Hezbolá se atrinchera en el sur de Líbano para combatir al ejército israelí
La milicia proiraní, parcialmente recompuesta tras la guerra de 2024, libra una batalla existencial contra el Gobierno de Netanyahu que promete nuevamente su fin


La organización libanesa Hezbolá se prepara para iniciar una guerra de guerrilla contra el ejército israelí, que amplia entre bombardeos su ocupación terrestre del sur de Líbano. El Gobierno de Benjamín Netanyahu, que hace dos semanas inició junto a Estados Unidos una guerra contra Irán, ha asegurado que la ofensiva contra el grupo proiraní será la definitiva tras dejar el trabajo sin resolver durante ofensivas anteriores. El brazo armado de Hezbolá, el mayor actor político y militar de Líbano desde hace lustros, se adentra en una guerra agónica sin más aspiración que su supervivencia y la de la República Islámica que lo sostiene.
El ejército israelí, cuya ofensiva en Líbano ha matado a 912 personas y ha desplazado forzosamente a un millón, ha anunciado este martes la incorporación de una segunda división militar a las maniobras “limitadas y selectivas” al otro lado de la frontera, bajo la premisa de diezmar a Hezbolá. Es la fase inicial de una expansión que podría adentrarse hasta 30 kilómetros dentro de territorio libanés, como sugirió el lunes el ministro de Defensa Israel Katz, al plantearse como objetivo el vacío de Líbano hasta el río Litani. Israel defiende la ocupación de una franja fronteriza para convertirla en una zona de seguridad y alejar a Hezbolá, protegiendo al norte de Israel.
La propagación de los uniformados israelíes es un arma de doble filo. Con los pies en el suelo, y lejos del cielo desde donde la aviación israelí atesora una superioridad apabullante, los soldados se enfrentarán a los milicianos de Hezbolá, de quienes se destaca la alta voluntad de combate, y cuya estrategia pasa por provocar la invasión para llevar los enfrentamientos al cuerpo a cuerpo. Así lo ve Hassan Jouni, general retirado del ejército libanés, quien anticipa que la milicia luchará sin una línea de frente clara, lo que puede complicar la estabilización de la ocupación israelí.
Ruslan Trad, investigador no residente en el Laboratorio de Investigación Forense Digital del Consejo Atlántico, coincide: “Hezbolá no puede igualar la potencia de fuego del ejército israelí, pero puede desangrarlo”. El objetivo del grupo, señala, no es una victoria militar convencional. “Si puede sostenerse como organización, provocar bajas y prolongar el conflicto, la presión doméstica e internacional sobre Israel pueden llevar a la retirada”.

Esa estrategia ha permitido a Hezbolá reivindicar victorias no convencionales en el pasado. Lo hizo en 2024 durante el retorno a unas comunidades devastadas por el ejército israelí, que no se retiró por completo. También en 2006, cuando celebró como “victoria divina” la desaparición de los invasores tras unas hostilidades que mataron a más de un millar de personas en Líbano. O en 2000, cuando Israel terminó dos décadas de ocupación —en las que controló hasta el Litani y llegó a Beirut— que causaron estragos.
Aquello provocó en 1982, y a rebufo de la Revolución Islámica de Irán, el nacimiento de Hezbolá, un grupo chií fundamentado en la oposición a Israel. Los seguidores de la organización —que funciona en algunas zonas como una suerte de Estado, con escuelas, hospitales y una cierta asistencia social ante la ausencia del Gobierno— ven a Israel como una entidad ilegítima y predispuesta a ampliar sus fronteras, aunque los miembros de las demás comunidades religiosas en Líbano lo ven como el pretexto para retener el arsenal, como hizo al final de la guerra civil en 1990. Entonces, las formaciones políticas del resto de sectas se desarmaron y Beirut permitió la excepción de Hezbolá, ante la amenaza que suponía la ocupación israelí.
Una guerra inevitable
La ofensiva contra Irán precipitó una guerra que el Gobierno de Netanyahu y el grupo proiraní veían inevitable. Israel quiere asestar el golpe definitivo contra la milicia que le ha iniciado un segundo frente bélico en tres años. Y quiere hacerlo por su cuenta, al considerar que Beirut ha faltado a sus obligaciones desde 2006, cuando la resolución 1701 del Consejo de Seguridad le exigió desarmar a la milicia, algo a lo que no se comprometió públicamente hasta 2025.
Los milicianos, a quienes Hezbolá ofrece un sueldo y el compromiso de mantener a sus familias tras su muerte, actúan en defensa de Irán, pero también tras las humillaciones sufridas durante la tregua de 2024. Mientras los libaneses la respetaron, Israel mantuvo una campaña militar que mató a 397 personas —un tercio, civiles desarmados— y que en Líbano se percibió que buscaba la respuesta de Hezbolá.
Israel calculó que la milicia estaba gravemente mermado y que el cambio de Gobierno en Siria había impedido la reposición desde Irán de dinero y armas. Pero los 100 proyectiles diarios que está disparando contra Israel este marzo —según fuentes castrenses citadas por el diario israelí Times of Israel— demuestra que la organización se fortaleció bajo los bombardeos, tal y como Israel denunció sin demostrarlo para justificar sus ataques.
Alma, un centro israelí que investiga los retos de seguridad del norte de Israel, cree que Hezbolá llegó a la tregua con 25.000 cohetes y misiles tras disparar tres veces más que eso desde 2023. El arsenal podría ser mayor. Jouni, el general retirado, no descarta que Hezbolá pudiera sustraer los misiles que se encontraban en las bases militares del ejército de su aliado Bashar el Asad durante la caída del régimen.
El investigador Trad señala que Hezbolá ha potenciado la producción local. Pone el ejemplo de los drones, después de que se haya detectado el uso reciente de modelos iraníes. “Irán proporciona los planos, la financiación y algunos componentes, y Hezbolá los ensambla en Líbano”, explica.
El Tesoro de EE UU aseguró en noviembre que las Fuerzas Quds, el brazo de la Guardia Revolucionaria encargada de la relación con sus aliados regionales, “había transferido” 860 millones de euros hacia Hezbolá desde enero, “sobre todo mediante empresas de cambio de divisas”. En paralelo, múltiples fuentes han indicado a Reuters que la organización ha contado con un presupuesto mensual de 44 millones de euros —la mayoría, provenientes de Irán— para prepararse para la siguiente ronda.
Una ocupación de resultado incierto
La ocupación que Israel amplía en Líbano continua un proyecto ininterrumpido desde 2024. Antes de replegarse a cinco enclaves, las tropas destruyeron las aldeas de una franja fronteriza de hasta tres kilómetros, donde Israel alega que Hezbolá camufla sus capacidades. También pavimentó carreteras y niveló pasos fronterizos, lo que sugiere una planificación para permanecer en el área.
Además, Israel centró los bombardeos durante la tregua en los milicianos, lo que se percibe como un intento de reducir la oposición terrestre. Pero la ocupación más reciente y las anteriores demuestran la dificultad de controlar territorios en disputa, “lo que genera un flujo constante de bajas”, señala Trad y recuerda las más de 250 que Israel registró en Líbano hasta 2000.

Tampoco está claro que la toma de territorio garantice la seguridad israelí. Una zona de amortiguación de 10 kilómetros frustraría los misiles antitanque que Hezbolá disparó contra las comunidades fronterizas israelíes en 2024, y que son indetectables para el sistema defensivo israelí. Llegar hasta el Litani no sofocaría las posiciones cercanas a Nabatieh —al norte de ese río—, desde donde la milicia dispara estos días la mayoría de proyectiles. “Hezbolá puede disparar desde Hermel”, dice Jouni, en referencia a un municipio a 150 kilómetros de Israel.
El Gobierno israelí promete una solución militar contra Hezbolá, pero los análisis de Alma concluyen que no existe. Reducen el potencial de la invasión a su “debilitamiento estratégico”, mientras estiman que el fin de su brazo armado requerirá de una presión simultánea a nivel financiero y político.
Lo que sí ve claro ese centro, liderado por una teniente coronel en la reserva, es la necesidad de destruir las infraestructuras de Hezbolá en los suburbios beirutíes. Con alarmante imprecisión, Alma afirma que “casi cada casa” en esa extensión urbana de 22 kilómetros cuadrados “sirve a Hezbolá como sede o lugar de producción y almacenamiento de misiles”. Aunque no se refirió a esos barrios, Katz anticipó el lunes que Israel destruirá capacidades terroristas en el sur de Líbano como antes lo hizo “en Rafah o Beit Hanoun”, hoy reducidos a escombros.
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