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Los iraníes, atrapados entre las bombas y la represión: “Ojalá despertar y ver que esta guerra ha terminado”

Testimonios recogidos por EL PAÍS muestran la desesperación de la población de la República Islámica ante un conflicto que se alarga

Funeral por el general Ali Shamkhani, este sábado en Teherán.Vahid Salemi (AP)

Los drones se han convertido en una presencia amenazadora en las ciudades de Irán, al igual que el estruendo de los bombardeos y las columnas de humo que se elevan en el cielo de un país donde en las dos semanas de guerra que se cumplieron este sábado ya han muerto 1.444 personas. Otras 18.551 han resultado heridas, según el Ministerio de Sanidad iraní. Mientras la lista de víctimas crece, la esperanza de algunos iraníes de que una intervención militar extranjera les trajera la libertad se desvanece. La presencia ominosa de esos aparatos no tripulados ha sumado un nuevo temor a sus preocupaciones, porque muchas veces “las víctimas” de esta guerra “son los civiles, como en la escuela de Minab”, dice Ladan, una mujer de Shiraz, en el sur de Irán. Tanto Ladan como el resto de entrevistados para este artículo han hablado con EL PAÍS por mensajes de Telegram.

La tragedia de las 175 personas —casi todas niñas de entre 7 y 12 años— que perecieron en un ataque en esa localidad del sur de Irán está muy presente en la memoria de sus ciudadanos. La investigación militar, a la que tuvo acceso The New York Times, apunta a Estados Unidos como autor del bombardeo. La guerra reveló su rostro con esa masacre y, en los últimos días, se ha convertido en una amenaza más cercana por los ataques con drones contra los puestos de control de los basiyíes, los odiados voluntarios que conforman esa milicia que depende de la Guardia Revolucionaria.

Muchos iraníes atribuyen a esos paramilitares, fuertemente adoctrinados, gran parte de la represión, como la que se abatió sobre las últimas protestas contra la República Islámica en el mes de enero, que acabó con 7.000 muertos en las calles, según cálculos de la ONG iraní con sede en Estados Unidos HRANA. La cifra oficial es de 3.117, pero según las fuentes sanitarias la cifra es de decenas de miles de muertos.

El problema es que los puestos de control de los basiyíes están en las calles, junto a las casas, en las carreteras, y son muy numerosos. Esta dispersión y su elevado número han hecho que salir de casa en Irán sea todavía más peligroso, dice Ladan. “Los drones vuelan muy bajo. En ocasiones se oye un zumbido continuo”, explica la mujer, que relata cómo, hace dos días, su familia oyó “una explosión fuerte”. Era un ataque a un coche en una calle cercana a su casa. Su ocupante murió en el acto, relata. Esta semana, el ejército israelí ha anunciado haber matado a paramilitares basiyíes, “así como destruido sus operaciones y capacidades con drones”. El comunicado militar confirmaba que varios miembros de esa milicia estaban en puestos de control en la calle.

Bajo las bombas y ahora bajo los drones, más numerosos que en la primera semana de la guerra, muchos iraníes ya casi no se atreven ni a salir de casa. Como Yalda, ingeniera civil que desde hace varios días no pisa la calle. “Alrededor de los puestos de control hay mucho tráfico, temo que gente inocente también muera”. Esta mujer cree que la República Islámica utiliza a los civiles “como escudos humanos” y admite que la ansiedad a menudo la paraliza: “Ojalá pudiera dormir y al despertar ver que esta guerra ha terminado y que este régimen se ha ido”.

El aparato militar y de seguridad israelí considera que estos ataques son un intento de preparar el terreno para nuevas manifestaciones, ese propósito que Israel y Estados Unidos expresan sin ambages. Un comunicado de la Guardia Revolucionaria de hace días, enviado también este viernes por mensaje de texto a los teléfonos de los iraníes, amenazaba a los “alborotadores y agitadores” (los manifestantes), a quienes definía como “neo-ISIS”, en alusión a la organización terrorista Estado Islámico.

El comunicado advierte a los iraníes de que, si salen a las calles, recibirán “un golpe más fuerte que el del 8 de enero”. Esa fue la peor jornada de la represión de las protestas de principios de año; el día en el que se cree que las fuerzas de seguridad y militares iraníes mataron a más gente.

“Esto es un reconocimiento de la masacre de los manifestantes durante las protestas de enero”, dice Nahid. “¿Acaso no decían que eran agentes israelíes quienes mataron a los manifestantes?”, se pregunta esta estudiante de Química de Teherán. Se refiere a la versión oficial iraní, que atribuyó gran parte de los muertos a los agentes del Mosad, el servicio de espionaje exterior de Israel.

Hosein, un jubilado que vive en Karaj, a 40 kilómetros al oeste de Teherán, recela de que se pueda “detener a los represores armados desde el cielo con bombardeos”. Este hombre, que dice “estar preocupado por el futuro de Irán”, teme que aquella masacre se repita; que, por “un error de cálculo”, la gente “vuelva a enfrentarse a las balas”.

“Desde fuera, sin conocer el sufrimiento que vivimos, muchos impulsan la guerra, pero somos nosotros quienes pagamos las consecuencias”, se queja Nazanin. Esta traductora de Teherán, que teme por el futuro de su hija, asegura que los bombardeos “solo incrementan la miseria y el sufrimiento del pueblo”. Al final, deplora, los iraníes se quedarán “con un país destrozado”.

Miedo al futuro

Los drones son solo una más de las muchas preocupaciones de una población que teme quedarse sin servicios básicos como la electricidad y el agua. “Anoche los bombardeos fueron muy intensos y se cortó la luz”, recuerda Shirin, una maestra jubilada que teme que “con la prolongación de la guerra, se corte el agua”. Irán es un país que sufre de una gravísima crisis hídrica y medioambiental, producto en parte de la pésima gestión de los recursos hídricos por parte del régimen y del cambio climático. El año pasado, “sin guerra”, explica la maestra, ya hubo “problemas de sequía y escasez de agua”. De los 50 acuíferos más sobreexplotados del planeta, 32 están en Irán, según un dato citado en un informe del Real Instituto Elcano.

El régimen iraní mantiene además cortado internet, lo que ha arruinado muchos pequeños negocios que vendían sus productos por internet. Mientras tanto, los bombardeos a bancos y centros de datos hacen temer un colapso financiero. “No sé si me pagarán la pensión los próximos meses”, lamenta Shirin.

Este conflicto ha deteriorado aún más la capacidad de subsistencia de una población ya de por sí vulnerable. Sobre todo los jornaleros y quienes trabajan por cuenta propia. Masoud, el propietario de una papelería en la céntrica calle Fatemi de Teherán, lamenta que ya no puede afrontar el pago del alquiler, cuando la semana que viene se celebra el año nuevo iraní, que caerá el 20 de marzo.

“Todos los comerciantes están en la misma situación”, deplora el hombre. La economía de Irán, golpeada por un durísimo régimen de sanciones y una gestión interna deficiente, se encamina ahora hacia el colapso. Ya antes de la guerra, casi 10 millones de ciudadanos, muchos de clase media, se hundieron en la miseria entre 2011 y 2020, según el Banco Mundial. En solo un año, entre 2020 y 2021, la cifra de pobreza extrema en Irán se duplicó y, para 2023, el 40% de los hogares de Irán vivía ya en la privación, según un centro de investigación del Parlamento iraní.

La prioridad para el régimen ahora es la supervivencia, incluso si mantener cortado internet aboca a más iraníes a la pobreza. Farid, un contable en Isfahán, en el centro de Irán, asegura que el régimen ha cortado el acceso a la red global “para que la voz del pueblo no se escuche”, a pesar de que los ciudadanos se ven obligados por ello a asumir altos costes para usar VPN que solo permiten acceder momentáneamente a internet. Para este sistema político, “las pérdidas económicas, la incomunicación y la presión psicológica de la población nunca han sido importantes”, afirma Farid. Lo importante, prosigue, es “presentar la narrativa oficial de los acontecimientos internos”.

Behboud, un dentista residente en España a quien la guerra pilló en Irán, asegura que no piensa dejar su país. Luego expresa su esperanza de que el conflicto “termine pronto” y que su resultado “sea la libertad para Irán, y no una dictadura herida que se vengue del pueblo indefenso”.

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