El alcalde de Berlín, en la diana por irse a jugar a tenis durante el apagón que dejó 45.000 hogares sin luz
El democristiano Kai Wegner asegura que no piensa dimitir, como le pide la oposición, ni disculparse al alegar que “se gestionó bien”


Parecía que el enfado de los berlineses, recién recuperados de un apagón que dejó varios días a unas 100.000 personas a oscuras durante una ola de frío polar, no podía ir a más. Hasta que se ha conocido que su alcalde, el democristiano Kai Wegner, se fue a jugar al tenis durante lo peor de la emergencia. Ocurrió el sábado, horas después de que una organización de izquierdas llamada Vulkangruppe saboteara las redes eléctricas de varios barrios del suroeste de la capital y dejara al descubierto la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas en Alemania. Pero no se supo hasta este miércoles, cuando la televisión pública de Berlín denunció que el alcalde no había estado ocupado al 100% con la gestión de la crisis, como repetía constantemente su equipo.
El regidor, que recuperó para los conservadores la capital tras 22 años de dominio socialdemócrata en 2023, ha hecho oídos sordos a las críticas y a las peticiones de dimisión que han empezado a lloverle desde la exclusiva. Asegura que no tiene por qué pedir perdón porque la emergencia se gestionó adecuadamente. “No hay motivo para disculparse cuando se pone fin a una crisis un día y medio antes de lo previsto. Quiero reiterar: la gestión de la crisis funcionó”, ha dicho este jueves a preguntas de los periodistas tras un acto en Berlín.

Inicialmente el Ayuntamiento había asegurado que la red no podría restablecerse hasta este jueves porque las reparaciones eran complicadas. La perspectiva de que 45.000 hogares pasaran seis días sin electricidad, conexión de internet y móvil y calefacción durante la mayor nevada del año y con temperaturas bajo cero enfureció a la opinión pública. No se entendía cómo podían estar así de desprotegidas unas instalaciones vitales críticas ni por qué se necesitaban tantos días para recuperar el servicio. Finalmente, el suministro llegó antes de lo previsto: a una parte de los afectados el martes y a otra el miércoles.
Durante estos días el Ayuntamiento habilitó pabellones deportivos con literas para que la población que no tenía otro recurso pudiera resguardarse durante el temporal. Una mujer de 83 años fue hallada sin vida en su casa y se está investigando si el fallecimiento tuvo que ver con el apagón. Cinco hospitales se quedaron sin corriente varias horas. Dos decenas de escuelas tuvieron que cerrar.
Las autoridades dan credibilidad a la autoría de Vulkangruppe, un grupo con un historial de ataques parecidos que se atribuyó el sabotaje a las pocas horas de producirse. La organización asegura luchar por el medio ambiente atacando infraestructuras de combustibles fósiles. La causa del apagón es, según la investigación, un incendio en unos cables cerca de la central eléctrica del distrito de Lichterfelde. En el texto en el que reivindica el ataque el grupo reconoce haber causado el incendio.
“Durante una de las mayores crisis de su mandato, Kai Wegner prefirió jugar al tenis a estar cerca de sus ciudadanos, y mintió al respecto. Alguien así no puede dirigir Berlín”, asegura un artículo de opinión este jueves en el influyente semanario Der Spiegel. El alcalde Wegner no se disculpa, pero sí ha querido explicarse. Asegura que el partido duró apenas una hora y que el resto del tiempo estuvo permanentemente conectado. “Para mí era importante hacer una hora de deporte ese día. Necesitaba desconectar. Necesitaba relajarme. Necesitaba ordenar mis pensamientos”, ha dicho a los periodistas.
Mientras, los investigadores siguen tan a oscuras como estuvieron los barrios berlineses durante el apagón. Según los medios alemanes, no han encontrado más pistas sobre los autores materiales que unas pisadas sobre la nieve. El apagón más largo de la historia de Berlín desde la Segunda Guerra Mundial deja preguntas en el aire sobre la protección de las infraestructuras críticas en un contexto de amenaza por la guerra híbrida de Rusia, desconfianza hacia los servicios públicos y a un alcalde en la cuerda floja.
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