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Estados Unidos se enreda en el porqué de ir a la guerra contra Irán

Rubio sostiene ahora que el presidente decidió que no iban a dejar que “les pegasen primero”. Casi seis de cada diez ciudadanos desaprueban el ataque, según un sondeo de CNN

Donald Trump durante su reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, en Washington, este martes.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Primero fue la necesidad de eliminar el programa nuclear iraní. Después, acabar con el régimen. Más tarde, que neutralizar el programa de misiles. Luego, que Teherán iba a atacar primero y había que adelantarse. Después, que quien iba a atacar primero era Israel e Irán respondería contra objetivos estadounidenses. Este martes, Donald Trump ha ofrecido otra versión sobre la razón de haber lanzado la ofensiva contra la República Islámica: que él pensaba que Irán estaba a punto de atacar; si acaso —dice—, fue él quien arrastró a Israel a combatir.

Atacar Irán “es algo que había que hacer”, sostenía Trump en junto al canciller alemán, Friedrich Merz, en el Despacho Oval. En declaraciones posteriores, su secretario de Estado, Marco Rubio, recogía velas e insistía a los periodistas en el Capitolio: “En resumen, es esto: el presidente decidió que no íbamos a dejar que nos pegasen primero. Es así de simple”. Un día antes, Rubio había desatado una avalancha de indignación entre demócratas y parte de la derecha trumpista al declarar que la ofensiva se lanzó porque Israel iba a atacar a su gran enemigo y Estados Unidos temía ataques de represalia de Irán.

Con una opinión pública muy en contra, el movimiento trumpista dividido sobre el respaldo a la guerra, las primeras bajas en combate, y evacuaciones apresuradas de sus ciudadanos en la zona, la Administración de Trump está encontrando dificultades para presentar un relato coherente sobre el por qué de lanzarse a un conflicto cuyos plazos el presidente alarga cada vez más y que legisladores de la oposición demócrata, analistas o el propio Irán denuncian como una “guerra elegida” e innecesaria.

Las encuestas apuntan a una fuerte oposición entre los votantes a un conflicto con el potencial de convertirse en una más de las “guerras eternas” de Estados Unidos en Oriente Próximo —esas guerras que Trump había prometido evitar en su campaña electoral. Casi seis de cada diez ciudadanos desaprueban la decisión de lanzar una operación militar, según un sondeo que publica la cadena CNN. Otro, para el periódico Washington Post, indica que los opuestos a la intervención suman el 52%, mientras que un 39% la apoya. Entre los demócratas, un 90% condena la operación militar. Entre los independientes, un 60%. Un 80% de los republicanos sí respalda la ofensiva.

“Choca la disparidad entre los éxitos de la operación que estamos viendo sobre el terreno y la falta de claridad sobre lo que queremos conseguir”, apuntaba Elise Ewers, del Consejo de Relaciones Exteriores, en una conversación con periodistas. “¿Queremos eliminar la capacidad de Irán de proyectar poder más allá de sus fronteras? ¿Cambio de régimen? ¿Minimizar su capacidad naval? Todo eso es posible, pero no necesariamente todo es posible en el tiempo que hay, cuando esto está teniendo costes económicos reales, especialmente en el Golfo. Y solo se puede sostener esto durante un tiempo limitado hasta que esos impactos se noten, no solo en los precios del petróleo sino en los seguros de la navegación comercial y otras cosas”.

Después de semanas de no haber presentado un argumento claro mientras amasaba músculo militar en Oriente Próximo, y ante el rechazo de los ciudadanos a la ofensiva, la Administración ha salido en masa a presentar un relato sobre las razones para ir a la guerra. El Pentágono, que no había ofrecido una sola rueda de prensa en lo que va de año, esta semana ha convocado dos (lunes y miércoles). La Casa Blanca ofrecerá otra también este miércoles. El equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca en pleno se desplazaba este martes al Congreso para reunirse a puerta cerrada con congresistas y senadores, encabezado por el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, Marco Rubio.

El propio Trump también se ha prodigado. Este martes, respondía a preguntas de la prensa en el Despacho Oval durante una reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, un formato que había caído en desuso este año. Un día antes, hacía una declaración sobre la ofensiva durante una ceremonia en el Despacho Oval. Desde el comienzo de los ataques el sábado, ha ofrecido una avalancha de declaraciones telefónicas, casi una veintena a otros tantos medios, con comentarios en muchos casos divergentes.

El mensaje debía ser que la ofensiva estaba justificada por el peligro que representaba Irán, que es limitada en sus objetivos y en su duración, y que no choca con la plataforma trumpista del “Estados Unidos primero”. Pero una declaración de Marco Rubio el martes terminó de poner en evidencia las contradicciones. En una comparecencia ante los principales legisladores de los dos partidos en el Congreso el lunes, el secretario de Estado hacía una declaración inédita: “Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso iba a precipitar un ataque contra fuerzas estadounidenses, y sabíamos que si no íbamos a por ellos de manera preventiva antes de que lanzasen esos ataques, sufriríamos más bajas”.

La oposición se lanzó a la yugular. “No había una amenaza inminente de Irán contra Estados Unidos. Había una amenaza a Israel. Y si empezamos a considerar una amenaza contra Israel equivalente a una amenaza contra Estados Unidos, entramos en terreno desconocido”, clamaba el senador demócrata Mark Warner. “Creo que el secretario Rubio ha dicho la verdad sin querer, que esto lo lideró Benjamín Netanyahu y ahora estamos inmersos en un gran conflicto”, apuntaba su colega de bancada Angus King.

Incluso entre los incondicionales de Trump, el mundo MAGA, cundían las críticas: “Nos está diciendo que estamos en una guerra con Irán porque Irán nos obligó. Básicamente, esto es lo peor que podría haber dicho”, tuiteaba el comentarista de la derecha más conservadora Matt Walsh.

Incluso el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, reaccionaba desde las redes sociales: “El señor Rubio ha admitido lo que sabíamos todos, que Estados Unidos ha entrado en una guerra elegida en nombre de Israel. Nunca hubo esa supuesta amenaza iraní”, escribía.

Un Trump con la mosca tras la oreja —se despachó a críticas contra dos aliados europeos, España y el Reino Unido— corregía al jefe de su diplomacia el martes: “Yo creía que ellos iban a atacar primero y no quería que eso ocurriese. Así que, en cualquier caso, fui yo quien obligó a Irán… estábamos negociando con esos lunáticos, y mi opinión es que [Irán] iba a atacar primero”.

En su nueva comparecencia ante los medios en el Capitolio, Rubio intentaba acallar la polémica, sin aparente éxito, y negaba haber atribuido a Israel la atención de atacar. “Me preguntaron muy específicamente: ¿empezamos la ofensiva por Israel? Y yo contesté que era necesario atacar de todos modos”.

En una llamada con periodistas, dos altos cargos de la Administración de Trump describieron los acontecimientos en vísperas del lanzamiento de la operación Furia Épica, incluidas las rondas de conversaciones sobre el programa nuclear iraní celebradas en Ginebra entre Araghchi y los enviados estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, bajo la mediación de Omán.

Estas fuentes indicaron que los dos representantes estadounidenses presionaron continuamente a Irán para que renunciara a enriquecer uranio. Pero la oferta de Teherán permitía a ese país enriquecer uranio en una instalación en las cercanías de la capital. “No estaban dispuestos a renunciar a los elementos básicos que necesitaban mantener para lograr una bomba” nuclear, sostuvo uno de los altos cargos. “Se retorcían tratando de explicar por qué enriquecer [uranio] era su derecho soberano y el orgullo de su país, y que habían sacrificado mucho para conseguirlo”.

Los dos enviados informaron a Trump el mismo día que se celebró la última ronda de conversaciones, el jueves, de que sería posible lograr un acuerdo similar al que cerró la Administración de su predecesor Barack Obama en 2015, conocido como JCPOAC, pero harían falta meses. El presidente dio el visto bueno a la ofensiva al día siguiente, el viernes. El sábado comenzaban los ataques.

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