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Cómo ha votado Castilla y León desde 1983, municipio a municipio, en mapas y datos

Este domingo están llamados a las urnas los ciudadanos de la comunidad que lleva más tiempo sin cambiar de color político. El PP, solo o con apoyo, se ha mantenido en el poder desde 1987, incluso cuando obtuvo su peor resultado electoral

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La presidencia de Castilla y León es monocolor desde hace 39 años. Desde que la región se constituyó en comunidad autónoma hace 43 años, ha acudido 12 veces a votar sus Cortes autónomas, una historia electoral marcada por la permanencia en el poder del Partido Popular —que ha llegado a gobernar incluso tras recoger sus peores resultados en las urnas— y también con los mandatos largos, de hasta 18 años, de sus presidentes. Estas son algunas claves para entender cómo se vota en la región más extensa de España, que este domingo acude a los colegios en sus segundas elecciones autonómicas convocadas sin unas generales, municipales o europeas de por medio. En el mapa que encabeza esta pieza puede consultar los resultados de cada municipio en todos los comicios desde 1983.

Más de dos millones de electores. Castilla y León es la primera comunidad en extensión (20% del territorio) pero la sexta en población (5% del total). Su censo electoral lo constituyen 2.097.768 personas, de las cuales 180.222 residen en el extranjero, en países como Argentina, Francia y Cuba; la provincia con más población fuera es León (más de 53.000), seguida de Salamanca (35.000). “Sin embargo, la participación de este voto ha sido tradicionalmente muy baja, especialmente desde que se introdujo el sistema del voto rogado en 2011, aunque ahora se ha reformado. Por eso, en la práctica rara vez ha sido decisivo para otorgar un escaño”, explica Víctor Gago Rivas, sociólogo de la Asociación Profesional de Sociología de Castilla y León. En el conjunto de votantes, por grandes grupos de edad el más numeroso es el de las personas de 60 a 64 años, incluidos; el menor, el de quienes tienen de 20 a 24. Hay más votantes mujeres (51,1%) que hombres.

El PP, el ganador más habitual. De los 11 comicios autonómicos que se han celebrado hasta el de este domingo, el PP (con sus actuales siglas, Alianza Popular o Coalición Popular) ha ganado nueve, todos salvo las primeras, de 1983, y las de 2019. Los populares tocaron techo en 2011, cuando Juan Vicente Herrera logró el 51,4% de los votos y 53 escaños. Su peor resultado lo registraron en 2019, ya con Alfonso Fernández Mañueco, cuando se quedaron solo en 29, pero a pesar de eso gobernaron, con el apoyo de Ciudadanos.

Una comunidad casi siempre monocolor. Castilla y León es la comunidad autónoma donde lleva gobernando un mismo partido, ininterrumpidamente, desde hace más tiempo. Tras la llegada al poder de José María Aznar en 1987, la presidencia de la región ha recaído siempre en políticos populares. “Castilla y León es el caso más paradigmático de lealtad electoral hacia un partido”, destaca Álvaro Sánchez García, investigador en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC). Desde 2015, con los nuevos partidos, el panorama de las Cortes autonómicas se ha enriquecido con las nuevas formaciones nacionales y partidos localistas. Los populares han gobernado con comodidad desde 1987, salvo a partir de 2019, cuando necesitaron primero incorporar al Gobierno a Ciudadanos (hasta 2021) y, luego, en 2022, en la última legislatura, a Vox, que salió del Ejecutivo por decisión unilateral en 2024.

El PSOE, la excepción en los gobiernos autonómicos. Los socialistas ganaron las elecciones de la recién estrenada autonomía en 1983, su mejor registro hasta la fecha, con el candidato Demetrio Madrid, a quien respaldaban el 44% de los votos y 42 de los 84 procuradores de las Cortes. Sin embargo, solo gobernó tres años: tras ser procesado por la supuesta venta ilegal de una empresa suya, dimitió. Luego, ya fuera del cargo, resultó absuelto. Los socialistas volvieron a ser la fuerza más votada en 2019 con Luis Tudanca, cuando consiguieron 35 escaños frente a 29 del Partido Popular de Mañueco, que resultó finalmente investido con el apoyo de los 12 procuradores de Ciudadanos.

Presidencias muy largas. Tras la salida abrupta de Demetrio Madrid del poder y de José María Aznar después de solo dos años, la política en Castilla y León se ha caracterizado por presidencias muy largas. Juan José Lucas ocupó 10 años el cargo (dimitió para ser ministro de Presidencia con Aznar); su sucesor, Juan Vicente Herrera, 18; y el presidente actual, Alfonso Fernández Mañueco, superará los 7 en julio si revalida el cargo.

65% de media de participación. En Castilla y León, como ocurre en general en España, los ciudadanos acuden más a votar en elecciones generales que en europeas. Las autonómicas se quedan en un punto intermedio: si las generales rondan el 70% de participación, las regionales, alrededor del 65%, y las europeas, del 45%. En los últimos comicios autonómicos (2022), que, junto a los de ahora, son los únicos convocados en solitario —sin coincidir con otras elecciones—, acudieron a las urnas el 63,44% de los votantes castellanos y leoneses.

El coste de un escaño. En esta convocatoria se escogerán 82 escaños, uno más que en las anteriores por la subida de la población de Segovia. El Estatuto de la comunidad asigna a cada provincia un número mínimo de tres procuradores —el nombre que designa en la comunidad a sus diputados autonómicos—, a los que se añade uno más por cada 45.000 habitantes o fracción superior a 22.500. Por circunscripciones, Valladolid elige a 15, León a 13, Burgos a 11, Salamanca a 10, Ávila, Palencia, Zamora y Segovia a siete cada una; y Soria, a cinco. Junto con la Comunidad de Madrid, es la única región que no fija un número máximo o mínimo de escaños, sino que dependen de la población existente. Por esas oscilaciones, desde el inicio de la autonomía, “León ha perdido dos escaños, Salamanca y Zamora, uno cada una, y Valladolid y Segovia han ganado representación”, explica Rubén Cuéllar, politólogo e investigador doctor de la Universidad de Salamanca. “Si una provincia pierde población y con ello un procurador, ese escaño no se transfiere a otra provincia; se pierde, y la Cámara se reduce: es un espejo institucional de la despoblación”, explica. El sistema electoral sobrerrepresenta los votos de la provincia de Soria, pero también de Ávila, Zamora y Palencia, e infrarrepresenta los de Valladolid y León.

Cada provincia es casi un mundo. Desde 1983 Ávila, Segovia y Salamanca han estado en general más escoradas a la derecha que León y Valladolid, donde el voto ha oscilado más en el arco ideológico. El politólogo Sánchez García apunta a tres factores que pueden explicar esta diferencia entre provincias. “El primero, la división rural-urbana: en la evolución del voto en Castilla y León, en autonómicas o generales, el PP ha rendido especialmente bien en las zonas rurales, pero las ciudades han sido bastiones más importantes para el PSOE, quizá con las notorias excepciones de Ávila y Salamanca. El segundo, la distribución del tejido productivo: tradicionalmente el PSOE ha sido especialmente fuerte en la cuenca minera de León o las zonas industriales de la provincia de Burgos, pero en las zonas más agrícolas, el PP ha encontrado mayor sintonía y será interesante ver cómo se resuelve en ellas la disputa entre PP y Vox por el acuerdo de la UE con Mercosur. La tercera, la despoblación; según una investigación, en los municipios que se despoblaron, el voto al PP fue mayor, pero en aquellos lugares que se enfrentaban a situaciones extremas de despoblación, era Vox quien capitalizaba el descontento”.

Poco sentimiento de pertenencia. Según datos preliminares de una encuesta del proyecto de investigación Polgeo, dirigido por investigadores del CEPC, Castilla y León es la comunidad donde el sentimiento de identificación regional aparece más débil entre los encuestados, por delante de Extremadura, que presenta el segundo nivel más bajo. Un estudio de 2018 cifraba en el 43% de los encuestados los que se consideraban sobre todo “castellano y leoneses”, un 29% más castellanos solo y un 9%, más leoneses. Además, junto a los castellano-manchegos y madrileños, los de Castilla y León son los ciudadanos que más responden “me siento únicamente español” y no también de su región, cuando les pregunta el CIS. “Provincias como Ávila y Segovia se identifican principalmente como castellanas y la de León, como principalmente leonesa”. Para entenderlo, apunta Sánchez García, “tenemos que acudir a los orígenes institucionales de la autonomía, donde el Reino de León quería una autonomía propia y la provincia Segovia quería anexionarse a Madrid. Parece el destino lógico del proyecto, acusado por algunos de ser una unión autonómica artificial, y que empezaba ya en 1983 fragmentado”, explica. A eso se añade, según el politólogo, la extensión de la tercera región más extensa de toda la UE, mayor que todo Portugal, aunque apunta que los problemas comunes, como la despoblación, puede que terminen reforzando ese sentimiento de pertenencia.

Muchos municipios, muy pequeños. Castilla y León es la comunidad con más provincias y municipios de España. Las provincias españolas tienen, de media, 162 municipios; todas las castellanas y leonesas superan, e incluso duplican, esa cifra. Además, la mayoría son muy pequeños: de los 2.248, solo 60 superan los 5.000 habitantes. “Un mayor número de municipios implica un mayor número de ayuntamientos y, a día de hoy, los únicos partidos que tienen la implantación territorial como para poder llegar a la mayoría de ellos son PP y PSOE. Que estos partidos estén presentes en los ayuntamientos puede hacer que los ciudadanos conozcan más a estos partidos, lo que proponen, así como sentir que se preocupan más por su municipio”. Pero esto no expulsa del todo a las formaciones más minoritarias porque “su efecto es limitado y con el avance de las redes sociales y medios de comunicación hoy en día el mensaje de los partidos políticos se difunde con mayor facilidad”. Con todo, los partidos nacionales más pequeños, “sin red local, pueden movilizar voto en elecciones generales, pero sostenerlo en autonómicas y municipales es otra historia”, matiza Cuéllar.

Lo rural versus lo urbano. En los comicios suele registrarse una diferencia entre el comportamiento electoral de las ciudades y el de las provincias. “Las capitales de provincia y los municipios más grandes suelen ser más competitivos y con mayor presencia de voto de izquierda. Este caso es especialmente evidente en Valladolid. Hay algunas excepciones a esto, especialmente en la provincia de León, con la presencia de antiguas zonas mineras con un comportamiento claramente distinto”, destaca Gago. Pero advierte que el voto regionalista, especialmente a la UPL y Soria ¡YA!, “está transformando esto, pues obtienen su principal apoyo en la capital de provincia”.

Ascensos meteóricos y caídas estrepitosas. Castilla y León ha pasado de ser uno de los sistemas autonómicos más estables de España a uno de los más fragmentados. En lo que va de siglo, la mayor irrupción en el Parlamento la protagonizó Podemos en 2015, en el que entró directamente con 10 escaños (ahora solo tiene uno). Ciudadanos consiguió 5, que subieron a 12 en 2019, año en que entraron en el Ejecutivo de Mañueco, pero en 2022 se descalabraron y su representación quedó en 1 solo escaño. Vox protagonizó un ascenso espectacular, pasando de solo 1 diputado en 2019 a los 13 con que cuenta ahora. Entre los partidos más pequeños, UPL ha tenido presencia constante desde 1995, con entre 1 y 3 diputados (3 tiene ahora), Soria ¡YA! irrumpió con 3 escaños en 2022 y Por Ávila ha contado con un solo diputado en las dos últimas legislaturas. IU llegó a tener 5 diputados en 1995 y en los últimos comicios solo obtuvo uno, integrado en Unidas Podemos. En los comicios de este domingo, Podemos e IU concurren por separado.

El peso creciente del partido leonesista y de los provincialistas. En Castilla y León tres partidos tienen grupo parlamentario: PP, PSOE y Vox, que entró por primera vez en un gobierno autonómico en Castilla y León (en 2022), pero también tienen escaño otros grupos más pequeños, provincialistas o regionalistas. Es la única comunidad donde un partido que pide la escisión de la comunidad tiene presencia parlamentaria, los regionalistas de Unión del Pueblo Leonés (UPL), que cuentan con 3 procuradores. Además, está presente en la Cámara ¡Soria, YA! (3 procuradores) y Por Ávila (1). El investigador Cuéllar apunta que Soria ¡YA! llevaba años denunciando el abandono del medio rural y que el movimiento que lo sustenta “trabajó desde la sociedad civil” hasta que se produjo, como resultado, “el salto electoral”. Ideológicamente, los votantes de UPL y Soria ¡YA! se ubican en el centro aunque ligeramente a la izquierda, mientras que Por Ávila se ubica a la derecha; este partido es una escisión del PP provincial en 2019. “Son partidos que reúnen a votantes ideológicamente más moderados que los partidos nacionales”.

Comportamiento similar a Extremadura y Castilla-La Mancha. Con estas comunidades, Castilla y León comparte la presencia de “un partido históricamente predominante y la acumulación del voto general en PP y PSOE”, señala Cuéllar. El bipartidismo “nunca ha bajado del 61% y, atendiendo a las encuestas, este 15-M debería sumar el 65%”. En 2011 PP y PSOE sumaron el 88% del voto válido y nada menos que el 98% de los escaños. Esta prevalencia del bipartidismo durante tanto tiempo deriva de que los partidos nuevos, Podemos y Ciudadanos, cosecharon en su momento porcentajes en las zonas rurales muy por debajo de las urbanas, y también una resistencia del voto tradicional, gracias a la implantación territorial de los grandes partidos pero también por el envejecimiento de la población. “La gente mayor presenta una mayor fidelidad por los partidos ‘de toda la vida’ que por la novedad”, ilustra Cuéllar.

No hay un ‘Ohio castellano y leonés’. A la hora de seguir las elecciones, “no existe un termómetro consolidado para extrapolar tendencias como Ohio en Estados Unidos o Aragón en España. Lo más destacable será ver cómo en los primeros tramos del escrutinio apreciaremos una sobreestimación del voto a PP y Vox. Por lo general, los colegios electorales que terminan antes con el escrutinio son los más pequeños y, normalmente rurales, precisamente donde mejores resultados cosechan estos partidos”, ilustra Sánchez García. Con todo, para Cuéllar este domingo hay que estar atentos en especial a estas circunscripciones y posibles resultados:

Valladolid y Burgos. “Valladolid es el termómetro de la Castilla más urbana y el único sitio donde se espera que el espacio a la izquierda del PSOE pueda obtener representación. Además, es la puerta a las Cortes de los partidos pequeños, pues presenta el umbral electoral efectivo más bajo de todas las circunscripciones”, explica Sánchez García. “Suele ser bastante indicativo observar los resultados en capitales de provincia como Valladolid o Burgos, pero al ser municipios grandes son los ultimos que entran al recuento electoral. Si la izquierda obtiene allí resultados muy fuertes, normalmente anticipa una elección más abierta”, añade Gago.

León. “La plaza fuerte del PSOE y de UPL, aunque no es inexpugnable. Los resultados permitirán ver la tendencia del PSOE en la provincia de esta región histórica y el avance del leonesismo como opción política, tras dos elecciones consecutivas mejorando resultados”, ilustra Sánchez García. En Zamora y Salamanca, provincias del Reino de León, es presumible que el leonesismo sea “electoralmente testimonial”.

Soria. “Los resultados de ¡Soria YA! serán un medidor del estado de las candidaturas de la España Vaciada (que deben compararse con los obtenidos por Teruel-Aragón Existe en las últimas elecciones de febrero). Además, es la provincia del candidato a la presidencia de la Junta del PSOE y se podrá observar si el alcalde de la capital arrastra voto de la provincia para unas elecciones autonómicas”.

Palencia, Salamanca y Zamora. “El termómetro rural sin candidatura localista. Prestaría especial atención a la batalla de las derechas por el dominio electoral del ámbito rural”.

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