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GUERRA CONTRA IRÁN
Análisis

Tres cuestiones sobre Irán: un país no tan religioso y con una larga trayectoria de lucha feminista

El papel del islam, del ejército y de la mujer son tres claves para entender un país que desafía los estereotipos y que la actual guerra ha despertado un renovado interés

Una mujer pasa junto a un mural de una escuela primaria del centro de Teherán, Irán, el 28 de enero de 2026.Morteza Nikoubazl (NurPhoto/Getty Images)

Existe un enorme interés por la guerra de Israel y Estados Unidos contra la República Islámica. Al coste humano para los iraníes se suma el de la contraofensiva sobre los países vecinos y el efecto dominó que de inmediato ha tenido sobre los precios de la energía en todo el mundo. De repente, todo el mundo quiere saber más sobre Irán. ¿Son tan religiosos como muestra la televisión estatal o tan laicos como asegura la diáspora? ¿La intervención militar va a lograr el fin del régimen que no derribaron las protestas? ¿Surgirá una democracia? ¿Podrán librarse del velo las mujeres? Intentando contestar a estas y otras preguntas, a menudo las respuestas oscurecen más que aclaran. He aquí tres asuntos que suelen conducir a error.

El peso de la religión. Sin llegar al extremo de quienes ven una guerra de religiones en cada conflicto que estalla en Oriente Próximo, hay muchos comentaristas que buscan en los arcanos del islam una explicación para las acciones de los dirigentes iraníes (aunque no hacen lo propio para descifrar el comportamiento mesiánico de los líderes israelíes o estadounidenses). Se enfrascan en las diferencias entre el chiismo y el sunismo, las dos principales ramas del islam, o recurren a la exégesis de leyendas y mitos sobre los que se sustentan en busca de las claves de decisiones que no dejan de ser políticas. Los musulmanes de Irán son, según estudios coincidentes, de los menos practicantes de la zona. La imposición de una fe institucional desde la proclamación de la República Islámica en 1979 ha devenido en una secularización significativa y un creciente distanciamiento de la interpretación oficial del islam. Incluso a muchos piadosos les molesta el uso político de la religión.

Viene un régimen militar. Estrategas y analistas de prestigio repiten estos días que, después de la guerra, el “régimen de los ayatolás” va a transformarse en un régimen militar. Como si no lo fuera ya. Hace mucho tiempo que los venerables ulemas de Qom, sede de los seminarios clericales iraníes, han perdido su peso prescriptor frente a los intereses y aspiraciones de la Guardia Revolucionaria, el ejército ideológico encargado de proteger la República Islámica. La Guardia se ocupa de la seguridad, los programas nucleares y de misiles y las relaciones con milicias aliadas, algo que ha marcado la política exterior iraní. Pero además, se ha hecho con el control de entre un 40% y un 60% de la economía a través de una vasta red de empresas, consorcios y fundaciones que van desde sectores estratégicos como los hidrocarburos, las telecomunicaciones o las infraestructuras hasta las farmacéuticas. Además, aunque la Constitución prohíbe que los miembros activos de las Fuerzas Armadas se afilien a partidos o intervengan directamente en la política, desde principios de siglo sus oficiales en la reserva ocupan un creciente número de cargos. Incluso sin esa presencia, su influencia sobre las principales instituciones del Estado hace al menos una década que les ha convertido en el poder en la sombra.

Irán se hizo feminista en 2022. La muerte en comisaría de Yina Mahsa Aminí fue la chispa de las protestas Mujer, vida y libertad. Muchos observadores descubrieron de repente el feminismo iraní. Pero para entonces las iraníes ya llevaban muchos años de lucha contra la obligatoriedad del velo y, sobre todo, contra la discriminación legal de la que son objeto. “La primera vez que salimos a la calle para celebrar el 8M fue en 2002, bajo el mandato del reformista Jatamí”, recuerda la activista Sussan Tahmasebi. Cuatro años después, con el ultra Ahmadineyad como presidente, la policía dispersó a palos a las dos centenares de iraníes, apoyadas por un puñado de varones, que volvían a marchar el Día Internacional de la Mujer. Entre medias, miles de voluntarias bajo la égida de la Nobel Shirin Ebadí habían lanzado por todo el país la Campaña del Millón de Firmas para pedir la igualdad ante la ley. Sus oficinas fueron cerradas poco después. Numerosas mujeres participaron en las protestas de 2009 contra lo que buena parte de la población consideró un pucherazo electoral. Así que en 2022 la novedad no fue que las iraníes salieran a la calle; la novedad fue que les apoyaron los hombres, sobre todo los jóvenes. Enseguida el movimiento exigió el fin de la teocracia, la libertad de expresión y los derechos humanos, que son también los derechos de la mujer.

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