La primera ministra Takaichi se encamina a una victoria contundente en las elecciones de Japón, según los primeros sondeos
La dirigente, convertida en un fenómeno que trasciende la política, aspira a una mayoría absoluta en la Cámara baja

Japón se asoma a un nuevo rumbo político. Aunque el recuento de votos no ha hecho más que empezar, todo indica que la ultraconservadora primera ministra, Sanae Takaichi, se encamina hacia una victoria contundente en las elecciones legislativas de este domingo, según los primeros sondeos publicados tras el cierre de las urnas a las 20.00, hora local (las 12.00 en la España peninsular).
El gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) de Takaichi podría pasar de los 198 escaños actuales a ostentar entre 274 y 328 de un total de 465 asientos de la Cámara de Representantes, la de mayor peso político de la Dieta (el Parlamento bicameral nipón), según la amplia horquilla de los sondeos a pie de urna y análisis de la cadena pública NHK. Junto a su actual socio de coalición, el Partido de la Innovación, podría incluso alcanzar entre 302 y 366. La mayoría en la cámara se alcanza con 233 escaños; el periódico The Asahi Shimbun cree “probable” que la unión de ambos partidos supere la mayoría cualificada de dos tercios (310 diputados). Los resultados finales están previstos para la noche de este domingo.
Takaichi se convirtió en octubre en la primera mujer en liderar un Gobierno nipón. A los tres meses, con la popularidad por las nubes, decidió convocar elecciones a la Cámara de Representantes, la de mayor peso político de la Dieta (el Parlamento bicameral nipón). El objetivo, según dijo, era obtener un mandato público para impulsar sus políticas económicas y de seguridad junto a su nuevo aliado de gobierno, el Partido de la Innovación, y ha prometido abandonar el cargo de inmediato si no asegura una mayoría.
La campaña, la más corta del periodo constitucional japonés, se ha convertido en una especie de plebiscito sobre Takaichi. Los sondeos de opinión ya le daban esta semana una holgada ventaja a su formación.
Las elecciones han estado marcadas por el debate económico ―un asunto inagotable en un país cuyas finanzas no levantan cabeza desde hace años y el elevado coste de la vida estrangula las cuentas familiares―, el incremento del gasto en defensa y el endurecimiento frente a la inmigración irregular. Bajar o no bajar impuestos al consumo, para aliviar a los ciudadanos, ha sido uno de los asuntos recurrentes de los centenares de mítines a pie de calle en los que los candidatos piden el voto.
La nieve también ha sido protagonista durante la campaña. La oposición ha criticado la celebración de una votación en pleno febrero, cuando numerosas localidades del archipiélago quedan cubiertas bajo un manto blanco, lo que dificulta acudir a las urnas. Este domingo, hasta Tokio ha amanecido envuelta en una ventisca que le daba a la ciudad un aspecto de cuento futurista, aunque se ha disipado a mediodía.
La participación, en las primeras horas del día, había descendido con respecto a las últimas elecciones a la Cámara de Representantes, en 2024. Sin embargo, con esa previsión que caracteriza al país, el voto adelantado a lo largo de la semana fue superior y antes del domingo ya habían acudido 27,1 millones de ciudadanos a las urnas, el mayor registro de la historia. En los últimos comicios, la participación ascendió al 53,85%.
En las elecciones, cerca de 1.300 candidatos lidian por hacerse con alguno de los 465 escaños del hemiciclo; 289 de ellos salen de circunscripciones uninominales, y otros 176 son elegidos de forma proporcional, a partir del número de votos obtenidos en 11 bloques regionales de todo Japón.
“Vamos a hacer el futuro de Japón entre todos”, proclamaba Takaichi el sábado durante un multitudinario acto de cierre de campaña en Tokio. La cantidad de gente que acudió a verla en persona da cuenta de cómo esta veterana de la política japonesa, de 64 años, se ha convertido tras apenas 100 días al mando en un fenómeno poco habitual. En su discurso, con énfasis en la defensa, la seguridad y la autosuficiencia, prometió volver a hacer de Japón “un archipiélago rico y fuerte”: su lema con ecos trumpistas.

Su popularidad a lo largo de todo el espectro político, y su tirón entre la gente joven parece haber sido determinante. “Estoy muy contenta con Takaichi porque es una mujer y porque creo que lo está haciendo bien”, cuenta a mediodía del domingo Ayaka Nishigai, una estudiante de piano clásico de 20 años, cuyo aspecto contrasta con la sobriedad thatcheriana de la primera ministra. Acaba de votar por la candidata del partido de Takaichi en un colegio electoral en la Avenida Yasukuni, en el bullicioso distrito de Shinjuku, más o menos donde los neones abrumaban a Bill Murray en el arranque de Lost in Translation; el famoso karaoke de la película está a unos pocos edificios de las urnas. “Tengo esperanza en ella”, dice Nishigai, mientras su padre abraza a un perrito que tirita de frío. “Y, además, es más joven que el promedio de los primeros ministros anteriores”.
Mientras, para la principal formación opositora, una alianza recién creada de cara a los comicios bajo el nombre Alianza Reformista Centrista, los primeros sondeos auguran una debacle: pasarían de los 167 escaños actuales a obtener entre 37 y 91, según las proyecciones de NHK. El nuevo bloque surge de la unión entre el que hasta ahora era el primer partido de la oposición, el progresista Partido Constitucional Democrático, y el viejo socio de gobierno del partido de Takaichi durante 26 años, Komeito. En su programa defienden el recorte permanente del impuesto sobre los alimentos, y abogan por mantener los llamados “tres principios antinucleares” de Japón: no poseer, ni producir, ni permitir la entrada de armas nucleares en el país, una cuestión que la primera ministra quiere someter a revisión.
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