Ir al contenido
_
_
_
_

‘Bye bye’, (calle) Lenin: Alemania debate eliminar los restos del callejero comunista

La comisionada federal para las víctimas de la RDA impulsa los cambios de nombres asociados al régimen que cayó en 1989

Retirada de un monumento a Lenin, en Berlín el 10 de septiembre de 2015.picture alliance (picture alliance via Getty Images)

Ya solo queda un puñado, un número impreciso de calles y plazas con nombres asociados al régimen comunista de la República Democrática Alemana (RDA). Casi cuatro décadas después de la caída del Muro de Berlín en 1989, en Alemania se plantean qué hacer con ellas.

La mayoría de nombres cambiaron al desaparecer definitivamente la RDA en 1990 y tras la reunificación con la República Federal de Alemania (RFA). Ahora Evelyn Zupke, la comisionada del Bundestag (el Parlamento alemán) para las víctimas de la dictadura del Partido Socialista Unificado (SED, por sus siglas alemanas), se ha propuesto acabar con estos últimos vestigios. Zupke impulsa una iniciativa para, primero, hacer un inventario de estas calles todavía dedicadas, por ejemplo, a Wilhelm Pieck, el primer presidente de la RDA, o a Lenin, el líder de la revolución rusa. Y, después, convencer a las autoridades municipales, responsables del callejero, de que las rebauticen.

“Los nombres de calles tienen una función simbólica social importante. Sirven para honrar a personas o instituciones y al mismo tiempo expresan valores compartidos de una comunidad. No son, respecto a los valores, un libro de historia neutral que se limite a reflejar el pasado”, argumenta Zupke, quien fue opositora a la dictadura germano-oriental. “En nuestras sociedades democráticas”, añade, “no deberíamos conceder este tipo de reconocimiento a los actores que legitimaron o impusieron la injusticia en una dictadura”.

Del nazismo se borró el rastro en el espacio público después de la derrota de la Alemania hitleriana en 1945, pero el derrumbe del bloque soviético fue un momento más ambiguo. Aunque cambiaron la mayoría de nombres y se retiraron los monumentos, algo quedó. Una Leninstrasse [calle de Lenin] aquí; una calle de la DSF [Sociedad para la Amistad Germano-Soviética] allá. Principalmente en municipios de la antigua RDA, donde a menudo la mirada sobre la dictadura comunista es más benévola que en el resto del país. Y donde el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) es hegemónico, y está arraigado en las señas de identidad de la Alemania Oriental (y el callejero puede ser una de estas señas).

Zupke, la comisionada federal, carece de informaciones fiables sobre las calles problemáticas y su número exacto, pero cuenta que el callejero todavía homenajea a figuras del régimen como Wilhelm Pieck, el ex primer ministro Otto Grotewohl o el exjefe de la policía Kurt Fischer. El diario Bild decía en diciembre que Vladímir Ilich Lenin tiene “una docena” de calles.

El historiador Martin Sabrow cree que hay casos, como el de Lenin, en los que la decisión debería ser clara. “No fue responsable del estalinismo, pero contribuyó a prepararlo. Fue un dictador violento. En este sentido, creo que Leninstrasse es realmente ofensivo”, declaró a la cadena pública MDR. Pero hay otros casos más complejos, según Sabrow. Menciona, entre otros, a Ernst Thälmann, “un pionero del KPD [Partido Comunista Alemán] durante la República de Weimar y adversario de la democracia, pero más tarde víctima del terror nacionalsocialista”. ¿Qué hacer con Thälmann? ¿Y con la “Amistad Germano-Soviética”?

No hay duda, para Zupke, de que calles como Leninstraße o Wilhelm-Pieck-Straße deben rebautizarse, y a ser posible sustituirse por “contrapropuestas positivas” y “reforzar en el espacio público el reconocimiento de las víctimas de la dictadura del SED”. La clave debería ser “si el nombre de una calle hiere los sentimientos de las víctimas”, dice.

En un correo electrónico, la comisionada argumenta: “Cuando personas que sufrieron bajo la dictadura del SED pasan a diario por delante de direcciones que llevan el nombre de sus torturadores, de los pilares ideológicos del sistema o de conceptos propagandísticos característicos, esto supone un desprecio continuo hacia su sufrimiento y su biografía”.

Debido a las convulsiones del siglo XX, en Alemania estos debates tienen tradición. Maoz Azaryahu, profesor de geografía cultural en la Universidad de Haifa, en Israel, y especialista en la cuestión, ha explicado en sus investigaciones cómo, tras la caída del nazismo, se plantearon dos enfoques distintos. En la parte del país ocupada por las potencias occidentales, se eliminaron los nombres nazis pero se recuperaron o mantuvieron nombres de la época anterior, la de la monarquía. Por eso en el antiguo Berlín Occidental hay vías dedicadas a la dinastía de los Hohenzollern o a Otto von Bismarck. En el sector soviético, el corte fue radical: con el nazismo y con todo lo relacionado con Prusia, el militarismo y la era imperial.

Cuenta el geógrafo israelí que, al caer el Muro, hubo de nuevo un debate. Esta vez entre quienes querían cambiar cualquier calle relacionada con el antiguo régimen y quienes abogaban por distinguir según el grado de implicación de cada personaje. En Berlín desaparecieron las calles dedicadas a Lenin o a jerarcas del régimen; en cambio se mantuvo la plaza de la socialista Rosa Luxemburgo, cosa que hoy nadie discute. También se mantuvieron los relieves con citas de Stalin en el memorial al soldado soviético en el parque de Treptow. En los últimos años se han cambiado nombres de calles céntricas por estar asociados al pasado colonial.

“En los nombres de calle conmemorativos (como otros nombres de lugares) confluyen la historia y la geografía, y fusionan el pasado que conmemoran con los lugares cotidianos de la vida humana”, escribe Azaryahu en un artículo titulado La reunificación alemana y la política de los nombres de las calles.

Hay ecos alemanes en el debate español sobre la memoria histórica y los rastros del franquismo en el espacio público. “En Alemania”, observa Evelyn Zupke, “como en España, no se trata de borrar la historia, sino de reflexionar sobre ella, de tomar conciencia y de decidir a quién queremos tener como modelos para el futuro”.

Es un debate europeo, pero también muy local. Fueron intensas, por ejemplo, las discusiones estos últimos meses en Jerichow, pueblo de 6.800 habitantes en el land germano-oriental de Sajonia-Anhalt. Hasta 40 calles debían cambiar de nombre, no todas relacionadas con la RDA, aunque entre ellas constaba una Leninstraße, según informó el diario regional Volkstimme. Y siempre es un engorro cambiar las direcciones postales. Una iniciativa popular intentó frenarlo, sin éxito. ¿Los impulsores de la iniciativa? La rama local de AfD.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_