europa condensada en una estirpe enraizada en Valencia

Un libro desentraña la muerte el mismo día en 1936 de una familia judía huida de Alemania

La familia de Akira Bacharach, en una imagen del Archivo familia Bacharach.

El señor Enrique Fink extrae del bolsillo las llaves del cementerio británico de Valencia. Desea mostrar una de las tumbas del recinto. La singular necrópolis, propiedad de la Corona Real Británica, alberga los restos de su antepasado Henry Fink, asesinado en 1868. El descendiente de Henry ha narrado ese crimen en una novela: La muerte del inglés (Tierra de nadie, en castellano; Reclam, en valenciano). Pero Fink está interesado en otra tumba: la de la familia Bacharach. La intemperie ha desgastado la piedra con la identidad de los enterrados: Karl, nacido en 1885; Franzisca (1891); y los hijos del matrimonio, Wolfgang (1922) y Stefanie (1927). La losa ofrece una información inquietante: todos ellos murieron el mismo día, el 21 de junio de 1936. ¿Qué ocurrió aquella jornada en una Valencia que estaba a solo 27 días del golpe de estado franquista?

Quizá la respuesta se esconde tras las preguntas que la adolescente Carmen, una de las nietas de Hugo, el hermano de Karl, lanzó a bocajarro sobre uno de sus tíos: “¿Cuántas generaciones deben pasar para deshacernos de la carga judía en nuestra sangre? ¿Cuántos emparejamientos y descendencias cruzadas necesitamos para ser como los demás? ¿Cuándo dejaremos de ser judíos?”

Así lo cuenta Vicent Garcia Devís, uno de los periodistas invitados por Enrique Fink al cementerio brutánico, en su libro Akiva. Fugint dels llops (Akiva. Huyendo de los lobos), que acaba de publicar la editorial valenciana Austrohongaresa de Vapors. Devís lleva años investigando los secretos que encierra esta historia.

La familia Bacharach, de ascendencia judía, llevaba varias generaciones intentando integrarse en la sociedad cristiana de Alemania. Al nacer, los padres inscribían a sus hijos con un nombre cristiano. Pero no olvidaban añadir, secretamente, otro de tradición judía. Karl Bacharach era también Akiva Bacharach. En 1921, el médico Karl/Akiva se casó con Franzisca Kleinhaus, igualmente graduada en medicina y perteneciente a una familia judía mucho más ortodoxa. Tuvieron un hijo y una hija, y su vida transcurría plácidamente hasta la llegada del nazismo al poder.

“Hasta los años treinta, eran una familia acomodada y respetada. Vivían en Munich, donde asistían a cócteles, conciertos, recitales de poesía, pícnics…, y los días de fiesta se alojaban en granjas de la campiña bávara, a los pies de los Alpes”, explica el autor.

Todo esto cambió con las leyes racistas de Hitler. Después de verse privados del ejercicio de la medicina, de ser expulsados de los cócteles y los recitales, la noche del 26 de noviembre de 1935, los cuatro integrantes de la familia iniciaron un peligroso viaje hacia Valencia, donde les esperaba Hugo, hermano de Akiva, y abuelo de Sol Baharach, que fue empresaria y profesora de la Universitat de València y esposa de Manuel Broseta, asesinado por ETA en 1992. Hugo se había convertido en un próspero empresario exportador. Solo seis meses después, los cuatro fugitivos morían en su nueva casa de la calle de Martí de Valencia.

La prensa atribuyó la muerte a la inhalación de gas. Pero algunos medios vieron la larga mano de la Gestapo en los hechos. El periódico suizo Freiburger Nachrichten tituló: “Conducido a la muerte por la Gestapo”. Y concretó: “El doctor alemán señor Bacharach, su esposa y sus dos hijos se han envenenado con gas. La familia Bacharach tuvo que abandonar Munich porque la señora Bacharach era judía. La familia se exilió en Valencia, pero allí tampoco estaba a salvo de la policía secreta alemana”.

Karl Boettcher, abogado de la familia Bacharach cortó de raíz todo intento de especulación política y salió en defensa del régimen nazi: “Como abogado del Dr. Karl Bacharach y con delegación general de plena autoridad suya, gestioné sus negocios financieros en Alemania después de su emigración. Basándome en mi conocimiento de este último, por la presente testifico –bajo juramento– que la familia Bacharach abandonó Alemania pacíficamente y voluntariamente”.

En realidad, los Bacharach tuvieron que pagar un abusivo impuesto para poder emigrar, y liquidaron a pérdidas sus posesiones. Otros miembros de la estirpe, menos afortunados, murieron poco después en campos de concentración.

Los expedientes judicial y policial de la tragedia de la calle Martí de Valencia no se han conservado. La familia de los fallecidos, con Hugo a la cabeza, deseaban levantar el mínimo revuelo. A los Bacharach, judíos llegados a Valencia desde una Alemania en manos nazis, les sorprendió unas semanas más tarde el golpe franquista y el inicio de la Guerra Civil. La victoria del bando sublevado, fuertemente antisemita, desaconsejaban toda notoriedad, apunta el autor.

De hecho, una vez acabada la Guerra Civil, Hugo Bcharach y su familia iniciaron un claro posicionamiento a favor de los vencedores. Una auténtica esquizofrenia: judíos perseguidos en Alemania y ahora aliados del franquismo más antisemita. Para ello, debían ocultar su procedencia religiosa, apunta el autor.

Quizá aquí esté la clave también de la muerte de Akiva, su esposa y sus hijos, sostiene el editor de la obra, el también periodista Francesc Bayarri, autor del libro Cita a Sarajevo (Austrohongaresa de Vapors), una investigación sobre el asesinato del general croata Luburic en Carcaixent en 1969. “Pasar del bienestar y el reconocimiento social al estatuto de exiliados. De una sociedad con cierta tolerancia hasta los judíos conversos –hasta la llegada del nazismo– a una España con tambores de guerra antisemitas. Sin conocer la lengua del país de destino. Sin bellos recitales de poesía. Sin visitas a las primeras pistas de esquí de los Alpes", agrega.

Martí Domínguez lo resume así en el prólogo: “La historia de la familia Bacharach es, en gran parte, la historia de aquel hundimiento de Europa que condujo a la Segunda Guerra Mundial”. El también escritor Alfons Cervera concluye en el epilogo: “El exilio no tiene principio ni final. Eres una gota de ausencia para toda la vida. De añoranza cruelísima. Los recuerdos de una patria que nunca volverá a ser tuya. El olvido es un grito en las calles de la nueva tierra, una tierra en que nada será como en la tierra prometida”.

Los cuatro Bacharach descansan en el cementerio británico, no en el católico. Enrique Fink subraya que es el espacio más plurinacional de Valencia. Allí reposan ingleses anglicanos, protestantes alemanes, brigadistas noruegos, y judíos perseguidos por el nazismo… Hasta 17 nacionalidades, con sus religiones o con su ateísmo. O con un nombre cristiano y otro judío. Como Karl/Akiva Bacharach.

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