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Los negociadores para la paz entre Ucrania y Rusia acuerdan un intercambio de prisioneros de guerra

El enviado de Trump, Steve Witkoff, afirma que las conversaciones a tres bandas mantenidas este miércoles y jueves en Abu Dabi continuarán porque “aún queda mucho trabajo por hacer”

Paz entre Ucrania y Rusia

Las negociaciones de paz entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos han logrado un primer resultado tangible en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos). Steve Witkoff, el enviado especial del presidente estadounidense, Donald Trump, ha anunciado un acuerdo para intercambiar 314 prisioneros de guerra. “Si bien aún queda mucho trabajo por hacer, pasos como este demuestran que la colaboración diplomática sostenida está dando resultados tangibles e impulsando los esfuerzos para poner fin a la guerra en Ucrania”, ha afirmado en un mensaje en la red social X.

Los canjes de prisioneros y de cadáveres entre las partes en conflicto se llevan a cabo desde los primeros compases de la gran invasión rusa hace casi cuatro años, pero como ha señalado Witkoff, no se ha producido ninguno en los últimos cinco meses. El empresario inmobiliario reconvertido en diplomático ha asegurado que “las conversaciones continuarán y se prevén avances adicionales en las próximas semanas”.

Witkoff ha calificado las conversaciones de “detalladas y productivas”. Rustem Umerov, jefe de la delegación ucrania, había afirmado también el miércoles que el trabajo había sido “sustantivo y productivo, centrado en medidas concretas y soluciones prácticas”.

Los negociadores están trabajando en una estrategia de salida al conflicto sólida y sostenible. El formato de este jueves, según había explicado Umerov, secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de Ucrania, ha sido el mismo que el de la primera jornada. Las delegaciones se han reunido a tres bandas. Después se han dividido en grupos de trabajo para volver a juntarse todos a continuación a sincronizar posiciones.

Los intentos de alcanzar la paz, sin embargo, no se están traduciendo de momento en una desescalada en la guerra. Entre el miércoles y el jueves continuaron los intercambios en el frente y el lanzamiento de proyectiles a más larga distancia. Rusia atacó Ucrania con dos misiles balísticos Iskander-M y 183 drones de ataque, según las Fuerzas Armadas de Ucrania. Moscú informó por su parte de que había derribado 95 drones lanzados por Kiev.

Más allá del canje de prisioneros, el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, ya avanzó en el primer día de esta segunda ronda de conversaciones —la primera fue el 23 y 24 de enero— que “probablemente no se sabrá nada sobre los avances, ni siquiera a través de filtraciones”, hasta que realmente haya algún resultado importante. El jefe de la diplomacia estadounidense reconoció que las diferencias entre las partes eran notables, pero añadió que se había reducido el número de elementos irreconciliables.

El principal sigue siendo la cuestión territorial. Moscú aspira a que Ucrania le ceda el 20% o 25% de lo que queda bajo su control en Donestk, en la región de Donbás. Para Ucrania, eso es inaceptable. En una entrevista con la cadena de televisión France 2, el presidente Volodímir Zelenski defendió la vía diplomática, pero no como una capitulación o aceptación de los ultimatums de Moscú, afirmó. La cesión de Donbás es una “línea roja”, dijo.

Para el presidente ucranio, aceptar una solución que pase por congelar la línea del frente ya es una “enorme concesión”. En un documento de 20 puntos acordado entre Washington y Kiev, a partir de otro favorable a Moscú que cerraron el pasado octubre Steve Witkoff, enviado de Trump, y Kirill Dmitriev, hombre de confianza del presidente ruso, Vladímir Putin, se establece que una parte del frente de guerra se congele en las provincias de Zaporiyia y Jersón. Los rusos se retirarían de las zonas que han ocupado en las provincias de Sumi, Járkov y Dnipropetrovsk.

Ese texto, que también recoge que el ejército ucranio no podrá tener más de 800.000 soldados y que Kiev renunciará a formar parte de la OTAN, es la base sobre la que van trabajando las partes. Los puntos más espinosos siguen siendo la cuestión de Donbás y la gestión de la central nuclear de Zaporiyia, que se encuentra en zona ocupada por Moscú.

En paralelo, Ucrania espera cerrar un acuerdo sobre garantías de seguridad que le blinde frente a futuros intentos de agresión de Moscú. Washington, que hace unos meses se negaba a poner “botas en el terreno”, ahora sí considera participar como el último y más potente elemento disuasorio frente a Moscú. Se trataría de un sistema de respuesta en varios niveles ante futuras hostilidades: en el primero y más inmediato intervendrían las fuerzas ucranias; después, las fuerzas internacionales desplegadas por la conocida como coalición de voluntarios, y por último, las estadounidenses.

Estados Unidos supedita la firma de estas garantías a la cuestión territorial, para la que propone la creación de una zona desmilitarizada en Donetsk. En la misma entrevista en France 2 emitida el miércoles por la noche, Zelenski explicó que si sus fuerzas armadas tienen que retirarse de esa área, “los rusos deben hacer lo mismo”.

“Si hablamos de una zona desmilitarizada, nosotros controlaríamos nuestro lado y ellos controlarían el suyo, pero debe haber una fuerza internacional de mantenimiento de la paz y una presencia global entre nosotros para mantener esa separación”, subrayó.

Para Rusia, la participación de fuerzas extranjeras es inaceptable. La portavoz de Exteriores rusa, Maria Zajárova, afirmó tras la visita a Kiev del martes del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que el despliegue de tropas de la coalición de voluntarios, en la que participa una treintena de países, “son planes claros para una intervención militar flagrante”. “Estas tropas serán consideradas objetivos militares legítimos”, subrayó.

Negocios entre Moscú y Washington

Las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania no son las únicas que lleva a cabo Moscú en Abu Dabi. En paralelo, este jueves se ha reunido lo que el Kremlin y la Casa Blanca llaman “el grupo de cooperación económica ruso-estadounidense”.

Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa, ha asegurado que sus contactos sobre negocios “progresan adecuadamente”. “Estamos trabajando activamente con la Administración Trump para restablecer las relaciones económicas entre Rusia y Estados Unidos”, ha agregado este alto cargo próximo a la familia de Putin.

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