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Clavicular, el ‘influencer’ extremo que preocupa y fascina a los medios: drogas, misoginia, autolesiones y una vida en directo

Una supuesta sobredosis en directo ha sido la última noticia que ha dado Braden Peters, influencer de la ‘manosfera’ de solo 20 años que promueve un estilo de vida que, a veces, él mismo tiene que cuestionar

Clavicular, o sea, Braden Peters, cerrando un desfile en la última Semana de la Moda de Nueva York.Victor VIRGILE (Gamma-Rapho via Getty Images)

El pasado martes, 14 de abril, el influencer Clavicular fue hospitalizado por una supuesta sobredosis mientras realizaba una retransmisión en directo en un centro comercial de Miami, ciudad en la que reside. Durante la emisión, el joven de 20 años comenzó a dar muestras de comportamiento errático y ausente, con dificultades para abrir los ojos o sostener la cabeza. “Hago lo que puedo, pero estoy destruido”, masculla. Uno de sus acompañantes, Androgenic -otro influencer, conocido como “el Clavicular australiano”, le pregunta si quiere “un addy” (Adderall, medicamento de anfetamina usado como tratamiento del TDAH). Pocos instantes después, la emisión en directo se interrumpe.

Horas después Clavicular publicó una imagen en X con marcas de sangre en la cara, y definió lo sucedido como “brutal”: “Todas esas sustancias son solo una forma de lidiar con intentar sentirme neurotípico mientras estoy en público, pero obviamente no es una solución”. También aseguró que el hospital le recomendó permanecer ingresado, pero abandonó voluntariamente la institución para acudir a un evento en el club Bacara de Miami, donde continuó con su ritmo habitual de retrasmisiones en directo consistente en, en esencia, emitir casi toda su vida online.

El episodio ha obtenido un eco inesperado en medios, donde la presencia del creador de contenido no deja de subir en los últimos meses. Se ha convertido en la cara más visible de un fenómeno creciente que ha saltado de la subcultura digital al mainstream: el looksmaxxing, cuya traducción aproximada sería “maximizar la apariencia”. En términos más elementales, todo por la belleza.

Con términos como “mejora personal” o “ascenso” se disfrazan consumo de medicamentos sin supervisión médica, todo un ramillete de trastornos de la conducta alimentaria o, directamente, automutilación.

En la mejor tradición estadounidense de gestación de personajes, Clavicular es un hombre hecho a sí mismo. Desde su nombre, procedente de su nick para la vida online, que ha opacado a su verdadero nombre, Braden Peters, a su aspecto, que ha moldeado, según explica él mismo, a martillazos, entre otros elementos. La peligrosa y cada vez más popular técnica conocida como bonesmashing consiste en golpearse los huesos de la cara para romperlos, con la convicción de que, como le ocurriría a un boxeador, eso endurecerá los rasgos faciales. Además, a sus 20 años, es uno de los más preclaros ejemplos de una persona educada por internet. Tras una infancia definida como “completamente normal” en el seno de una familia de clase media de Nueva Jersey, se lanzó muy pronto a pasar 14 horas al día online, especialmente en los foros Looksmax. Peter ha contado su vida no solo en sus perfiles de Internet (suma millones con casi 550.000 seguidores en Instagram, casi 900.000 en TikTok y más de 300.000 en Kick, además de otras redes), también en diversas entrevistas. The New York Times o la edición estadounidense de GQ le han dedicado entrevistas que oscilan entre la fascinación y el schadenfreude. Los datos que se dan en este artículo obedecen a todo lo que él ha declarado en sus redes o en esos medios.

“La estética importa”

Asociados al fenómeno incel, los foros Looksmax son parte de una subcultura que relaciona un tipo muy concreto y hegemónico de belleza con el éxito social y sexual. Las prácticas para obtenerla van desde el elemental uso de la higiene a ejercicios de remodelación facial de supuesta eficacia para transformar la línea de la mandíbula -la obsesión por el mentón y la falta de papada es una constante en estos círculos-, entrando, por supuesto, en la cirugía. “La estética importa” es el lema de este mundo, y Braden lo asumió como un mantra con la fe del converso. Se convirtió en uno de los usuarios más activos de los foros que propugnan el looksmaxxing e incluso en moderador, aunque el contenido característico no destaca precisamente por haber sido moderado ni filtrado, sino más bien por ser un campo abierto a las mentiras, las seudociencias, la misoginia, el racismo y las ideas de extrema derecha.

Aunque Clavicular afirma que en su primera adolescencia y en el instituto no destacaba por su físico, su carisma o su sociabilidad, existían a su alrededor ciertos elementos clave para cambiar eso, y no solo en la esfera digital: su madre había sido culturista y tenía un gimnasio en casa. A los 14 años (coincidiendo con el confinamiento por la crisis del COVID) comenzó a inyectarse testosterona que compraba por internet. Cuando sus padres lo descubrieron, tiraron sus existencias, pero él procedió a abrirse un apartado de correos para recibir sus dosis allí. Asegura que su familia terminó tirando la toalla porque “no había nada que pudieran hacer para detener mi ascenso”. En la jerga del looksmaxxing, “ascenso” es la palabra más empleada para hablar de mejoría y desarrollo personal. Algunos elementos en la forja de este héroe (o villano) mezclan realidad y ficción de la forma inextricable en la que la vida digital suele hacer.

Clavicular asegura que él ha moldeado su cara a martillazos para “afilar” sus huesos. Y con un éxito dado su aspecto actual de Superman diseñado por una IA. Y no solo su cara: también afirmó (en GQ) haber aumentado el grosor de su pene colocando pesas sobre él, lo que según él le ha permitido obtener erecciones más potentes. A esto se suma su apología del consumo de metanfetaminas para controlar el apetito y no comer, de esteroides cuyo uso solo está permitido en animales y de una plétora de pastillas que van desde las que estimulan el crecimiento capilar, hasta las indicadas contra la ansiedad, pasando por las que potencian el bronceado.

Su madre había sido culturista y tenía un gimnasio en casa. A los 14 años (coincidiendo con el confinamiento por la crisis del COVID) comenzó a inyectarse testosterona que compraba por internet.

Su paso por la universidad fue efímero; le expulsaron al poco de entrar por encontrarle esteroides. A este respecto, comentó en una entrevista con el podcaster Adam Friedland: “Si quieres ganar cientos y cientos de dólares sin préstamos, mejor invierte en cirugía estética y no en la universidad. De hecho, puedes conseguir préstamos universitarios e invertirlos en cirugía estética”.

La línea entre si lo que está diciendo es real o provocación es difusa. El problema es que Clavicular tiene cientos de miles de seguidores que siguen sus consejos y que le han convertido en la cara visible de un nuevo tipo de masculinidad a la que aspirar. Lo cierto es que aunque venga envuelta en un neologismo y cuente, como todos los nichos de internet, con su propio vocabulario incomprensible para los no iniciados (una Becky es una mujer de atractivo mediano, una Stacey una mujer de alto valor, un Chad es que un tío bueno canónico), lo que propugna esta teoría es la enésima vuelta de tuerca a un fenómeno que ha existido siempre en el mundo digital: el de los hombres que buscan atractivo físico y éxito con las mujeres mediante tácticas retorcidas y manipuladoras propias del control mental. El libro The Mystery Method, publicado en 2005, sería solo uno de los muchos ejemplos. Las mujeres aparecen en él como seres sin criterio propio a los que se puede confundir mediante piropos envenenados, una seguridad en uno mismo aplastante o movimientos similares a los del control canino, para que caigan en lo que los usuarios del método llaman “seducción”. Esto se mezcla con el descubrimiento por parte de la esfera del looksmaxxing de que la gente bella tiene, en principio, las cosas más fáciles en la vida. Y en vez de intentar cambiarlo o mantener una posición neutra, el movimiento abraza este hecho con fuerza, buscando beneficiarse de ello a cualquier costa. Así, con términos como “mejora personal” o “ascenso” se disfrazan consumo de medicamentos sin supervisión médica, todo un ramillete de trastornos de la conducta alimentaria o, directamente, automutilación. De los subforos al mainstream, es una nueva encarnación de la eugenesia, una pseudociencia que reviste con términos vagamente científicos la pura superchería.

El sistema ‘Clavicular’

Clavicular asegura que su contenido también se dirige a mujeres, pero su público es en aplastante mayoría masculino. No es de extrañar: parecería que sus usuarios descubren de la nada un universo de exigencias e imposiciones contra el que las mujeres se han rebelado especialmente en los últimos años. La manosfera llega años tarde, inventándose o exacerbando unos estándares que son el pasaporte directo a la infelicidad y la insatisfacción, analizados y desmontados hace décadas por el feminismo. Pero en un contexto en el que incluso este feminismo se encuentra de capa caída, oscilando la sociedad hacia posiciones más conservadoras, aparecen cada vez más oídos ávidos y ojos deseosos de consumir el mensaje.

Y hay mucho por consumir. Para quien desee buscarle, Clavicular ofrece horas de contenido sin fin: retransmite prácticamente todas sus horas de vida por streaming en la plataforma Kick, la alternativa todavía más extrema y descontrolada a Twitch. Allí se le puede ver lanzando sus soflamas sobre mejora personal y “evaluando” la belleza ajena como algo objetivo, medible y cuantificable en términos de simetría y huesos bien colocados. Sobre todo, la belleza femenina, lo que le ha llevado a afirmar que Sydney Sweeney está “malformada”: “Su maxilar superior está extremadamente retraído” y su mirada no tiene soporte infraorbitario". Sus comentarios más ofensivos y misóginos se convierten en clips virales -editados por otros miembros-, y se difunden en otras redes aumentando su popularidad. Así ocurrió en 2023, cuando vivió un boom gracias a TikTok. Ha creado su propio “sistema Clavicular”, donde por una suscripción de 39 dólares al mes permite el acceso a vídeos sobre estética, cuidado de la piel, farmacología o habilidades sociales, así como a formar parte de una comunidad de miembros autodefinida como “exclusiva”. La mejor publicidad de ese estilo de vida es él mismo. En un mundo donde la validación definitiva, especialmente en Estados Unidos, es el dinero que ganas, él afirma ganarlo a espuertas. Según sus declaraciones a The New York Times, en el mes de enero de 2026 ganó 133.000 dólares directamente en Kick, aparte de lo conseguido por patrocinadores y espónsores (como un casino online).

Sus incursiones fuera de la pantalla acostumbran a estar rodeadas de controversia: desde el principio de su fama ha bordeado peligrosamente la delincuencia, con episodios como un accidente de coche debido a que, en sus propias palabras, se había dormido al volante por culpa de los medicamentos, o una detención acusado de provocar una pelea entre dos mujeres para retransmitirla online. Aunque no cuenta con un diagnóstico, se define como neurodivergente, y asegura que sin la metanfetamina se vuelve maleducado. Cuando se graba por la calle se dirige a desconocidos, en ocasiones ridiculizándoles; a menudo fans adolescentes se agolpan a su alrededor para salir en su retransmisión, algunos le corean, otros le insultan. Se montan algaradas y tiene que intervenir la policía. Ha sido detenido varias veces por posesión de sustancias ilegales, y es objeto de investigaciones por episodios como disparar con un revólver al cadáver de un caimán. Por supuesto, durante una retransmisión en directo.

Otro punto álgido de su ascenso a la fama fue cuando en una entrevista en el Daily Wire, un medio de derechas, aseguró que pese a que sus ideas iban más en consonancia con el republicano JD Vance, votaría por el demócrata Gavin Newsom por ser más atractivo frente a un “obeso” Vance. Estas declaraciones, al igual que otras, no le acarrean ningún tipo de consecuencia negativa. Ha sido adoptado por la extrema derecha como una especie de mezcla de mascota y ejemplo a seguir, y por supuesto, su público jamás le reprocha episodios como cuando bailó en un club la canción Heil Hitler, de Ye (el artista anteriormente conocido como Kayne West), la ocasión en la que aseguró que las mujeres no deberían tener derecho a voto o el momento en el que afirmó haber atropellado a alguien y que esperaba que se hubiese muerto.

Al The New York Times aseguró que ya no se divertía cuando iba a clubes, pero lo seguía haciendo “por dinero”. También ha afirmado eyacular a propósito al minuto de comenzar un coito “para volver a ser productivo”. Su cuerpo ya no produce testosterona de forma natural, y según declaró a GQ, cree que es infértil. Los que le descubren sin comprar su mensaje oscilan entre considerarle un agente del mal o un descerebrado víctima del sistema, un adicto a las drogas digno de lástima. Algunos incluso especulan con cuánto le quedará de vida.

Desde luego, pocas metáforas andantes de nuestros días hay tan claras como Clavicular: un veinteañero que se hace rico a golpes, literales, para cincelar su cara pero lleva al modelo británico David Gandy de fondo de pantalla de móvil como ejemplo de belleza que nunca podrá alcanzar; alguien que retransmite sus relaciones sexuales -solo con sonido- y las acorta al extremo para no perder engagement; una persona que usa drogas no con afán recreativo sino para producir más. La misoginia, la competitividad, el tratarse a sí mismo y a los demás como una máquina de trabajo ultracapitalista ostensible de ser mejorada y optimizada hasta el infinito, es algo que no se crea ni se destruye, solo se transforma. No es difícil establecer un paralelismo entre el fenómeno Clavicular y del looksmaxxing y la crisis de la masculinidad clásica que ve cómo sus valores se tambalean en pos de la construcción de un mundo más justo. Esta amalgama de creencias, esta forma de vida que autodestruye a sus fieles a golpe de TCAs, drogas e inyectables, ofrece algo en lo que creer: un sistema, un método que en tiempos de incertidumbre se reviste de verdad absoluta. Que brinda certezas y respuestas justo cuanta más falta hacen. Y además es cuantificable, gamificable, se puede medir el progreso, ir siempre a más. Una sed que nunca se sacia.

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