La escritora argentina Samanta Schweblin gana el millón de euros del premio Aena de Narrativa
La primera edición del galardón que reconoce el mejor libro en español publicado en 2025 se inaugura con una gran gala en Barcelona. “Habría sido duro estar en los zapatos del jurado”, confesó la autora

Después de dos meses de expectación y mucha polémica, la noche de este miércoles se ha desvelado quién ha ganado el primer premio Aena de Narrativa Hispanoamericana. La escritora argentina Samanta Schweblin ha sido anunciada como merecedora del millón de euros por Rosa Montero, presidenta del jurado, en una gala con cena en el Museo Marítimo de Barcelona, poco antes de que la ciudad celebre la gran fiesta literaria de Sant Jordi, el 23 de abril. El nombre se hizo público tras la cena, en la que reinó cierta tensión y en la que el sobre de color verde de Aena, que los miembros del jurado depositaron cuando todos los asistentes ya estaban sentados, esperó a ser abierto sobre un atril en el escenario.
El premio reconoce el mejor título de los publicados en el ámbito hispanohablante o en lenguas cooficiales y traducidos al español en 2025. Samanta Schweblin ha sido distinguida por su novela El buen mal (Seix Barral) y se ha impuesto a otros cuatro finalistas, anunciados el 18 de marzo: Ahora y en la hora (Alfaguara), de Héctor Abad Faciolince; Marciano (Literatura Random House), de Nona Fernández; Los ilusionistas (Anagrama), de Marcos Giralt Torrente, y Canon de cámara oscura (Seix Barral), de Enrique Vila-Matas.
El buen mal, de Samantha Schweblin (Buenos Aires, 48), es un conjunto de cinco relatos que arranca con el de una madre que se ata un yunque al cuerpo, se lanza al lago y, tras fracasar en el intento de suicidarse, vuelve a casa para preparar la cena. Las relaciones entre padres o madres e hijos abundan en este “catálogo de soledades”, como escribía Nadal Suau en su reseña en EL PAÍS, “con el añadido doloroso de que las presencias que deberían curar dicha soledad están tan cerca”. Según la autora, los cuentos se centran en una pregunta en particular: “Todos sabemos que estamos comandados por fuerzas, las ideas del mundo, los mandatos familiares... ¿Dadas todas estas fuerzas, hay una de ellas capaz de poner las otras en jaque? ¿Se puede prestar atención a lo que queremos y somos? Los protagonistas de mis cuentos han logrado tocar ese momento de cambio".

La ganadora agradeció el reconocimiento afirmando que, para el premio Aena, elegirla a ella es “una declaración de principios”. Según la escritora, los galardones internacionales suelen premiar novelas y, “muy de vez en cuando, aparece un nombre como el de Alice Munro”, el de una autora de cuentos. “Los que escribimos cuentos corremos medio cojos”, afirmó Schweblin, que consideró que el premio ha dado “un primer paso premiando la excepción”. Con tono nervioso, declaró estar “en shock” y reconoció que “habría sido duro estar en los zapatos del jurado”. La autora tuvo palabras de agradecimiento para su familia, para la “muy abandonada” universidad pública de Buenos Aires, por contagiarle la pasión lectora y para los lectores.
Durante las últimas semanas, el premio Aena ha sido protagonista de las conversaciones en el sector literario, tanto por el hecho de ser impulsado por una empresa de gestión de aeropuertos, participada en un 51% por el Estado, como por su elevada dotación económica. La ganadora y los finalistas, que recibirán 30.000 euros cada uno, asistieron a la gala después de 24 horas de actividad en Barcelona, con un encuentro con los medios y una visita a Salvador Illa, president de la Generalitat de Catalunya. En el ambiente relajado de la jornada previa, todos ellos afirmaron su entusiasmo y subrayaron que es un premio “serio y literario”, como afirmaba Schweblin la víspera de la concesión del galardón. No obstante, la actitud de los candidatos se había transformado en visibles nervios al comienzo de la gala de entrega.

Maurici Lucena, presidente de Aena, dio la bienvenida a los asistentes respondiendo muy directamente a la polémica y confesó cierta estupefacción por la incomprensión ante el premio: “Desde que se presentó públicamente, se ha escrito bastante y no siempre con buena orientación. A veces las cosas son más sencillas”, afirmaba. En su intervención, el presidente contradijo al premio Nobel Milton Friedman, que consideraba que el único objetivo de una empresa es conseguir beneficio, y habló sobre responsabilidad social corporativa: “Las sociedades son imperfectas y cobra sentido el mecenazgo para contribuir modestamente al apoyo del interés general”. Lucena insistió que “es lo normal que el mecenazgo corra a cargo de empresas privadas que no tienen necesariamente nada que ver con las actividades culturales que financian generosamente”.
Aunque no dijo nombres para no meterlos “en cualquier jardín”, Lucena habló de la participación de muchos profesionales del sector literario en la construcción del premio. También agradeció la participación de los preseleccionadores y del jurado final, compuesto por Pilar Adón, Leila Guerriero, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop, Elmer Mendoza, Sergio Vila-Sanjuan y Jesús García Calero, así como el respaldo del ministro de Transporte, Óscar Puente. Lucena insistió en que “el premio no debía tener interferencias ideológicas ni editoriales de ningún tipo”.

La cena contó con personalidades del mundo de la política y la cultura. Entre las autoridades, el presidente catalán, Salvador Illa; Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, y Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo. Entre el público también estaban Javier Argüello, Paula Bonet, Rosa María Calaf, Najat El Hachmi, Bob Pop, Pilar Eyre, Paulina Flores, Arturo Pérez-Reverte, Carme Riera, Santiago Roncagliolo y Jordi Soler. Hubo también ausencias visibles, como la de la dirección del Grupo Planeta, que contaba con dos de sus autores entre los finalistas (Schweblin y Vila-Matas).
La primera gala del Premio Aena de Narrativa fue presentada por Martina Klein y Josep Cuní, bajo la dirección y producción de La Tropa Produce, encargados de organizar eventos como los premios Feroz de cine. Una de sus propuestas más llamativas fue la de recrear los cinco libros finalistas en la escenografía, firmada por la directora de arte Vanesa de la Haza. La dramaturga Alda Lozano escribió un monólogo en el que revivió a Josefina, la abuela de Marcos Giralt Torrente, una de las protagonistas de Los ilusionistas, a través de la voz de la actriz Nieves Soria. El libro de Samanta Schweblin inspiró una composición musical que su autor, Álex Gassent, interpretó al piano. Ryo, la hija del protagonista de la obra de Vila-Matas, se encarnó durante la gala en Lola Blasco, actriz, dramaturga y ganadora del Premio Nacional de Literatura Dramática. La obra de Nona Fernández se hizo presente a través del dibujo en vivo del “pintaor” Patricio Hidalgo, y la voz del actor y director chileno Benjamin Leiter. Y Ahora y en la hora, de Héctor Abad Faciolince, ambientada en la guerra de Ucrania, dio lugar a la coreografía de la ucraniana Alina Sokulska.

Con el premio ya inaugurado, hay aún muchas las dudas sobre su continuidad o posibles cambios, ya que está sujeto a cualquier cambio político. Lucena aseguró que la convocatoria anual se mantendrá alrededor de Sant Jordi y también la cuantía del premio, y expresó también el deseo que la ubicación se mantenga en Barcelona. Según Álvaro Colomer, director técnico del premio junto a María José Solano, es la intención que el jurado cambie cada año, pero no está claro que así sea. Por otra parte, tampoco se sabe aún cómo se comprarán los “miles de ejemplares” de los cinco finalistas, para los que Aena invertirá más de un millón de euros y destinará a sus aeropuertos y también a centros educativos y culturales de los lugares donde tiene presencia.
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