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Las falsas cámaras Leica fabricadas por niños de la calle que impulsaron la industria fotográfica soviética

Una comuna en Járkov acabó convertida en la factoría FED, que, junto a otras marcas, hizo de Ucrania el reino de las copias de esa mítica marca alemana que este 2025 ha cumplido un siglo

Falsas cámaras Leica fabricadas por niños de la calle
Luis de Vega

El vendedor ofrece varias cámaras de fotos en su puesto delante de la catedral de San Andrés de Kiev. El turista extranjero, tras más de tres años y medio de invasión rusa a gran escala, apenas ha vuelto a aparecer. Hay que hacer caja como sea. El reportero se interesa por una de las piezas. “Leica”, subraya el comerciante refiriéndose a la mítica marca alemana que ha cumplido un siglo este 2025. “Ya”, asiente el potencial comprador, que suele encontrarse con frecuencia con este tipo de aparatos a lo largo y ancho del país. Ambos saben que, casi con total seguridad, la cámara mostrada es una de las decenas de miles de copias que se fabricaron en la antigua república soviética en tiempos en los que la patente no tenía el valor de hoy.

De esta forma, la URSS cimentó el impulso de su industria fotográfica de 35 milímetros en la primera mitad del siglo XX sobre estas cámaras falsificadas en las que, sin reparo alguno, se llegaba a grabar el logotipo de Leica. Tal es el caso de la ofrecida en ese mercadillo de Kiev, una pieza de no menos de 70 años cuyo precio, tras un amistoso regateo, fue de 25 euros. “Un muy buen ejemplo de falsificación, relativamente temprana y decente, donde se aprecia muy bien el grabado falso por la irregularidad de sus trazos”, sostiene Daniel Sánchez, coleccionista y estudioso responsable de la web Cámaras sin Fronteras.

Con el primero de los planes quinquenales de Josef Stalin, el educador Anton Makarenko, con el marxismo como punto de apoyo, se puso al frente del proyecto de una comuna en la que se escolarizaba y enseñaba un empleo a varios cientos de niñas y niños desharrapados, de la calle y pequeños delincuentes, según la información que publicó en 1979 Oscar Fricke. La institución echó a andar en 1927 en Járkov (entonces capital de Ucrania) y se bautizó como Comuna Dzerzhinsky en honor al fundador de la policía secreta soviética, Felix Edmundovich Dzerzhinsky, fallecido en 1926.

Tras experimentar con diferentes tipos de manufacturas, como muebles, y bajo la inercia de los deseos del régimen de acelerar la industrialización, la comuna subió un peldaño y pasó a piratear taladros eléctricos, incluido el de la empresa estadounidense Black & Decker. De ahí, gracias al éxito obtenido, en 1932 decidieron dar el salto a las cámaras de fotos con los primeros duplicados de la Leica A. Ese año lograron apenas unos cuantos prototipos. La empresa alemana había presentado su revolucionario modelo de paso universal de 35 milímetros, por emplear película de cine de ese formato, el 1 de marzo de 1925.

La decisión de falsificar la Leica supuso un revulsivo para el mercado soviético, necesitado de las nuevas y manejables cámaras de fotos tanto para profesionales como para aficionados. La marca que enarbolaría esos aparatos sería FED, las iniciales de Felix Edmundovich Dzerzhinsky. Fabricar y ensamblar las aproximadamente 300 piezas suponía todo un logro para la comuna. El despegue de la producción no empezó hasta 1934 y en 1939 alcanzaron las 100.000 cámaras, según Fricke. A partir de ahí, el número anual alcanzó las 175.000 a las puertas de la II Guerra Mundial.

Con la invasión alemana en 1941, fueron bombardeadas las instalaciones de la comuna en Járkov, uno de los epicentros de la contienda. Ya entonces FED se había lanzado al sector aeronáutico y durante los años de conflicto fabricó componentes militares desde una sede provisional en territorio ruso. La segunda ciudad de Ucrania acogió desde 1952 una nueva sede de FED que también ha sido bombardeada en la actual guerra, como ha podido comprobar EL PAÍS. Del edificio histórico, levantado en ese año, apenas queda la fachada. En las instalaciones adjuntas, con paneles de madera por ventanales, los trabajadores cruzan el torno de salida mientras guardias de seguridad revisan sus pertenencias. Uno de los empleados, que no da su nombre, se limita a responder que las cámaras de foto son historia en esta factoría, donde los modelos posteriores hasta la FED 5 se dejaron de fabricar hace unas tres décadas. La web de la compañía se reconoce heredera de la comuna Dzerzhinsky. Explica que hoy en día es puntera en el sector aeroespacial, presume de sus importantes patentes e informa de que exporta el 60% de su producción.

De cualquier forma, Ucrania —como parte de la extinta URSS— fue algo así como el reino de las falsas Leica, según José Luis Mur, coleccionista e historiador especialista en cámaras que regenta en Madrid la empresa de fotografía Fotocasión. Él distingue entre réplicas, copias y falsas. Las réplicas son cámaras que han marcado una época en Leica y que luego las ha vuelto a hacer la propia marca, como la Leica Cero, prototipo que nunca salió al mercado del que se calcula quedan 11 en todo el mundo de la treintena que se fabricaron. Han batido récords en las subastas alcanzando los 14,5 millones de euros, detalla Mur. En cuanto a las copias, “casi todos” los fabricantes copiaron a Leica, comenta el especialista en conversación telefónica. Cita marcas no solo soviéticas, sino las japonesas Canon, Minolta o Yashica, nacidas también en la primera mitad del siglo pasado.

Las falsas Leicas de Fed, como la de este reportaje, se dejaron de fabricar en 1955. Una década antes, Yevgeni Khaldei (1917-1997) ya formaba parte de la historia de la URSS y de la fotografía. Como reportero del ejército rojo, cubrió la toma de Berlín en 1945 y montó, con una de las banderas comunistas que llevaba, la imagen triunfal de varios soldados colocando esa enseña sobre la sede del Reichstag alemán (el Parlamento). Pero, para evitar la incorrección política, uno de los dos relojes que lucía uno de los uniformados —producto del pillaje, se supone— tuvo que desaparecer en el laboratorio. De nuevo la falsedad se hace su hueco. Khaldei usaba orgulloso para su trabajo las versátiles Leica de 35 milímetros. ¿Era material original salido de fábricas alemanas o, quizás, eran las falsas Leica soviéticas? José Luis Mur cree que eran de las fetén.

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Sobre la firma

Luis de Vega
Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear en la sección de Madrid. Antes trabajó en el diario Abc, donde entre otras cosas fue corresponsal en el norte de África. En 2024 ganó el Premio Cirilo Rodríguez para corresponsales y enviados especiales.
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