Del “estoy dispuesto a hablar” al “no habrá acuerdo sin rendición incondicional”: los bandazos de Trump sobre el fin de la guerra en Irán
El presidente advierte de que la ofensiva seguirá hasta la capitulación total del régimen y la portavoz de la Casa Blanca matiza que esta llegará cuando Teherán “ya no sea una amenaza”


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amaneció este viernes, séptima jornada de la guerra, dio una entrevista a la CNN y después acudió a su red social, Truth, para, como acostumbra, dar un nuevo bandazo en el discurso sobre un conflicto que parece guiado por sus caprichos y centrar la conversación en un Washington que baila cada día irremediablemente a su son. “No habrá acuerdo con Irán salvo rendición incondicional”, escribió en Truth. Y la capital estadounidense y el mundo entero se lanzó a analizar las consecuencias de ese anuncio.
El post también sirvió para retomar la justificación para lanzar la guerra conjunta con Israel que esgrimió el sábado pasado de madrugada, poco después de dar la orden de atacar Irán. Pese a que lo ha desmentido después, con todo esto, Trump lo que persigue es un cambio de régimen, a juzgar por su mensaje del viernes.
“Tras eso [la rendición incondicional], y tras la elección de un líder GRANDE Y ACEPTABLE, nosotros, junto con muchos de nuestros maravillosos y valientes aliados y socios, trabajaremos incansablemente para rescatar a Irán del borde de la destrucción, haciéndolo económicamente más grande, mejor y más fuerte que nunca. IRÁN TENDRÁ UN GRAN FUTURO.“¡HAGAMOS A IRÁN GRANDE DE NUEVO [Make Iran Great Again son sus siglas en inglés]!”,publicó, en un post en el que las mayúsculas son suyas, pasadas las 9.00 (hora de Washington; seis más en la España peninsular).
Horas después, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quiso matizar la idea de la “rendición incondicional” en una breve entrevista en Fox News. El presentador le hizo ver tímidamente que pretender algo así podría suponer un problema con un régimen tan fiero y tan profundamente asentado sobre la sociedad a la que lleva décadas sometiendo a base de terror como el iraní, a lo que Leavitt contestó: “El presidente se refiere a la rendición incondicional cuando, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y líder del mundo libre, determine que Irán ya no puede representar una amenaza para Estados Unidos, nuestras tropas y nuestro personal en Oriente Próximo. Ese es, de nuevo, el objetivo final de la operación Furia Épica”.
Antes, Leavitt había declarado que “la misión última” de esa operación es “garantizar que Irán nunca más pueda poseer de nuevo un arma nuclear. Esa era la verdadera amenaza inminente que representaba Irán”. Lo cierto es que Teherán nunca ha llegado a poseer un arma nuclear, así que sorprendió la propuesta de Leavitt de impedir al país atacado volver a tenerla.
A la espera de una aclaración cabal de lo que quiso decir, lo que Trump afirmó sobre la “rendición incondicional” como condición sine qua non para el final de la guerra supone un cambio de rumbo frente a declaraciones anteriores. El presidente de Estados Unidos le dijo el domingo a un periodista de la revista The Atlantic: “Quieren hablar, y yo he accedido a hacerlo, así que hablaré con ellos. Deberían haberlo hecho antes. Deberían haber dado antes el paso de algo que era muy práctico y fácil de hacer. Esperaron demasiado”.
Complot iraní
Trump, que lleva desde el sábado pasado confiando menos en sus habituales comparecencias ante la prensa de la Casa Blanca y más en las entrevistas telefónicas con periodistas destacados de Washington, también ha vinculado la muerte de Jameneí con una revancha personal, dado que en 2024, las autoridades estadounidenses desarticularon un complot iraní para asesinarlo, y ha enviado el mensaje inequívoco de que quiere participar en la toma de decisión sobre quién será el nuevo líder del régimen iraní.

El republicano le dijo el jueves a la agencia Reuters que aún es muy pronto para reemplazar al ayatolá Jameneí, pero que Mojtaba, su hijo, no le parece ser una opción probable. “Queremos participar en el proceso de elección de la persona que va a liderar Irán en el futuro”, afirmó. “No tenemos que volver cada cinco años y hacer esto una y otra vez (...) Alguien que sea bueno para el pueblo, bueno para el país”.
Estos días, el presidente de Estados Unidos ha recurrido varias veces al ejemplo de Venezuela como un espejo sobre lo que puede pasar en Irán. Trump considera un éxito la operación militar que acabó con Nicolás Maduro capturado, así como la decisión de dejar al frente del país a la que era su vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Según esa lógica, lo que Washington busca en Teherán es la “Delcy iraní”.
Con esa aspiración, las opciones de que Reza Pahlevi, hijo del último sha de Irán, que vive a las afueras de Washington y ha retomado un protagonismo perdido durante décadas, no parecen las mejores. “A algunas personas les cae bien, y no hemos pensado mucho en ello. Me parece que alguien de dentro, quizás, sería más apropiado”, le dijo esta semana Trump a la CNN. Le “parece una persona muy agradable”, añadió, pero busca otra cosa: “Alguien que esté ahí, que sea popular, si es que existe tal persona”.
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