El cuento de la lechera de los finalistas del premio literario Aena: “Si gano, me voy a jubilar”
El ganador del millón de euros se dará a conocer en una gran gala el miércoles 8 de abril en Barcelona

A poco más de 24 horas de saberse el ganador del evento más discutido del panorama actual de la literatura en español, los cinco finalistas se han dado cita en el Museo Marítimo de Barcelona para comparecer ante los medios de comunicación. Desde que se anunció a finales de febrero, el premio Aena de Narrativa Hispanoamericana no ha dejado de levantar polémica, por el millón de euros de dotación (y otros 30.000 para cada uno de los finalistas) y, sobre todo, por el hecho de ser impulsado por una empresa de gestión de aeropuertos, participada en un 51% por el Estado, concretamente por el Ministerio de Transporte. Mañana, miércoles 8 de abril, se anunciará el ganador en una gala, y hasta entonces los escritores finalistas Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Marcos Giralt Torrente, Samanta Schweblin y Enrique Vila-Matas tienen una agenda ajetreada, que incluye una visita por la tarde al presidente Salvador Illa en el Palau de la Generalitat.
Aunque no se hizo público hasta más tarde, los cinco finalistas ya estaban elegidos cuando se anunció el premio a la prensa en febrero. Un grupo de 10 pre-seleccionadores vinculados al mundo literario y procedentes de medios de comunicación presentó un conjunto de obras, a las que después un jurado presidido por Rosa Montero e integrado por Pilar Adón, Leila Guerriero, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop y Elmer Mendoza añadió más títulos para elegir luego los cinco finalistas.
Tanto la selección del jurado, que mañana miércoles pasará el día reunido para la deliberación, como la del grupo de preseleccionadores y las bases del premio han corrido a cuenta de Álvaro Colomer y Maria Jose Solano, ambos especialistas del sector literario y vinculados a Zenda, la revista impulsada por el escritor Arturo Pérez-Reverte. Junto con Maurici Lucena, presidente de Aena, y la empresa de eventos La Tropa, se han encargado de organizarlo todo. “Nosotros hemos dado ideas, pero todas las decisiones han sido colectivas; siendo un premio con participación pública, todo ha pasado por notarios y abogados para garantizar que todo es correcto desde el punto de vista jurídico”, explica Colomer en una llamada telefónica.

Según el escritor y periodista, con Solano buscaron nombres que representarán los dos continentes, de distintas edades y también cierta vinculación con los medios, de ahí que Sergio Vila-Sanjuan (La Vanguardia) y Jesús García Calero (ABC) ejerzan como secretarios. También fue decisión suya incluir las lenguas cooficiales “siguiendo el método de la FIL de Guadalajara”: pueden participar siempre y cuando estén traducidas al castellano: “Quizás más adelante se plantea añadir premios específicos para las literaturas en esas lenguas”, afirma Colomer. Otra decisión clave, según Colomer, es que la votación del jurado, que se llevará a cabo durante la gala, será individual y secreta: “Mi condición para participar fue que todo el proceso fuera impecable”.
En la rueda de atención a los medios, el tema ha sido evidentemente la polémica sobre el premio, que según Colomer era previsible para aquellos que trabajan en el sector, pero no para los organizadores, que “han llegado con la ilusión del mecenazgo y se han encontrado con el pesimismo de nuestro mundillo”. Los finalistas han solventado las críticas con serenidad e incluso con humor, sin entrar en cuestiones políticas ni la procedencia pública del dinero, y comprensivos con un sector “acostumbrado a dudar de todo”, decía Héctor Abad Faciolince (autor de la novela Ahora y en la hora).

Todos coinciden en que cualquier estrategia de visibilidad para la literatura es una buena noticia. Marcos Giralt (Los ilusionistas) explicó que a sus 58 años nunca ha conseguido vivir de sus libros ni ser conocido entre profesores de literatura española: “En un mundo pequeñito y acanallado surgen estas polémicas absurdas, pero ahí afuera hay un mundo exterior muy amplio”. Tanto Giralt como Abad hablaron de la precariedad del oficio de escritor, mientras que la argentina Samanta Schweblin (El buen mal) y la chilena Nona Fernández (Marciano) hicieron hincapié en la importancia del puente transatlántico: “En Sudamérica los premios han sido constantemente jibarizados, tengo que pelear constantemente para que no desaparezcan”, afirma Fernández. Por su parte, Enrique Vila-Matas (Canon de cámara oscura) quiso recordar lo que según él es un precedente de este premio, el Rómulo Gallegos, nacido en 1964 “con una dotación que en su momento era muy alta también” y clave en la consagración de los escritores del bum en ambos lados del Atlántico, “sufrió con problemas políticos, pero me ha informado la inteligencia artificial que se sigue dando”.

Aunque la idea es que ese jurado cambie cada año, Colomer no tiene claro si será así. De hecho, tanto Colomer como Solano se abstienen de responder nada firme sobre futuras ediciones, sujetas a cualquier cambio político. Según Solano, la idea es mantener la convocatoria anual alrededor de Sant Jordi y siempre a obra publicada, manteniendo la cuantía del premio. La organizadora no especifica si será siempre en Barcelona y apunta que no está escrito en ninguna parte que un mismo autor no pueda recibir el premio más de una vez por obras distintas.
¿Y qué harán los finalistas con el millón? Abad recita el poema de La lechera de Félix María de Samaniego (“No seas ambiciosa / de mejor o más próspera fortuna, / que vivirás ansiosa / sin que pueda saciarte cosa alguna”) y sueña: “Si gano, me voy a jubilar”; Fernández quiere un lavavajillas, Giralt un móvil, Schweblin un sueldo fijo, y todos tiempo para leer y escribir.
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