Una intervención de Trump en Groenlandia dinamitaría la OTAN
Los expertos creen que una agresión militar por parte del principal aliado a un socio más pequeño supondría un golpe a la Alianza del que sería difícil que se recuperara
Donald Trump ha puesto a la OTAN ante un dilema existencial. El presidente estadounidense lleva tiempo cargando contra la organización militar. Ha llegado incluso a poner en duda su corazón, su principio fundamental: la cláusula de la defensa mutua. Ahora, las amenazas de la Casa Blanca contra Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte de Dinamarca —país como Estados Unidos miembro de la OTAN—, sin descartar la opción militar, pueden dinamitar la alianza transatlántica en la que Europa ha confiado para su seguridad desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha lanzado una advertencia inusualmente dura: “Si Estados Unidos elige atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. Pero la herida ya está abierta en canal y el resto de países europeos digiere a la fuerza que el nuevo orden ha llegado para quedarse.
La situación es tan extraña que los tratados de la entidad —que mencionan que sus miembros deben resolver sus disputas por medios pacíficos— no contemplan qué hacer en caso de que un aliado ataque directamente a otro. Y mucho menos, si el agresor es el más poderoso de sus miembros contra uno de los más pequeños —pero fuerte y comprometido en términos de inversión y participación en misiones—. La amenaza llega, además, en un momento muy sensible para Europa, con la guerra de Rusia contra Ucrania a punto de llegar a su cuarto aniversario y en plenas negociaciones para poner fin al conflicto en suelo europeo.
La OTAN sigue considerando a Rusia como su principal amenaza. Sin embargo, ahora el gran peligro parece anidar en su interior. ¿Supondría una incursión de EE UU en Groenlandia realmente el fin de la Alianza? Jamie Shea, ex alto cargo de la entidad hasta 2018, no lo duda. Constituiría un repudio total a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, en los que se basa el Tratado de la organización de 1949. La OTAN (con Estados Unidos y Dinamarca) es actualmente responsable de la defensa de Groenlandia y ha incorporado este escenario en sus planes de defensa regional, por lo tanto, apunta el experto, que EE UU se apodere de la isla con el pretexto de aumentar la defensa común contra Rusia y China en la región del Atlántico Norte, como ha dicho Trump, sería una forma de decir que la OTAN no puede hacer el trabajo y que solo Estados Unidos puede garantizar su propia seguridad. “Con eso se acabaron la defensa colectiva y el respeto a la soberanía de los aliados de la OTAN”, remarca Shea, actualmente investigador en el laboratorio de ideas Friends of Europe.
No se aleja mucho de estas palabras Manuel Muñiz, rector de la IE University y profesor de Relaciones Internacionales: “Cualquier tipo de medida de naturaleza militar en contra de un aliado de la OTAN por parte de otro dañaría de manera irreversible la Alianza; marcaría un antes y un después para la Alianza. No me cabe la menor duda”, apunta este profesor de Relaciones Internacionales".
Trump ya ha demostrado en Venezuela que está dispuesto a recurrir a la ley del más fuerte. Después de mandar un comando de Delta Force a secuestrar a Nicolás Maduro, no ha dudado en decir: “Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional”. La Casa Blanca ha ido más allá y ha dejado muy claro que “por supuesto, recurrir al ejército siempre es una opción del comandante en jefe [el presidente del país]”.
En Europa, están cada vez más nerviosos. Y ese nerviosismo ha llegado también al corazón de la OTAN, el tema se ha abordado en alguna reunión reciente, pero, por el momento, se ha optado por no abordarlo como un asunto multilateral. La organización teme desde hace tiempo que EE UU termine por desengancharse de la Alianza y acelere su retirada en Europa, donde es su principal paraguas de seguridad. Por eso, se evitan los temas sensibles. Pero esta costumbre puede cambiar ahora. “El asunto de Groenlandia se puede convertir en ineludible”, dice una fuente de la OTAN. “La verdadera cuestión será la reacción los aliados si Washington interviene en la isla, algo que además dependerá del tipo de intervención”, señala la misma fuente, que habla bajo condición de anonimato para debatir un tema de extrema delicadeza.
En la Casa Blanca creen que Europa no contempla un escenario de confrontación defensiva. “Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, dijo con confianza el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, en una entrevista con CNN este lunes. Tampoco sería viable. Estados Unidos tiene 1,3 millones de militares en activo, en todos sus servicios; Dinamarca, 13.100. Si la comparación se hace con dinero destinado a defensa, también es abismal hasta tomando a todos los aliados: 845.000 millones de dólares en 2025 del gran aliado frente a 559.000 millones agregados de los otros 31 miembros.
“Es difícil imaginar cómo la alianza se recuperaría de una violación del tratado tan impactante como que un aliado ataque a otro para apoderarse de territorio”, dice Marion Messmer, directora del programa de Seguridad Internacional de Chatham House. “En paralelo, los países europeos deben pensar seriamente en cómo sería la OTAN sin EE UU y acelerar las inversiones en aquellas capacidades en las que el país norteamericano permanece más fuerte, como redes de mando y control, supresión de la defensa aérea enemiga y capacidades habilitadoras similares. También deberán considerar seriamente qué tipo de adversario podría ser Estados Unidos”, dice en un análisis. “Gran parte de esto debería hacerse, y se hará, de forma discreta o privada. Pero los Estados ya no pueden permitirse ignorar esta posibilidad”, señala.
Sigue resultando chocante que se esté analizando cómo podrían los aliados europeos defender a Dinamarca de otro aliado en el marco de la organización. Y si podría invocarse el artículo 5 de defensa colectiva (un ataque a un aliado es un ataque a todos y así pueden responder). Los expertos creen que no sería aplicable. De hecho, está el caso del conflicto entre Turquía y Grecia por Chipre. Cuando Ankara invadió la pequeña isla la Alianza no intervino, pero Estados Unidos actuó de mediador.
Para echar más leña al fuego, el presidente estadounidense ha vuelto a cargar contra la OTAN. Este miércoles elevó el tono y a sembrar dudas sobre la cláusula de defensa común: “Tienen suerte de que haya reconstruido nuestro ejército en mi primer mandato y siga haciéndolo. Siempre estaremos ahí para la OTAN, incluso si ellos no están ahí para nosotros”. Añadía así más ruido y desasosiego en una Europa, que ha hecho todo lo posible por apaciguarle y deja pasar sus bravatas sin respuesta con ese fin.
Si llega el caso, varias fuentes europeas creen que Trump tratará de vender la intervención con el argumento de que es esencial para la seguridad del Ártico y el Atlántico norte. Lo cierto, sin embargo, es que los acuerdos bilaterales entre Dinamarca y EE UU permiten a Washington incrementar mucho su presencia militar en la isla y le dan bastante carta blanca: “Estados Unidos ya tiene suficientes garantías y acuerdos con Dinamarca para poder aumentar su presencia en Groenlandia todo lo que quiera y poder llegar a acuerdos de naturaleza económica y estratégica de toda índole. Esto [en referencia a una intervención militar] parece ser una mera pretensión territorial. Sería una agresión sin paliativos”, aclara Muñiz de la IE University.
“El mensaje a los europeos será que la seguridad de EE UU solo se consigue aceptando una sumisión total a Washington y haciendo la vista gorda ante las violaciones del derecho internacional y los ejercicios de realpolitik por parte de Estados Unidos”, dice Shea, de Friends for Europe. “Pocos creerán que la OTAN podría sobrevivir mucho tiempo con ese tipo de acuerdo transatlántico. La sede y la infraestructura en Bruselas podrían seguir allí por un tiempo, pero la alianza habría perdido su significado y su fundamento” añade.
Marion Messmer apunta que los aliados europeos de la OTAN tendrían algunas palancas para reaccionar si EE UU continúa sus amenazas: podrían negarse a reabastecer barcos estadounidenses en puertos europeos; negarse a aceptar personal militar herido para tratamiento en hospitales militares europeos; y exigir pagos elevados por el estacionamiento continuo de tropas estadounidenses. También podrían proponer el cierre de ciertas instalaciones militares. “Estas medidas eran impensables anteriormente. Pero podrían reafirmar ante Estados Unidos que, si bien se ha popularizado quejarse de los ‘gorrones europeos’ en materia de seguridad, este ha sido un acuerdo mutuamente beneficioso durante mucho tiempo”, zanja.
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