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La invasión de Ucrania ya dura más que la lucha de la URSS contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial

La “operación militar especial”, como bautizó Putin su agresión, cumple este lunes 1.418 días

El frente soviético de la Segunda Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria para los rusos, duró 1.418 días. La “operación militar especial para la defensa de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk”, como llamó Vladímir Vladímirovich Putin a su invasión de Ucrania, alcanza este lunes los 1.418 días. Casi cuatro años de guerra que en el teatro soviético supusieron la derrota del Tercer Reich desde Moscú y el Volga hasta Berlín, mientras que la campaña actual del Kremlin sigue enquistada en Donbás.

La efeméride se cumple en el peor momento para Putin. Si el paralelismo con la Guerra Sagrada ya inquietaba dentro de Rusia, ahora el espejo en el que se quiere mirar como potencia, Estados Unidos, acaba de ejecutar su propia “operación especial” en Venezuela con el secuestro del mandatario Nicolás Maduro en un lapso de pocos minutos.

El mayor éxito del Kremlin en 2025 ha sido expulsar al ejército ucranio de la región rusa de Kursk, donde las fuerzas de Kiev irrumpieron en 2024. En el resto del frente los avances han ganado entre unas decenas de kilómetros y unos cientos de metros. Putin quería hacer capitular a Ucrania entera en 2022, pero hoy apenas controla un 99% del territorio de la región de Lugansk, un 80% de Donetsk —ambas las controlaba parcialmente desde 2014—, y otras tres cuartas partes de Jersón y Zaporiyia, donde no tiene las capitales de provincia, pero al menos ha creado un corredor terrestre con la anexionada Crimea.

El frente recuerda más a las trincheras de la Primera Guerra Mundial que a la operación Bagration o la guerra relámpago de los cuarenta. Los avances rusos han sido modestos en 2025 a costa de una sangría incluso mayor que en los años anteriores. Las fuerzas ucranias se mantienen a la defensiva en una guerra de desgaste y las aldeas ocupadas no se traducen en una ruptura estratégica del frente. De hecho, la anunciada conquista de Pokrovsk sigue sin culminarse aún pese a que Moscú ha desplegado unos 170.000 soldados en la zona. Como comparación, las fuerzas armadas españolas tienen 125.000 tropas en activo.

Un seguimiento del canal británico BBC y el diario independiente ruso Mediazona ha confirmado la muerte de 160.000 militares rusos en esta guerra a través de fuentes abiertas, aunque los análisis de obituarios, tumbas y noticias solo recoge entre el 40% y el 65% del total, según estos medios. Su estimación es que han fallecido entre 243.000 y 352.000 rusos, mientras que los heridos multiplican varias veces más esta cifra.

Este es un conflicto muy diferente de la Segunda Guerra Mundial, donde murieron al menos 8,6 millones de soldados soviéticos, según el Ministerio de Defensa ruso, de diferentes pueblos (ucranios, bielorrusos, rusos, armenios, georgianos y kazajos, entre otros). La Gran Guerra Patria fue el culmen de la guerra total.

Sin embargo, en su invasión de Ucrania Putin ha tratado de no forzar la guerra total para protegerse a sí mismo. El putinismo trata de no romper su viejo pacto social: si no alzas la voz y no hablas de política, el Kremlin te dejará más o menos en paz. Salvo por su movilización forzosa de septiembre de 2022 para estabilizar un frente que se descomponía, el régimen ha incentivado el servicio militar por contrato. Así, el Kremlin ha abierto la administración y las universidades a quienes van a la guerra, además de pagarles un salario —210.000 rublos al mes, 2.200 euros— que multiplica entre tres y cuatro veces el sueldo medio ruso.

El Kremlin cubre de momento sus bajas. El año pasado reclutó 417.000 soldados, en línea con años anteriores, según el vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev. La cuestión para el Kremlin es que esta guerra es mucho más sangrienta que otros conflictos traumáticos del pasado reciente, los rusos están cansados y la economía se sostiene con alfileres.

En las dos guerras chechenas (1994-1996 y 1999) murieron unos 11.000 militares rusos, según el Comité de Defensa de la Duma Estatal. Como comparación, solo en la conquista de Bajmut (2022-2023) murieron 19.500 soldados de Wagner, la mayoría de ellos reclusos sacados de prisión, más miles de bajas más de otras unidades rusas. Una cifra mayor incluso que los 15.000 muertos soviéticos de la ocupación soviética de Afganistán entre 1979 y 1989.

Las madres y esposas de los militares tuvieron un papel muy relevante en el final de los conflictos pasados. Sus protestas para que sus maridos e hijos regresasen a casa fueron fundamentales para empujar al Kremlin hacia la paz. Sin embargo, la invasión de Ucrania está siendo diferente. La represión sistemática de estas mujeres y del resto de manifestaciones pacifistas ha ahogado toda voz disidente en una espiral de silencio saturada por la propaganda bélica.

Cuanto más se alarga la guerra, más preguntas surgen entre los rusos. Según los propios sondeos del Kremlin, dos tercios de la población pondría final mañana al conflicto, aunque una mayoría aplastante cree que es Putin el único que debe decidir qué le conviene a Rusia.

También está entredicho la dirección de un alto mando capitaneado por el inamovible Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor desde 2012. Los ánimos ante una guerra de desgaste contra una Ucrania apoyada por Occidente se zarandean entre la euforia y el pesimismo, según las cambiantes declaraciones de Washington y Europa.

En cualquier caso, Rusia se ha hipotecado en su invasión de Ucrania. Putin anunció la madrugada del 24 de febrero de 2022 que lanzaba una ofensiva relámpago con el pretexto de “desmilitarizar y desnazificar Ucrania, además de traer ante un tribunal a aquellos que han perpetrado numerosos crímenes contra civiles”. El objetivo era capturar a Volodómir Zelenski, presidente electo de Ucrania, legitimado por el propio Putin en 2019 y antes cómico en las fiestas de año nuevo de la televisión estatal rusa en 2013.

Aquel 24 de febrero, las fuerzas rusas se lanzaron hacia el corazón de Ucrania desde tres frentes. El objetivo del avance desde el norte, apoyado desde terreno bielorruso, era capturar Kiev y al Gobierno ucranio. Las fuerzas aerotransportadas rusas debían tomar el aeropuerto de Hostómel mientras avanzaba una enorme columna hacia la capital, donde habían infiltrado unidades chechenas para acabar con Zelenski. Pero las fuerzas ucranias plantaron cara para sorpresa del Kremlin. Putin acabaría retirando sus tropas de aquel frente ante la amenaza de una debacle mayor.

El Kremlin lanzó una ofensiva total sobre Ucrania que, según su propaganda, iba a durar “tres días”. Su fracasado intento de capturar a Zelenski en las primeras horas del asalto ha regresado a la memoria de los nacionalistas rusos estos días como una pesadilla.

La operación de Trump contra Maduro, con los helicópteros estadounidenses sobrevolando Caracas y el plácet a Washington de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, ha relanzado aquel mal recuerdo ruso. Casi cuatro años antes, los aviones, tanques y tropas rusas cayeron bajo un intenso fuego enemigo. Tampoco los civiles ucranios recibieron con flores a las tropas. El Kremlin acometió poco después una purga en sus servicios secretos por haber informado mal a Putin.

“El principal error fue que los servicios de inteligencia creyeron que las instituciones estatales ucranianas eran débiles y corruptas, ni tampoco anticiparon la reacción de Zelenski y de la sociedad ucrania en general”, dice por teléfono el periodista ruso Andréi Soldátov.

Este reportero especializado en los servicios secretos rusos reveló en 2022 la oleada de arrestos acometida por este fracaso en la Guardia Nacional rusa [Rosgvardia] y el Servicio Federal de Seguridad (FSB), incluida la detención del jefe y su adjunto de la Quinta Dirección, el departamento responsable del espionaje exterior.

“Es mucho más fácil creerse que los estadounidenses son unos ingenuos y siempre compran a todos. Eso antes que pensar que nuestro nivel de planificación, inteligencia y coordinación aún está muy por debajo y hay que hacer algo al respecto”, denunciaba esta semana un conocido corresponsal de guerra ruso, Yuri Kotenok. El reportero también ponía como ejemplo operaciones especiales israelíes y ucranias, desde los drones escondidos en camiones a las bombas ocultas en los buscas de Hezbolá.

Aquella purga del espionaje ruso no sería la única “limpieza” acometida por Putin en una guerra cada vez más larga. El Kremlin cesó al ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, en 2024, y encarceló a sus ayudantes por presunta corrupción. También caerían unos meses antes dos “héroes” de la operación militar especial, los generales Iván Popov y Serguéi Surovikin, por su proximidad a las facciones rebeldes dentro del ejército. Ambos habían sido responsables de parar la contraofensiva ucrania.

“El fracaso en la Primera Guerra Mundial —que para Rusia duró unos 1.300 días— condujo a la Revolución Rusa y al colapso del Imperio zarista. La Guerra de Afganistán solo debilitó al país y dañó la reputación del Gobierno, contribuyendo así al colapso de la URSS. Y si la situación actual se prolonga otros cinco años o más, ¿qué pasará? ¿1941, 1917 o 1991?”, se pregunta un influyente canal proguerra ruso, Voyennoye Obozreniye.

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