De los tanques a la guerra robótica: la transformación del frente en Ucrania
El campo de batalla se ha convertido en una zona ‘transparente’, poblada por sensores y modernos dispositivos, en la que todo se ve y donde el uso intensivo de drones multiplica las bajas


Los primeros compases de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022, los marcaron las largas columnas de tanques y blindados rusos que pretendían tomar el país en cuestión de días. La línea del frente está ahora estancada, pero el conflicto ha avanzado a gran velocidad en cuatro años: hacia la guerra robótica que se vislumbra en 2026. El campo de batalla está sembrado de sensores que lo hacen transparente, exponiendo al máximo a los soldados, y los drones se han convertido en un arma letal omnipresente en tierra, mar y, sobre todo, aire. En esta guerra moderna en la que los ejércitos compiten por la supremacía tecnológica, el soldado de infantería se lleva la peor parte.
Algunos de los principales hitos del conflicto en Ucrania están ligados al armamento que definió la batalla. La invasión rusa fue la de los tanques, piezas de artillería autopropulsadas y vehículos de combate, como en los conflictos del siglo XX. Las tropas de Kiev los frenaron con ayuda de los misiles antitanque portátiles Javelin, que se convirtieron en un icono. Las lanzaderas de misiles Himars levantaron la moral del país después y dieron impulso a la exitosa contraofensiva del verano de 2022, que permitió a Ucrania recuperar Jersón y otros territorios, también a bordo de vehículos blindados y carros de combate.

La guerra de maniobras dio paso a la de posiciones aquel otoño. Y en la larga y sangrienta batalla de Bajmut, a principios de 2023, los drones Mavic se erigieron ya en la principal herramienta de reconocimiento de los ucranios. “Entonces empezaron a usarse también para lanzar granadas a las trincheras. Eso era una novedad”, explica Vladyslav Urubkov, jefe del departamento militar de la organización de ayuda al ejército Come Back Alive (CBA).
En los nueve meses que duró la ofensiva contra esa ciudad de Donetsk “se extendió el uso de los drones FPV (Vista en Primera Persona, en sus siglas en inglés) y los rusos empezaron a usar las bombas planeadoras KAB”, continúa. Urubkov sirvió en el ejército hasta el verano de ese año en Donbás y ahora va y viene al frente.
Tras la contraofensiva fallida de 2023 y el bloqueo durante cuatro meses de la ayuda militar estadounidense, Ucrania empezó a aumentar la producción de drones FPV. Urubkov sigue con su repaso a los hitos de la guerra en la sede de su organización, custodiada por militares armados. “Teníamos problemas de personal, y en 2024 no logramos frenar el avance ruso de Avdiivka a Pokrovsk. Los drones empezaron a acelerarse y Rusia hizo lo mismo. Ambos bandos teníamos equipamiento de guerra electromagnética, pero el de los rusos era mejor”.
La ofensiva ucrania en la provincia rusa de Kursk, en verano de 2024, trajo otra novedad tecnológica: los primeros drones rusos de fibra óptica, dirigidos por cables e inmunes a la guerra electromagnética. “Por ahora la única protección frente a ellos es instalar redes y dispararles directamente”, afirma Urubkov. Para asegurar la logística, redes kilométricas cubren carreteras cerca del frente, impidiendo que los drones caigan sobre los vehículos.

La guerra se ha convertido en una lucha de alta tecnología. Los drones dominan desde hace tiempo el campo de batalla. La carrera ahora es por la cantidad: “Quien más tenga, tendrá ventaja en el frente”, resumía hace unos días en un encuentro en el Kyiv Security Forum —celebrado en el parking de un hotel para protegerse de los bombardeos— uno de los fundadores de DeepState, una organización que mapea la guerra desde sus inicios.
Según el jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksandr Sirski, ambos bandos usan entre 6.000 y 8.000 drones FPV al día. Los operadores de drones son objetivo prioritario. Moscú tiene un grupo de élite temido en Ucrania, el Rubicon.
En el aire, a larga distancia, Rusia tiene clara superioridad con los misiles balísticos y de crucero, las bombas KAB, cada vez con más alcance, los drones Lancet kamikazes, los Sahed. Los usan no solo en el frente, contra la logística, sino también para destruir en todo el territorio infraestructura energética, militar y, cada vez más, civil. En la madrugada de este domingo, lanzaron 50 misiles y casi 300 drones de ataque de varios tipos contra todo el país.
La artillería sigue siendo esencial y los tanques y otros blindados no han desaparecido —el reto ahora es adaptarlos y protegerlos de los drones—, pero se usan cada vez más vehículos ligeros como buggies y motos. Los rusos ya no intentan aplicar una apertura del frente para una ruptura, sino que aplican tácticas de infiltración con grupos pequeños de soldados.
Y han irrumpido los robots terrestres. “En esto Ucrania va por delante en desarrollo y aplicación”, explican Roman Pohorilyi y Ruslan Mykula, de DeepState. Son clave para la logística y para la evacuación de soldados. Según el Ministerio de Defensa, solo en enero los drones terrestres han llevado a cabo 7.000 misiones.

En la zona letal del campo de batalla, antes los soldados temían sobre todo al fuego de artillería y a las minas. Debían estar vigilantes ante los drones Mavic, que tenían un alcance de unos 10 kilómetros, pero, si el día estaba lluvioso o con niebla, estaban prácticamente descartados.
Ese espacio, sin embargo, se ha convertido ahora en una zona gris cada vez más amplia, a medida que aumenta el alcance de los ubicuos drones, que con fibra óptica puede superar los 40 kilómetros. Ya no hay una línea divisoria clara entre bandos. Ahora se entremezclan en el aire, en la superficie y bajo tierra.
Soldados condenados a las trincheras
Sensores ópticos, térmicos, de radiofrecuencia, radares acústicos, sísmicos y GPS, junto con las señales que emiten los teléfonos móviles. Todos esos dispositivos pueblan ese moderno campo de batalla y lo hacen transparente. Todo se ve, todo se sabe en tiempo real. Y la kill chain, la secuencia que va desde que se detecta un objetivo hasta que se destruye, es cada vez más rápida.

Quien se lleva la peor parte de este desarrollo tecnológico frenético y letal es el soldado de infantería. El ejército ucranio atribuye a los drones entre el 70% y el 80% de las bajas en el frente. Andrii Yvanuk, alias Rezhyser (director), ha servido en los puntos más sangrientos de la contienda, como Pokrovsk, en la 414ª Brigada Independiente de Sistemas de Aviación No Tripulada de Ataque, una unidad móvil de reconocimiento innovadora. Ha visto cómo la vida de estos soldados ha empeorado con cada avance. “Los principales problemas son la logística y la rotación. Hacer llegar los suministros (munición, agua, comida) es como una ruleta rusa: no sabes si alcanzarás la posición. Y es más seguro quedarse en la posición que rotar”, explica.
“La regla principal es sentarse y esconderse”, prosigue Yvanuk. Antes podía haber hasta diez soldados en una misma posición y se relevaban cada dos o tres días. Ahora, en algunos de los sectores más complicados del frente pueden ser uno o dos como mucho y pasar semanas, y hasta meses, sin salir de las trincheras y blindajes subterráneos. Psicológicamente son condiciones insoportables.
“Si sacan la cabeza, se la vuelan”, cuenta Yvanuk, operador de drones de inteligencia. Con el frío, los soldados pueden ser identificados fácilmente con cámaras térmicas. “Cocinar y entrar en calor es muy peligroso. Incluso sentados en la tierra se les puede identificar, porque calientan el terreno”, explica. Pueden pasar días sin poder salir al exterior para hacer cosas básicas: “A veces se acumulan las botellas de pis y las bolsas con caca”.

La función principal de la infantería es oír y ver al enemigo, obtener información y compartirla con las unidades de drones y artillería, que son las que atacan. Pero en medio de ese ecosistema de chips, satélites y cables, esos soldados siguen siendo esenciales: “Donde tenemos infantería, es nuestro territorio”, afirma Yvanuk.
El año 2026 es el de “la guerra 5.0”, como dice Yuri —prefiere no dar su apellido—, que lidera un equipo del Ministerio de Defensa ucranio dedicado a analizar tendencias en defensa y seguridad. “Estamos en una etapa con más sistemas no tripulados que se encamina hacia una fase con sistemas autónomos en distintos dominios”, afirma.
En una cafetería de Kiev, el analista da algunas pinceladas de por dónde irá la robótica, y muestra ejemplos en el móvil. Un vídeo de un dron que con sistemas de aprendizaje automático de inteligencia artificial puede seguir la captura si el operador pierde el control por los elementos de guerra electromagnética. Otro de una operación en la que robots terrestres y drones acorralaron una posición enemiga y capturaron a los soldados.
La búsqueda de soluciones no para, y la superioridad tecnológica va y viene: “Un bando desarrolla interceptores. El otro transforma los drones. Nosotros somos mejores innovando, pero en un régimen autocrático como Rusia es más fácil escalar”, ejemplifica.
Estos días hay una cierta euforia en Ucrania porque dicen que el bloqueo de Starlink —la red de internet por satélite de Elon Musk— a las tropas rusas se está notando en el frente. Algunos le atribuyen que Kiev haya recuperado, según afirman algunos cálculos, unos 200 kilómetros cuadrados, principalmente en Zaporiyia. Yuri no canta victoria sobre Starlink: “Ya se les ocurrirá otra cosa”.

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