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El adiós de Anne Hidalgo en París marca la gran batalla municipal que se librará en Francia en marzo

La alcaldesa de la capital no se presentará a unas elecciones que, a un año de las presidenciales, aportarán pistas sobre la dirección del país y las alianzas de los partidos

La alcaldesa de Paris Anne Hidalgo, fotografiada en su despacho en el ayuntamiento de la capital francesa.Samuel Aranda

Anne Hidalgo (San Fernando, 66 años) aparece sonriente en la antecámara de su gran despacho en la alcaldía de París, a orillas del Sena, donde la ciudad encuentra su principal frontera. Sonriente, saluda uno a uno al grupo de periodistas que ha convocado a comer para despedirse después de 12 años como jefa del Gobierno de la ciudad. “Hola, ¿qué tal estás?”, saluda a EL PAÍS, recordando sus orígenes españoles y la doble nacionalidad que ostenta.

Hidalgo, nacida en una familia que emigró por motivos económicos a Francia en los años sesenta, ha sido alcaldesa de París desde 2014. Y hace unos meses decidió que no se presentaría a las elecciones que se celebrarán en marzo y en las que votarán 34.875 municipios. No es que la acompañase un clamor popular. El desgaste en los últimos tiempos —acosada por la agresiva oposición de la actual ministra de Cultura y aspirante a la alcaldía, Rachida Dati— y la cólera de los detractores a sus grandes reformas de movilidad han sido evidentes. Quiere cambiar, desconectar, demostrar que es útil en otros campos, apunta durante una larga comida.

La batalla por París, en manos de los socialistas desde 2001, está completamente abierta y puede marcar la campaña de las presidenciales de 2027. En la probeta política se mezclarán las consecuencias de posibles alianzas entre los grupos de izquierda y de derecha. Y sobre todo, la posibilidad de hacerse con un foco mediático y político de primer orden, como la capital del país, a un año exacto de unos comicios presidenciales en los que la ultraderecha tiene más posibilidades que nunca de llegar al Palacio Elíseo.

El candidato socialista y representante de la unión de izquierdas (sin La Francia Insumisa), Emmanuel Grégoire, actual adjunto a la alcaldesa, encabeza los sondeos con un 30% de apoyos. La conservadora Rachida Dati (apoyada por Los Republicanos y MoDem), vieja contendiente de Hidalgo en la alcaldía, le sigue con un 24%. Pero si no es capaz de lograr el apoyo suficiente en el Consejo Municipal, podría recurrir a una suerte de alianza encubierta con la extrema derecha de Sarah Knafo, la nueva estrella mediática del mundo ultra que ya se sitúa en torno al 11% (con un 10% ya es posible pasar a la segunda vuelta).

Knafo es esposa de Éric Zemmour, fundador del partido ultraderechista Reconquista!, y eurodiputada. En el Parlamento Europeo se sienta y vota junto al partido ultra alemán AfD. “Es un peligro para Francia y estoy muy sorprendida de que la prensa contribuya a fabricar a este personaje. La invitan al telediario de TF1 para anunciar su candidatura. Gracias a ese tipo de cosas pasará del 10% y estará en el segundo turno. Y logrará escaños. Pero luego votará por Rachida Dati en el consejo municipal”, lamenta Hidalgo.

París podría convertirse así en un laboratorio para la unión de las derechas que reclaman cada vez más sectores del mundo conservador en Francia. En este caso, sin embargo, el partido de Zemmour tiene más apoyo que el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, mucho más implantado fuera de París y representado en la capital por Thierry Marian, un candidato sin demasiado nervio. “Creo que Dati tiene ese apoyo en la cabeza. Pero hay una parte de la derecha republicana que no lo aceptará. El problema es que Knafo puede votar por ella en el Consejo sin necesidad de formalizar ninguna alianza. Es lo que creo que sucederá”, vaticina la alcaldesa.

Profunda huella en París

La era Hidalgo ha dejado una huella profunda en la ciudad. Amada y detestada por algunos, la realidad es que París es hoy una capital mucho más verde (los niveles de contaminación han bajado un 50%), transitable y habitable (700.000 personas lo hacen en el parque de alojamiento social), pese a los problemas que el turismo y la subida de precios están provocando en la vivienda. “Es algo contra lo que hemos luchado, pero el Ayuntamiento tiene herramientas limitadas. Mire ahí, ¿ve? Solo en la Isla de San Luis hay 1.000 alojamientos turísticos. Es un problema, por supuesto. Claro que se ha despoblado el centro y tiene un impacto en los servicios. Pero hay que revertirlo", dice mostrando desde la ventana los edificios al otro lado del Sena.

El inventario verde es largo. Esa es la herencia y su militancia. Hidalgo deja 300 calles que se peatonalizan los días de escuela para que niños y padres puedan pasar ahí tiempo. Ha construido 1.500 kilómetros de carriles bici y los coches, que ya no pueden superar los 50 kilómetros por hora en el bulevar periférico, encuentran enormes dificultades para circular por el centro (hay quien se queja de la anarquía en la que debe convivirse con las bicicletas). Algo que, de nuevo, entusiasma y subleva a partes iguales a los parisinos. Especialmente en algunos sectores en los que el automóvil es indispensable para trabajar, como repartidores o taxistas que repiten recurrentemente el nombre de la alcaldesa con alguna grosera coletilla.

Hidalgo, que fracasó estrepitosamente en su intento de llegar al Palacio del Elíseo en 2022 (obtuvo el 1,7% de los votos y hundió al Partido Socialista en una crisis histórica), cree que esa oposición también procedía de los lobbies que representan las energías fósiles y que, según ella, intentará ahora apoyar a una candidata que devuelva a la ciudad a su anterior estado. O sea, Rachida Dati.

“Nada es irreversible. En España pasó con parte de lo que hizo Manuela Carmena. Cuando llegó la derecha, lo eliminó [se refiere a la desarticulación de Madrid Central por su sucesor, el conservador José Luis Martínez-Almeida]. Las asociaciones de vecinos y de ciclistas se han organizado de manera eficaz. Y además, los parisinos votaron y me dieron su apoyo [se impuso en 2020 a Dati con el 50% de los votos]. Pero todo se puede deshacer y la oposición de los lobbies automovilísticos ha sido fuerte”.

Dati, la posible sucesora

La despedida de Hidalgo, alejada de la élite educativa e hija del sistema público de la República, respira también una cierta amargura con los ataques recibidos en los últimos años, especialmente por parte de la conservadora Dati, que ahora reaparece como posible sucesora. Si la justicia no lo impide, matiza en relación con el juicio por corrupción y tráfico de influencias por recibir presuntos pagos injustificados del fabricante automovilístico Renault que se celebrará en septiembre. “Seis meses después de las elecciones se sentará ante un juez para responder por actos de corrupción. Cuando vemos ahora juicios de cargos públicos condenados, en todos los casos hay una destitución. Nos arriesgamos a que en medio año se destituya a la alcaldesa elegida. Y eso es mentir a los ciudadanos, que no saben si la persona por la que votan podrá ejercer el cargo”.

El runrún político contra Hidalgo, más allá de militancias verdes y de movilidad, señala que París es una ciudad sucia e insegura. Algo que ha explotado la ultraderecha con su discurso y los vídeos de precampaña. Dati llegó a calzarse un anorak del servicio de limpieza y a patrullar las calles de París a bordo de un camión. Hidalgo abre los ojos de par en par. “Eso es mentira. Ese es el tema favorito de Dati y de la derecha, no de la gente. Hace 50 años que lo hacen, ya pasaba en la campaña de Jacques Chirac. Y entre lo que encontré yo y la situación hoy no tiene nada que ver. La situación ha mejorado mucho. Claro que hay gente sucia y que no se comporta. París es muy grande, pero cuando veo otras ciudades en Europa y no las citaré, le diré que hemos restablecido la situación”, protesta.

Hidalgo vivió uno de los peores momentos que puede atravesar un alcalde: los atentados islamistas del 13 de noviembre de 2015, que dejaron 130 muertos. También uno de los mejores, como los Juegos Olímpicos del pasado verano, en los que Francia logró una insólita comunión a través de la gran celebración en París. Ahora se va de forma voluntaria, subraya, aunque no parece que hubiera sido posible lograr un tercer mandato. Aún no quiere revelar cuál será su nueva ocupación, pero conserva un peso importante en el Partido Socialista y su voz, muy crítica con cualquier alianza con La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, será relevante para la futura configuración de las alianzas.

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