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Elsie Hewitt, modelo y pareja de Pete Davidson, explica por qué no da el pecho a su bebé: “No tienes que sacrificar tu bienestar para demostrar tu amor”

La también actriz reflexiona en un escrito en la revista ‘Elle’ sobre la presión en torno a la lactancia y asegura que la leche de fórmula ha sido la mejor decisión para su salud física y emocional

Elsie Hewitt, en el estreno mundial de 'The Pickup', celebrado el 27 de julio de 2025 en Los Ángeles, California.Christopher Polk (Variety via Getty Images)

Cuando te quedas embarazada, una de las preguntas que se hace con mayor insistencia a la futura madre es si va a dar el pecho o no a su bebé. Y, normalmente, si se tiene muy claro que la respuesta va a ser que no, la polémica y el juicio suelen entrar en acción. No porque la mujer no esté en su derecho, que lo está; es su cuerpo y su decisión, sino porque organismos como la Organización Mundial de la Salud sostienen que la lactancia materna debe ser la alimentación exclusiva del recién nacido durante los primeros seis meses de vida, ya que favorece que el niño tenga mejor salud en el futuro. Entonces, no hacerlo, ¿te convierte en mala madre?

Elsie Hewitt, actriz londinense de 29 años y novia del también actor y cómico, de 32 años, es una de las muchas madres primerizas que deciden no dar el pecho a su bebé. Hewitt, que dio a luz a la primera hija de la pareja, Scottie Rose, el pasado 12 de diciembre, ha querido aclarar por qué ha descartado la lactancia en un ensayo publicado en la revista Elle, y titulado Mi decisión de no amamantar. En el texto, comienza asumiendo que su cuerpo siempre ha sido juzgado por su profesión como intérprete y modelo: “Y con el embarazo me miraban más”. “Cuando me preguntaban si planeaba amamantar, mi razonamiento era complejo. Lo más importante para mí era hacer lo mejor para mi bebé. Siempre haré lo mejor para ella”, relata.

La también productora, que reconoce que el embarazo no entraba en sus planes y asimilarlo le costó bastante (“Estaba constantemente enferma, agotada y con dolor″), pone sobre la palestra el debate social que ha enfrentado siempre a la lactancia materna y a la leche fórmula. Dos posturas dicotómicas que obligan muchas veces a escoger un bando, y que llevan a la culpa a las madres que optan por la segunda opción.

“La lactancia materna se presenta como la mejor elección posible, ofrece anticuerpos, una nutrición inigualable y un vínculo fuerte”, reconoce. Pero señala que también concentra en un solo cuerpo toda la logística de la alimentación, “el mismo que acaba de gestar, el mismo que ha parido y que está sufriendo los cambios en el posparto”. “Por otro lado, la leche de fórmula se presenta como una alternativa segura a la que se recurre si algo sale mal dando el pecho”, continúa Hewitt, “y con menos frecuencia se presenta como una opción igualmente válida, que crea espacio para la responsabilidad compartida y alivia la carga de la madre durante una de las etapas más vulnerables de su vida”.

“Incluso antes del embarazo, era consciente de la vergüenza silenciosa que conlleva esta alimentación”, se lamenta. Tras valorar la situación, sopesar su salud mental, su recuperación física y el tipo de madre que quería ser e, incluso, lidiar con la vergüenza, Hewitt decidió no amamantar a su bebé: “Necesitaba sentir que mi cuerpo me pertenecía nuevamente”. Además, asegura que para ella los beneficios de dar el pecho no compensan la exigencia, el aislamiento y el agotamiento que conllevan: “Llevé a mi hija en mi vientre durante más de nueve meses. Una vez nació, no quería ser su único sustento de una manera que me agotara aún más, dificultara mi recuperación y dejara poco espacio para compartir la alimentación entre mi pareja y yo”.

Hewitt relata que, además de que psicológicamente ya había decidido no dar el pecho, su cuerpo ya había tomado la decisión: “Después de dar a luz, desarrollé mastitis [inflamación de la mama durante la lactancia que puede estar o no acompañada de infección]. (…) Mis pechos son densos y se obstruían con mucha facilidad. La intensidad de la congestión era inquietante. Para intentar aliviar el dolor agonizante, me los masajeaba con la esperanza de extraerme a mano aunque fuera un poco de leche. Pasé horas intentando extraer una gota, y no salía nada. Me rendí”. “Pasé días con hielo en los senos, viendo cómo mi cuerpo producía algo que no podría darle a mi bebé, ni siquiera si hubiera decidido amamantarlo”, explica.

Los sentimientos encontrados que experimentaba eran como una pequeña guerra entre su cuerpo y su mente, según reconoce en el escrito: “Había decidido no amamantar, pero mi cuerpo producía leche. Estaba de duelo por una experiencia que elegí no tener”. “Fue abrumador”, sostiene.

Aun estando segura de su decisión, la joven actriz reconoce que la culpa es una constante en su día a día: “Mi cuerpo está programado biológicamente para nutrir a mi bebé, y renunciar a ello parece como ir en contra de algo ancestral, instintivo y profundamente hermoso”. Esa culpa no desaparece aunque la fórmula sea segura, saludable y nutricionalmente completa, asegura: “Todavía tengo que recordarme a mí misma que estar bien mental y emocionalmente no te aleja de ser una buena madre”. Es más, la productora asegura que ya existe un vínculo visceral y cinético —conexión física y emocional extremadamente profunda, instintiva e intensa— entre su bebé y ella, tras llevarla en su tripa y dar a luz. “Es un vínculo sagrado y crece con la presencia, no con el agotamiento”, agrega.

El embarazo y la mujer en la actualidad

En el texto, la actriz asume que los cuerpos femeninos están programados para hacer cosas extraordinarias: “Podemos gestar, parir y alimentar a nuestros bebés. Pero vivimos en una época en la que existen herramientas que permiten que estas experiencias sean más seguras, más humanas y más sostenibles”. Ella se siente afortunada de no haber sentido la presión de su entorno por su decisión: ni su madre, ni su pareja, ni el ginecólogo ni el personal del hospital intentaron persuadirla para lo contrario.

“Es cierto, la maternidad es algo que solo otras madres pueden comprender de verdad”, confiesa la modelo, “me siento como una nueva integrante de un club de algunas de las mujeres más fuertes que he conocido”. “Pero ser madre también es una experiencia totalmente individual, lo que puede ser cierto para una puede no serlo para otra. Cada bebé, cada parto, cada embarazo, cada madre, cada cuerpo, cada situación, cada circunstancia, cada necesidad, cada mentalidad es diferente. La alimentación con fórmula fue la decisión correcta para mí”, resume.

“Una buena madre no se mide por cuánto sacrificamos. El sacrificio ya es una de las partes más integrales de ser madre. Se trata de cómo nos presentamos y por qué. Personalmente, sabía que si amamantaba no sería capaz de ser una madre tan presente como lo estoy siendo”. Y espera que su relato pueda servir de recordatorio para cualquiera que lo lea: “No tienes que sacrificar tu bienestar para demostrar tu amor”.

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