Irán vive el primer día del alto el fuego entre el júbilo y la desconfianza: “Todo es temporal ahora”
Mientras la televisión estatal infunde ánimos a la población civil, los altos cargos hacen un recuento de las violaciones de la tregua y exigen el fin de los bombardeos de Israel en Líbano

Irán ha navegado entre la euforia y la cautela en las horas posteriores al alto el fuego de dos semanas acordado con Estados Unidos e Israel en la madrugada de este miércoles. Aunque en la televisión estatal y en las calles se vivió un ambiente festivo y vencedor que interpretaba el cuarto aplazamiento del ultimátum de Donald Trump como “una derrota innegable, histórica y aplastante” ―en palabras del presentador del telediario oficial―, el resto de la jornada ha estado marcada por la desconfianza de los altos cargos de la República Islámica. “Todo es temporal ahora”, le dijo a Reuters Ali Bahreini, embajador iraní ante Naciones Unidas.
“No estamos confiando en la otra parte. Nuestras fuerzas militares mantienen su preparación. Mientras tanto, iremos a las negociaciones para ver cuán seria es la otra parte”, aseguró Bahreini tras intervenir ante la ONU en Ginebra.
La primera jornada de la tregua temporal en Irán ha comenzado con alertas de violaciones al cese de hostilidades. En la mañana, la Compañía Nacional de Petróleo de Irán ha denunciado un “cobarde ataque de los enemigos” a la refinería de la isla de Laván. Luego, la Guardia Revolucionaria informó del derribo de un dron Hermes 900 en la ciudad de Lar. “La entrada de cualquier aeronave enemiga estadounidense o sionista al espacio aéreo del país, incluso sin realizar operaciones militares, se considerará una violación del alto el fuego y recibirá una respuesta contundente”, han advertido las autoridades iraníes en un comunicado recogido por la agencia de noticias Tasnim.
En represalia, la República Islámica ha lanzado ataques a los países del golfo Pérsico. La tensión es máxima en Oriente Próximo.
Estas violaciones han sido, además, temas clave en las conversaciones telefónicas que han sostenido altos cargos iraníes con los intermediarios paquistaníes. El presidente de Irán, Masoud Pezeshkián, por ejemplo, ha condenado los ataques contra Laván en diálogo con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, según medios iraníes. También, según ha trascendido, le ha dicho que el alto el fuego en Líbano es una condición esencial en el marco del acuerdo de 10 puntos con Estados Unidos. No obstante, Israel ha trazado su propio límite: los ataques a la milicia libanesa Hezbolá no son parte de su alto el fuego.
El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, también ha hablado con su homólogo en Turquía y ha sostenido, según informa Reuters, que si hay seriedad por parte de Washington será posible lograr el fin de la guerra que comenzó el pasado 28 de febrero. Horas después, también ha exigido que Líbano sea incluido en el alto el fuego. “El mundo ve la masacre en Líbano. La pelota está en el tejado de Estados Unidos y el mundo está pendiente de si cumplirá sus compromisos”, ha asegurado.
Pero el acuerdo provisional es frágil. Aunque el compromiso inicial contempla que Teherán abra el estrecho de Ormuz durante estos 15 días, este fue bloqueado de nuevo este miércoles por la tarde. “El paso de petroleros a través del estrecho de Ormuz ha sido detenido tras los ataques de Israel al Líbano”, ha indicado la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria.
Alegría y cotidianidad
Mientras el régimen iraní se prepara para las negociaciones en Islamabad, la capital de Pakistán, de este viernes ―en las que ocuparán roles relevantes el ministro de Exteriores y Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento―, los ciudadanos asimilan, con distintas actitudes, este nuevo episodio en el conflicto.
En la madrugada de este miércoles, imágenes de agencias internacionales y de la prensa estatal mostraban a centenares de manifestantes celebrando el aplazamiento de Trump. “Estados Unidos ha comprendido que Irán es una superpotencia. Si no cumplen el acuerdo, sin duda trataremos con ellos de otra manera”, aseguraba una joven en las calles de Teherán.
Otro hombre también se burlaba de Washington. “El tigre de papel de Estados Unidos ha quedado al descubierto ante todo el mundo. Todo el mundo se ha dado cuenta de que sus afirmaciones son vacías”.
En la televisión estatal, el presentador animaba a los civiles a reclamar este episodio como una victoria. “Felicitamos a todo el pueblo de Irán por esta victoria y recalcamos que, hasta que se concreten los detalles, siguen siendo necesarias la firmeza, la gestión prudente por parte de las autoridades y la preservación de la unidad y la solidaridad”.
Sin embargo, otros manifestantes temían que este fuera el preludio de una nueva arremetida de Estados Unidos e Israel.
“Estados Unidos ya ha demostrado lo que es un centenar de veces hasta ahora. Estábamos en la mesa de negociaciones dos veces cuando atacó. Sin duda, este [alto el fuego] también es para que se recupere”, afirmaba una mujer desde su coche.
Horas después, varias personas se congregaban en la plaza Enghelab, en la capital, bajo un mural que representa el cierre del estrecho de Ormuz. Un hombre de mediana edad, señalaba a la imagen de los tres miembros de la Guardia Revolucionaria con una red capturando buques estadounidenses en el estrecho de Ormuz. “¿Por qué anunciaron el acuerdo y el alto por la madrugada? Para poner al líder ante un hecho consumado, para que la gente no estuviera en las calles y no pudiera protestar”, afirmaba a los reporteros de la televisión iraní.
Un joven gritaba. “¿Acaso el imán Husein —tercer imán del chiismo, muerto en Kerbala— aceptó la humillación por la vida de sus seres más queridos? Nosotros tampoco aceptaremos la humillación para proteger las infraestructuras. Estamos dispuestos a derramar nuestra sangre; apoyamos al líder y no aceptaremos negociaciones". Una mujer, con el puño en alto, subrayaba: “El propio líder ha insistido en que el estrecho de Ormuz debe cerrarse y debe permanecer cerrado”. Informa Ali Falahi.
Pero en medio de la euforia de las manifestaciones, Teherán también trataba de recuperar la cotidianidad. “La gente está más relajada, incluso se nota en las conversaciones, hay algo de alivio, como si por fin pudiéramos respirar un poco”, decía Mansur, contable de 57 años, a la agencia EFE. “Han sido 39 días muy duros”.
Maziar, un diseñador gráfico de 25 años, también veía la tregua con alivio, aunque se temía que durase poco. “En cuatro o cinco días vendrán los bombardeos de nuevo”, aseguraba el joven, que no veía futuro en el próximo encuentro de los negociadores de Irán, Estados Unidos e Israel en Islamabad.
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