La UE se prepara para dar un portazo a Trump y aferrarse al multilateralismo
Los líderes europeos debaten este jueves en Bruselas cómo contener los precios de la energía, disparados por la guerra de Irán

Frente al desorden internacional creado por el estadounidense Donald Trump, la Unión Europea se aferra al multilateralismo. Pese a aquellas voces que dan por muerto el orden mundial basado en reglas, los 27 países de la UE coinciden en que es la única salida y solución en un tablero geopolítico mundial cada vez más convulso y marcado por la pugna de las dos superpotencias globales: EE UU y China. A medida que la guerra de EE UU e Israel contra Irán se amplía y se extiende por Oriente Próximo, la UE ha dado un sonoro portazo a Trump y a sus exigencias de que Europa se involucre en el conflicto.
En un Consejo Europeo en Bruselas muy marcado, de nuevo, por los movimientos en la Casa Blanca, los líderes de los Veintisiete buscan soluciones para contener los precios de la energía —que se han disparado de nuevo por el cierre del estrecho de Ormuz— y tratan de dar con la palanca de presión adecuada para que Viktor Orbán cumpla su promesa y permita un préstamo multimillonario para mantener a flote a Ucrania frente al invasor ruso.
La cumbre europea de este jueves iba a tratar de competitividad, de cómo aumentar la productividad de Europa y frenar su desindustrialización frente a Washington y Pekín. Pero, de nuevo, los movimientos de Trump y su volátil y agresiva política internacional han marcado la agenda de Europa.
Tras unos primeros días, después del ataque a Irán, más sumidos en el apaciguamiento y en la falta de crítica (salvo España y otros pocos con menor contundencia), los europeos han ido despertando a la realidad de las consecuencias que la guerra tiene para Europa: desde los temores a una nueva oleada migratoria a los problemas de seguridad, y, como ya está sucediendo, la escalada de precios de la energía. Los Veintisiete debatirán este jueves nuevas soluciones para abordar un problema que también es global, pero para el que pueden tener cierto margen de maniobra. Algunos países reclaman que se bajen los impuestos a la energía y se subsidie a las industrias intensivas; otros que se flexibilice de nuevo el sistema de comercio de emisiones de carbono.
La Comisión, por ahora, da muestras de buscar un equilibrio entre todos. Parece que flexibilizará algo el mecanismo de derecho de emisiones, pero no tanto como querría Italia o Alemania. En cambio, sí que apuesta fuerte por bajar los impuestos a la generación eléctrica. “Los impuestos energéticos, en muchos Estados miembros, pueden ser más racionales”, explicaba este miércoles el comisario de Energía, Dan Jorgensen, en conversación con un grupo de medios europeos, entre ellos EL PAÍS. “Y es una de las cosas que podemos hacer a corto plazo. Mañana si hay voluntad en un Estado miembro”.
El Ejecutivo de la UE insiste mucho esta vez que esta crisis energética no es como la de 2022, que entonces hubo un verdadero problema de suministro con el gas natural y que los precios de este combustible ahora está mucho más abajo que entonces pese al shock. Por eso se insiste en que las soluciones y medidas que se adopten en este campo, no deben desviar a la UE del objetivo de reducir al máximo su dependencia de los combustibles fósiles: las renovables utilizar una materia prima inacabable y no sujeta a vaivenes geopolíticos; el gas y el petróleo están ubicados en auténticos polvorines geoestrategicos.
Europa teme también que la guerra de Irán haga que el foco social y político olvide la guerra de Rusia contra Ucrania, que ya ha cumplido su cuarto aniversario, y anime a algunos a mirar, de nuevo, al Kremlin de Moscú en busca de tratos energéticos. “Como si no se hubiera aprendido nada tras la invasión a gran escala sobre el chantaje ruso a costa de su petróleo y su gas”, señala una fuente diplomática.
El jueves, tras lo que algunos en Bruselas consideran un “patinazo” de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que en un discurso la semana pasada (que luego tuvo que matizar) parecía certificar la defunción de orden internacional basado en reglas, o al menos su validez para Europa, los Veintisiete darán un claro respaldo al multilateralismo. “Ante los desafíos que enfrentan el multilateralismo y el derecho internacional, la Unión Europea está firmemente comprometida con el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y las normas y principios que consagra, en particular los de soberanía e integridad territorial, independencia política y libre determinación”, dice el borrador de las conclusiones del Consejo Europeo, al que ha tenido acceso este diario.
Aunque desde ciertos países vuelve a deplorarse la falta de garra, de un posicionamiento firme o crítico en cuestiones como los bombardeos israelíes en Líbano o el propio conflicto global creado por los ataques iniciales unilaterales de Estados Unidos e Israel contra Irán —Washington y Tel Aviv ni siquiera son explícitamente mencionados en las conclusiones finales—, hay un sentimiento generalizado de que la posición europea constituye un respaldo firme, o todo lo firme posible siendo 27 países con intereses muy diversos, al multilateralismo tan vapuleado por Trump.
No es ya solo el párrafo dedicado específicamente al multilateralismo, sino el hecho mismo de que los líderes europeos se sentarán a discutir durante un almuerzo de trabajo con el secretario general de la ONU, António Guterres. Aunque la cita estaba programada desde antes de que comenzara el nuevo conflicto en Oriente Próximo, esta sirve para “enviar una señala fuerte de apoyo al Estado de derecho y el multilateralismo”, coinciden fuentes diplomáticas de diversos países.
Que no es poco, insisten, vistas las posiciones tan diversas frente a Estados Unidos e Israel: desde las declaraciones duras desde el principio de España con su “no a la guerra” al “no es momento de sermonear a nuestros aliados” de una Alemania que, desde entonces sin embargo, también ha endurecido su posición hasta declarar, esta misma semana, que “no es la guerra de Europa”. Pasando por las capitales para las que sigue siendo un tabú absoluto criticar lo mínimo a Trump o a Benjamín Netanyahu.
“Lo que está en las conclusiones es el punto de consenso, no hubo consenso para ir más allá”, reconoce un diplomático de uno de los países que hubiera deseado un lenguaje más contundente. Pero no es algo nuevo, recuerda, ya pasó con Gaza. “Estas conclusiones representan un punto de consenso con la situación en estos momentos y es lo que hay”.
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