Arundhati Roy, escritora: “Es el pueblo de Irán el que tiene que cambiar el régimen. No EE UU”
La escritora india, autora de ‘El dios de las pequeñas cosas’, encarna la figura de la intelectual radical y global. Rechaza el ataque de Trump en suelo iraní. Argumenta que ella vive bajo un régimen cruel, el de Nerendra Modi, pero eso no significa que quiera que llegue Estados Unidos a bombardear el país. Y avisa de que en autoritarismo, la India va muy por delante de Occidente: allí, dice, el odio y el veneno ya no vienen solo del Estado, sino también de la sociedad


La cita para esta entrevista, al principio, estaba fijada a mediados de febrero en un hotel de Berlín. La escritora Arundhati Roy (Shillong, India, 64 años) estaba invitada a la Berlinale, el festival de cine, con ocasión del estreno de la versión restaurada de In Which Annie Gives It Those Ones (en el que Annie la monta, sin traducir al español), un popular telefilme de 1989 cuyo guion ella escribió y en el que actuó. A última hora, y estando en París a punto de subirse al avión hacia Berlín, vio que, en una rueda de prensa el cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado, y otros miembros del cónclave eludían las preguntas sobre Israel y Gaza. “Me sorprendió que personas tan inteligentes tuviesen miedo de decir cualquier cosa sobre Gaza”, recuerda Roy. Y anuló el viaje y la entrevista.
La autora de El dios de las pequeñas cosas, la novela que la lanzó a la fama hace casi tres décadas, publicó hace unos meses en castellano Mi refugio y mi tormenta (Alfaguara, traducción de Catalina Martínez Muñoz), unas memorias centradas en la figura de su madre, una mujer a la vez extraordinaria y compleja. “Alguien me dijo que tuve la misma relación con la India que con ella”, dice. “La India también es mi refugio y mi tormenta”. Acosada por el nacionalismo hindú, y en el punto de mira de la justicia de su país por haber cuestionado que la región de Cachemira hubiese sido históricamente india, Roy —referente para intelectuales occidentales como Judith Butler o Naomi Klein— encarna la figura de la intelectual radical, a la vez global y muy arraigada en la India, su civilización y su universo de referencias.
“Por supuesto, habría podido ir al pase en Berlín, pero entonces habría sido ‘la mujer cabreada en el circo’, y era algo que yo no quería hacer”, explicó unos días después de la polémica en la Berlinale. Roy ya había vuelto a Nueva Delhi y se había concertado otra cita para la entrevista, esta vez por videoconferencia. “Es interesante”, explicó, “porque ha circulado una cita de Wim Wenders, de 1988, y es muy inteligente lo que dice. Dice que las películas que no son políticas son en realidad las más políticas, porque en cada fotograma apoyan el statu quo. No es que esto no se entienda ahora, es que, cuando se trata de Gaza, los cerebros se revuelven. Pueden ser políticos sobre cualquier cosa, pero no sobre Palestina”.
Pregunta. La han llamado activista, pero no se siente cómoda con esta etiqueta. ¿Cómo se definiría a usted misma?
Respuesta. Yo creo que no hay nada tan político como ser escritor. Aunque escribas un cuento de hadas, aunque escribas sobre un matrimonio en crisis, aunque escribas sobre la vida sexual de los peces dorados, hay un punto de vista, una visión. No confundamos la política con las elecciones y el voto, ni con los temas de actualidad. Esto es parte de la política, pero la política es algo mucho más profundo, y solo los artistas pueden llegar hasta ahí.
P. Ha escrito que, tras el éxito mundial de El dios de las pequeñas cosas, publicada en 1997, “lo que [le] sostuvo fue la política y la rabia”. ¿Sigue sintiendo esta rabia?
R. Sí. Hay una vieja tradición, en la India, la de los llamados movimientos de justicia social, que esencialmente van en contra del sistema de castas. Según la Constitución india se supone que no debe practicarse el sistema de castas, pero la casta es el motor de la India. Este enfado está en toda mi obra. Pero en los últimos 15 años el enfado y el pesar reside en que todo el odio y el veneno ya no viene solo del Estado, sino que ha llegado a la sociedad. Los medios de comunicación, las series de televisión, las películas… Si piensas que las películas no son políticas, deberías ver las películas no políticas de Bollywood. Llenas de odio, de mentiras, de nacionalismo. El arte que se dice no político es lo más político que hay.
P. ¿Contra qué siente la rabia ahora?
R. Lo mismo que entonces. El nacionalismo hindú. El sistema de castas. La construcción de grandes presas. El desplazamiento de personas. La tala de bosques, las minas. La masiva disparidad de ingresos entre ricos y pobres, la concentración de la riqueza entre unas pocas manos.
P. ¿La India, y lo que usted denunciaba hace 25 años en sus ensayos sobre la bomba atómica o el nacionalismo hindú, recogidos en Mi corazón sedicioso (Anagrama, en castellano), era un aviso sobre lo que vendría en el resto del mundo?
R. En muchos países europeos se oyen ecos del fascismo del periodo anterior a la II Guerra Mundial, pero todavía no es la maquinaria plenamente organizada como en la India. Todavía tenéis algunos medios que están a favor y otros en contra. Todavía hay partidos de oposición. Nosotros también tenemos partidos de oposición, pero todo está comprometido: las elecciones están comprometidas, los medios de comunicación están comprometidos, los bancos están comprometidos. Aquí es sistémico, y muestra el camino para otros países.
P. Cuando ve a Donald Trump, ¿ve esta tendencia?
R. La diferencia es que Trump es el presidente del país más poderoso del mundo, por lo que su locura puede afectar a otros países. Puede atacar a Venezuela, Irán… Lo que sea. Se puede ver la velocidad a la que están cayendo las instituciones estadounidenses, pero en la India ya han caído. Aquí el país es menos poderoso, pero la organización es más poderosa, la maquinaria está más engrasada. En Estados Unidos todavía hay medios de comunicación y partidos de la oposición y cosas que les quedan por conquistar, mientras que aquí ya ha sucedido todo. Pero si esta guerra [en Irán] se vuelve realmente grande, entonces todo cambiará.
P. ¿Qué cambiará?
R. Ya ha cambiado. Obviamente, está la destrucción de vidas e infraestructuras, pero además es un lugar central en el mundo, y vemos lo que sucede con los precios del petróleo. No es una cuestión solo militar. Es una guerra económica, y de alguna manera veremos un colapso o calamidad económica, a menos que esto acabe pronto, y no hay signos de que vaya a acabar. El bombardeo de escuelas y hospitales es lo que pasó en Gaza y ahora en Irán, pero Irán no es Gaza.
P. ¿En qué sentido no es Gaza?
R. Gaza es un lugar pequeño que ha estado durante décadas sometido a un sitio militar. Irán, aunque ha estado sometido a sanciones, tiene aliados y muchas armas.

P. ¿Cuál sería su mensaje a los muchos iraníes y particularmente a las mujeres iraníes que se sienten muy oprimidos por el régimen de los ayatolás, y quizá…?
R. … también nosotros nos sentimos oprimidos por nuestro propio Gobierno, pero es el pueblo el que tiene que cambiar el régimen. No corresponde a EE UU apropiarse de los recursos, bombardear hospitales y hacer ver que están embarcados en una especie de misión feminista como hicieron en Afganistán… hasta que devolvieron el control a los talibanes.
P. ¿Entiende a las mujeres iraníes que pueden decir: “No me gusta lo que hace EE UU o Israel, pero al menos hacen caer a este régimen”?
R. Deberían preguntarles a las mujeres de Afganistán qué les ocurrió a ellas. Nosotros [en la India] tenemos el mismo problema. Intente ser musulmán en este país… No hablo desde la inocencia, y entiendo lo que es ser mujer bajo un régimen que no es amable con las mujeres. Esta gente no está liberándolas, las está usando. Yo también estoy hablando bajo un régimen muy cruel, pero ¿cree usted que queremos que venga Estados Unidos y bombardee? Se trata de una batalla política que debemos librar nosotros.
P. Alguna vez escribió que usted tenía “una diana en la espalda”. ¿La tiene aún?
R. Sí, cualquiera que no pertenezca al proyecto hindutva [la ideología del nacionalismo hindú] la tiene. Tengo amigos en prisión. Han cambiado las leyes antiterroristas para incluir a intelectuales. Nos llaman terroristas narrativos.
P. Usted misma está bajo amenaza de un procedimiento judicial, por sus declaraciones sobre Cachemira. ¿Ha pensado en el exilio?
R. No.
P. ¿Por qué? Está en riesgo en su propio país. En muchas partes del mundo la acogerían.
R. No lo creo. La bienvenida duraría un par de meses y ya está. No podría. Aquí es donde vivo, donde discuto, donde escribo, y por muy molesto que sea vivir aquí, como escritora es lo que conozco. Hay una naturaleza, algo salvaje en la India que no existe en Occidente, una situación en la que se despliegan todo tipo de imaginarios que no han sido integrados en el marco de una religión, una manera de pensar, una manera de entender lo que es la civilización. Es esto lo que me gusta de la India y lo que este régimen intenta destruir diciendo que debe haber una lengua, una religión, un lo que sea…
P. ¿Qué le da motivos para la esperanza?
R. Si utilizo mi sentido de la racionalidad, entonces estoy completamente desesperanzada. Dediqué uno de mis libros de ensayos a las personas que han aprendido a separar la esperanza de la razón. Para tener esperanza, tenemos que ser irrazonables. Pero ahora mismo nos encontramos en una situación muy muy peligrosa. No es momento para los bellos eslóganes.
P. Su madre dijo una vez que este es el momento para una revolución. ¿Tenía razón?
R. Por supuesto, pero en la India es muy difícil hacer una revolución debido al sistema de castas. Mao dijo que una sola chispa puede incendiar la pradera, y yo digo que en la India no tenemos una pradera, tenemos un laberinto, y esa chispa se pierde entre todas las castas, la religión y el idioma.
P. Es usted bastante pesimista sobre el mundo, siempre lo ha sido, desde que en los años noventa alertaba sobre el apocalipsis nuclear.
R. La cuestión es que la palabra pesimista suena cercana a la desesperanza, pero no soy de esas personas que creen que de repente va a pasar algo y que todo el mundo va a ir por este camino o va a cambiar de esa o aquella manera. El mundo es un océano con muchos tipos diferentes de peces, corales y algas, y cosas diferentes que suceden en lugares diferentes en momentos diferentes. No tengo una idea general de lo que es el mundo. Lo único que creo que es coherente en cierto modo es el capitalismo, y eso es lo que lo está destruyendo ahora. A veces siento que una nueva generación joven en Occidente, en Oriente o en cualquier otro lugar va a hartarse de que le digan que la felicidad tiene que ver con poseer esto, desear aquello, querer lo otro. También creo que en los próximos dos años, más o menos, el mundo va a ser irreconocible, para bien y para mal, debido a la inteligencia artificial, la IA. Así que ni siquiera sabemos lo que va a pasar. Ni siquiera entenderemos lo que nos está pasando.
P. ¿Pero se trata, con la IA, de una cuestión tecnológica o también es política?
R. No, no, la IA no será tecnológica, será social, será intelectual, será cultural, será política. Esas cinco empresas de IA son propiedad de cinco hombres blancos que están acaparando los datos de todo el mundo, la historia de todo el mundo, la cultura de todo el mundo, la literatura de todo el mundo, la habilidad para jugar al ajedrez, la medicina… Todo se va a utilizar para alimentar esta máquina de IA. Por supuesto, habrá algunos beneficios, pero ¿cuál será el coste? No solo para las personas, sino para nuestra cordura, nuestras habilidades, nuestra inteligencia real.
P. ¿Cuál será el coste?
R. El problema es que a medida que la inteligencia artificial se vuelva cada vez más poderosa, la inteligencia humana real disminuirá, y no sé en qué nos convertiremos.
P. ¿En una especie menos inteligente?
R. Sí, eso creo. Pero, como he dicho, hay que separar la esperanza de la razón. Hay que aprender a reírse de todo.
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