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Branko Milanović, economista: “Las clases medias occidentales esperaban que la globalización les funcionase. Y no lo ha hecho”

El investigador nacido en la antigua Yugoslavia, especialista en desigualdad, señala que la educación y la sanidad públicas aseguran la igualdad de oportunidades

Branko Milanovic en la Residencia de Estudiantes en Madrid, este 20 de febrero.Jaime Villanueva

Cuando Branko Milanović (Belgrado, actual Serbia, 72 años) se puso a estudiar la desigualdad global se le apareció, como a un explorador selvático, un paquidermo. Su famoso gráfico del elefante (porque tiene esa forma) muestra los resultados de la globalización: ha hecho crecer sobre todo a las clases medias emergentes (como la china) y al 1% más rico. Las menos favorecidas son las clases medias occidentales. Los más pobres, en África, siguen en el vagón de cola.

Formado como economista de investigación en el Banco Mundial, Milanović es uno de los mayores expertos en desigualdad. La ha tratado cuantitativamente, como en el citado caso, y también ha rastreado las ideas que diferentes pensadores (Marx, Smith, David Ricardo…) han tenido sobre ella (en el libro Miradas sobre la desigualdad). Ha estudiado el futuro del capitalismo, y cómo mejorarlo (en Capitalismo, nada más), o el fin del comunismo, del que tiene recuerdo personal, pues se crio en la Yugoslavia de Tito. Su última obra, The Great Global Transformation (la gran transformación global, sin edición en español), relata cómo el neoliberalismo se debilita en favor de un “liberalismo de mercado nacional”, en un orden mundial multipolar.

Milanović recibe en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde se hospeda invitado por Moncloa. Es cercano y hablador, ha vivido en España, y sabe pedir un café solo y un agua con gas.

Pregunta. ¿Cómo se interesó por la desigualdad?

Respuesta. Siempre he estado interesado en las cuestiones sociales y la estructura de clases. Luego, en la carrera, estudié estadística matemática, aunque sin aplicación real. Vi que las distribuciones que estudiaba tenían mucho que ver precisamente con la estructura de clases, con ricos y pobres.

P. ¿Y de dónde venía su interés por lo social?

R. Estas cuestiones también existían en sistemas socialistas, como en el que me crie: también eran sociedades de clases. La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción no eliminaba las clases. Eran estructuras diferentes, pero la movilidad social también estaba determinada por los ingresos y el origen familiar.

P. La desigualdad: ¿fallo o motor del sistema?

R. Es como la gasolina del motor, porque sin ella no habría gente trabajando duro o inventando. La necesitas, pero debes tener cuidado de que no se mezcle con otras cosas o haya demasiada.

P. ¿Por qué la necesitamos?

R. Necesitamos incentivos. Uno de los problemas del comunismo era la falta de estos cuando todos cobraban más o menos lo mismo. ¿Para qué innovar? Te podían dar una medalla al mérito, pero nada más.

P. El movimiento antiglobalización, a principios de siglo, avisaba contra los riesgos del neoliberalismo. ¿Tenía razón?

R. Simpaticé con aquel movimiento altermundista. Estaba contra la gran financiarización y tenía razón, porque el poder del sector financiero realmente creció. Pero no definieron qué más querían hacer. Además, la globalización, tal y como sabemos ahora, empoderó y generó mayores ingresos a muchas personas pobres en países como China, India, Indonesia o Vietnam. En ese caso fue para bien. Pero también dejó a las clases medias occidentales insatisfechas. Y al 1% en la cima le fue muy bien.

P. Las clases medias occidentales fueron convencidas de las bondades de la globalización. ¿Fue una estafa?

R. Sí, algo así… Reagan y Thatcher no dijeron a la población que iba a ser alcanzada por China en 40 años, que las fábricas se iban a ir a China, que iban a ser invadidos por productos baratos de allí, que iban a tener televisiones baratas pero que no iban a tener un empleo… Nunca lo explicaron así, supongo que porque nunca pensaron que eso iba a pasar.

P. ¿Nadie pensaba que ese elefante podía aparecer?

R. No, las clases medias occidentales esperaban que la globalización funcionase para ellas. Y no lo ha hecho.

P. ¿Es esta la causa del auge de la extrema derecha?

R. Eso pienso. Estas clases medias no es que se hayan hecho pobres, pero han crecido menos que las asiáticas, por ejemplo. Ese resentimiento se traslada en voto de derechas por la idea de que así van a volver los empleos o se va a mantener fuera a la gente que compite por ellos. Con este auge de la extrema derecha, la desigualdad puede ser una amenaza para la democracia.

P. Es curioso el caso chino: el Partido Comunista ha metido el capitalismo en una jaula y juega mejor que los verdaderos capitalistas.

R. Precisamente, uno de los líderes chinos dijo que la empresa de libre mercado es como un pájaro. Si lo asfixias, el pájaro muere; si le das libertad, el pájaro se va. Debes tener la jaula óptima. Así han crecido más que los países occidentales. Ahora su preocupación es que los ricos no dominen el Partido Comunista, cosa que antes de Xi Jinping podía suceder.

P. ¿La extrema derecha va a traer de vuelta los empleos?

R. También la izquierda apuesta por la reindustrialización, pero no creo que Europa vuelva a los viejos tiempos industriales. Con la tecnología, con la IA, no volveremos a tener empresas con miles de trabajadores.

P. La extrema derecha combate la inmigración.

R. Piensan que los inmigrantes les van a quitar sus trabajos. No es descabellado, pero muchos estudios muestran que la inmigración hace crecer la economía y genera más puestos de trabajo. Creo que la extrema derecha no está loca en este asunto, pero no sabe ver el cuadro completo. Y es natural que los trabajadores afectados no lo vean y que persigan su interés personal.

P. Hay quien dice que la tecnología actual acabará con el crecimiento económico.

R. España es uno de los tres o cuatro casos de éxito en el mundo donde hay a la vez democracia, alto crecimiento y creciente relevancia en el panorama internacional. Respecto al crecimiento general, no podemos saberlo, pero no creo que sea por la tecnología en sí misma.

P. Pero la desigualdad crece en España.

R. Sí, pero dentro del marco europeo, es una desigualdad razonable.

P. ¿Quiénes son esas élites globales?

R. Son grandes capitalistas, porque tienen mucha propiedad, y —esto es muy interesante— son trabajadores muy bien pagados. Esto es algo que Marx, por ejemplo, no pudo prever. Consejeros delegados, pero también ingenieros o doctores. Lo llamo homoplutia (del griego homo, lo mismo, y plutia, riqueza). En Estados Unidos supone el 3%. En España y otros países europeos es el 2,5%. Son gente que transmite su privilegio a sus descendientes y estos piensan que se lo merecen, porque han estudiado en los mejores sitios y se han esforzado.

P. La meritocracia.

R. Efectivamente, pero olvidan que la mayoría de sus ingresos vienen del capital y que la mayoría de sus oportunidades vienen de sus padres.

P. ¿A la gente le preocupa la desigualdad?

R. El capitalismo actual es extremadamente competitivo. Y empuja a la gente a ser extremadamente competitiva, a ganar mucho dinero y a proyectar su éxito en las redes sociales. “No quiero disfrutar de esta comida cara, sino enseñártela”. Así es difícil que la gente quiera limitar la desigualdad.

P. Pero ¿podemos reducirla?

R. Sí, eso es todavía es posible, mediante la educación y sanidad públicas, transferencias sociales.

P. Vamos en dirección opuesta.

R. Sí, justamente en la opuesta.

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