‘Fiebre Takaichi’ en Japón: la líder ultraconservadora arrasa en un fenómeno que trasciende la política
La primera mujer al frente de un Gobierno en el país asiático impulsa al partido gobernante durante décadas a su mejor resultado de la historia moderna

Que la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, es un fenómeno que trasciende la mera política se intuía ya en su mitin de cierre de campaña, el pasado sábado, en un parque a las afueras de Tokio. Soportando una temperatura gélida, ya de noche, y bajo una lluvia fina que en la madrugada se convertiría en nieve, miles de personas se congregaban para poder verla. Para estar ahí. Conscientes de que estaban viviendo un momento histórico.
Cuando Takaichi subió al escenario, la respuesta del público fue contenida, pero extremadamente atenta. Aplaudieron tímidamente. La primera mujer en liderar un Gobierno nipón explicó entonces cuál es su método: “Trabajo, trabajo, trabajo”. Una frase efectiva que repite en cada mitin, ya casi convertida en meme. Pidió un esfuerzo para hacer de Japón un “archipiélago fuerte y rico” de nuevo. Tocó sus temas predilectos: la necesidad de impulsar la defensa; de subir los salarios; de que las empresas instalen fábricas en el país; de potenciar la tecnología, la autosuficiencia y la industria de tierras raras. No usaba un tono grandilocuente. Sino que sonaba ejecutiva, como si ya estuviera en ello. “Tenemos que darnos prisa; tenemos que empezar ahora”, dijo.
“Me ha impresionado mucho”, decía Tomi Takashi, un profesor de 60 años, al acabar.
La respuesta en las urnas, el domingo, fue un huracán de votos como nunca se había visto. La fiebre Takaichi, como lo bautizaron en Fuji TV, llevó al Partido Liberal Demócrata (PLD) que lidera la primera ministra, a obtener sus mejores resultados de la posguerra en la Cámara de Representantes, la de mayor peso político de la Dieta (el Parlamento bicameral nipón). Y eso es mucho decir para un partido que ha gobernado Japón de forma casi ininterrumpida desde 1955.
La formación conservadora ha pasado de 198 a 316 escaños, superando por primera vez la barrera de los dos tercios del hemiciclo. Esto abre la puerta a que plantee incluso cambios constitucionales en materia de defensa, un asunto extremadamente delicado en un país cuyo pacifismo está consagrado en la ley fundamental. Junto a su actual socio de coalición, el Partido de la Innovación, suma una mayoría demoledora de 354 diputados.
“Los ciudadanos de este país nos han dado un gran apoyo, diciendo que debemos llevar a cabo este cambio de política pase lo que pase”, afirmó este lunes Takaichi en una comparecencia. “Apretaremos los dientes y cumpliremos las promesas que hemos hecho al pueblo”.
Han sido unas elecciones atípicas. Las más breves (16 días desde la disolución de la Cámara) del periodo constitucional japonés. Takaichi las convocó tres meses después de tomar las riendas del país, con los sondeos de opinión en máximos. Había sido investida por el Parlamento, pero no había pasado por las urnas, de modo que los comicios se convirtieron en una especie de referéndum sobre ella. El resultado ha quedado claro.
“Al ser mujer, su punto de vista es muy distinto, y eso me llega mucho. Hasta ahora [los primeros ministros] eran todos hombres”, contaba Yumi Oyama, de 30 años, también en el acto de cierre de campaña. Esta empleada del sector tecnológico nunca se había interesado por la política. La cosa cambió con Takaichi. “Es ese tipo de persona a la que confiarías el gasto del dinero”, afirma. “Me ha inspirado cómo ha hablado del futuro del país”.
Decir que Takaichi tiene “carisma” es mucho decir, afirma Satoru Ishido, escritor y periodista de 42 años, y un rostro habitual en los debates televisados. Pero sí concede que tiene “algo”. “Frescura” y más “cercanía” que su predecesor, su compañero de filas Shigeru Ishiba, cuyos resultados electorales jibarizaron al partido en ambas Cámaras. Duró un año.
Juega a favor de Takaichi la novedad y el hecho de ser una mujer en un mundo dominado por varones, a menudo siempre iguales: mayores, de traje clónico, y sobre los que pesa el tópico de que hacen política de noche y a puerta cerrada, no en el hemiciclo. Takaichi es el reverso: presume de dormir apenas dos o tres horas, y trabaja desde temprano.
Entrevistado el pasado viernes, Ishido afirmaba que Takaichi, exponente del ala dura del PLD, atrae también a un votante más a la derecha. Pero su mensaje resuena en todo el espectro. La considera una líder “muy centrada en las políticas”. “Ocupó durante mucho tiempo el cargo de ministra del Interior y Comunicaciones. Es conservadora, enérgica y firme, lo que a veces dificultaba las cosas, pero tiene sustancia”. Si le iba bien el domingo, como ha sucedido, auguraba un mandato que durará “bastante”.
Takaichi, de 64 años, creció en la prefectura de Nara, en el centro de Japón. A diferencia de infinidad de altos cargos, no viene de una familia de tradición política. Su madre era policía y su padre trabajaba para una empresa de coches. Estudió en la Universidad de Kobe; hizo prácticas en Estados Unidos en la oficina de una congresista demócrata; de vuelta, trabajó como presentadora de televisión. Fue elegida parlamentaria por primera vez en 1993. Pertenece al ala dura del PLD. Es heredera política del ex primer ministro Shinzo Abe, asesinado en 2022, otro de los halcones del partido. Fue él quien la llamó por primera vez en 2006 para ocupar un cargo en un gabinete.
No destaca por ser una defensora de las políticas feministas ni de los derechos de las minorías. Aunque fue ministra de Igualdad de Género, se opuso a cambiar una ley que consagra la sucesión imperial masculina, y es contraria al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero a la vez, muestra un perfil desenfadado: en su juventud era motera y tocaba la batería en una banda de heavy metal (uno de sus temas favoritos es el adrenalínico Burn de Deep Purple). Mide con cuidado esa imagen que combina suavidad y dureza; sobriedad y espectáculo. Admiradora de la histórica premier británica Margaret Thatcher, la dama de hierro, un día viste su icónico traje de chaqueta azul y collar de perlas, y al siguiente se sienta en chándal a tocar una canción de k-pop a la batería con el presidente surcoreano. Las secciones de estilo ensalzan sus complementos, mientras se enfrenta en un rifirrafe diplomático con China, uno de los asuntos más delicados que tiene por delante. Ha recibido el apoyo explícito del presidente estadounidense, Donald Trump; y el domingo el magnate la felicitó de inmediato por su “victoria aplastante”.
“El mundo está cambiando”, afirmaba Mio, una gestora de fondos de 36 años que se disponía a votar por el partido de Takaichi el domingo en el bullicioso distrito de Shinjuku, en Tokio. Nunca antes había acudido a las urnas. En parte porque había vivido una década en Estados Unidos y en parte porque con esta candidata se ha sentido, por primera vez, apelada. “Es fuerte. Tiene una visión clara sobre el país”. Y no le teme a un eventual cambio constitucional. “Quiere hacer el país más fuerte y protegerlo”.
Japón “se dirige a una catástrofe económica y fiscal, pero Takaichi no parece entenderlo”, valoraba en cambio Koichi Nakano, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Sofía, de Tokio, el jueves pasado. Advertía de cómo el espectro político se estaba escorando a la derecha; de que probablemente ganaría la “apuesta” de Takaichi de “personalizar la política” y de “crear un sistema en el que apenas es responsable”. Sonaba alertado por su intención de recortar impuestos al consumo y a la vez aumentar el gasto en defensa, lo que implicaría a su vez “antagonizar con China y militarizar la tensión”, mientras se le paga más a Trump (Tokio ha acordado con el republicano invertir 550.000 millones en Estados Unidos). “No tiene mucho sentido en términos de política de seguridad y económica”.
“Es peligrosa”, sentenciaba también una votante pacifista del partido Komeito, de la alianza centrista que ha sido vapuleada en las elecciones, durante un mitin de la oposición la semana pasada en Tokio. No quiso identificarse, pero le aterraba una líder que ve camino de avivar las llamas en un mundo poblado de incendios.
Impulso militar
La primera ministra, de corte nacionalista, es conocida por su defensa de un Japón con mayor empaque militar. En su tercera semana en el cargo, armó un choque diplomático con Pekín al sugerir que un intento de China de bloquear o apoderarse de Taiwán podría suponer “una amenaza existencial” para su país, lo que justificaría el despliegue de las Fuerzas de Autodefensa japonesas. Su Gobierno ha comenzado a revisar la doctrina antinuclear y aprobó en diciembre un plan de presupuesto militar que batió registros. El domingo propuso abrir un debate para revisar los preceptos pacifistas de la constitución. Este lunes, ha confirmado su intención de modificarla.
Y finalmente está el asunto del santuario Yasukuni: una prueba de fuego para todos los primeros ministros. Este templo sintoísta, en el corazón de Tokio, honra las almas de 2,5 millones de soldados caídos en las contiendas al servicio de Japón. Entre ellos hay 14 mandos condenados por la justicia internacional tras la II Guerra Mundial. A ojos de países que sufrieron la agresión imperial japonesa, como China, sigue siendo un símbolo del militarismo nipón, y cada vez que un primer ministro nipón lo ha visitado, se ha armado un considerable revuelo. No sucede desde Abe, el mentor de Takaichi. El domingo, la primera ministra aseguró que buscaría la “comprensión” de Washington y de los países vecinos antes de dar el paso.
El jueves, a esa hora crepuscular que precede al ocaso, dos jóvenes paseaban por los jardines silenciosos del santuario. “Es un tema difícil, pero para los japoneses es importante aprender sobre esto”, sopesaba R. Kurihara, uno de los chicos. Tienen 18 años; lo estudiaron hace poco. Kurihara cree que los primeros ministros no deberían visitar oficialmente Yasukuni. A su colega, T. Yokoya, no le parece mal. Es jueves y el domingo tenían intención de votar por primera vez. No expresan su opción política, y dicen que tampoco saben lo que votará su amigo. No es algo que se hable. Ni siquiera con sus padres. Pero aseguran que a los jóvenes les interesa la política. Sobre Takaichi, dice Kurihara: “Es popular por su carácter enérgico. Y he oído que trabaja muy duro para resolver los problemas a los que nos enfrentamos”.
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