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Martillazos y anfetaminas para alcanzar el ideal hipermasculino: el ‘looksmaxxing’ contamina las redes

El ideal de belleza ultramasculina del ‘trumpismo’ conduce a muchos jóvenes a seguir los nocivos consejos de ‘influencers’ que destrozan sus cuerpos pensando que así los endurecen

Miguel Angel

Hace dos años nos preguntamos en ICON si volvería a triunfar lo que llamamos un hombre normal. O sea, ese que carece de abdominales, generosos bíceps y una mandíbula cuadrada y que el cine actual está representado por actores como Hovik Keuchkerian o Josh O’Connor y en el clásico por leyendas como Humphrey Bogart o Marcello Mastroianni. Mientras la pregunta sigue esperando respuesta, el físico hipermasculino sigue profundamente asentado y los cuerpos masculinos gigantescos y cincelados en el gimnasio siguen asentados, especialmente, en los éxitos que nos llegan a través del streaming, como Rivales o Emily in Paris, por no hablar de su entorno natural: el cine de acción y de superhéroes.

“En la cultura popular, estos rasgos físicos se exageran para que los personajes parezcan superhumanos: por eso se les marcan músculos que ni siquiera existen y la mandíbula es cuadrada”, dice en Toxic geek masculinity in media (Palgrave Macmillan, 2017) Anastasia Salter, que recalca que precisamente en lo que se centra el tan perseguido físico hipermasculino es en subrayar los rasgos que separan el concepto cultural del hombre del de la mujer.

Aunque lo habitual ha sido vincular siempre la presión estética con las mujeres, lo cierto es que cada vez afecta más a los hombres. La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) revela que un 31% de los pacientes que se someten a tratamientos son hombres. De la mandíbula al pene pasando por la estatura, la industria de la cirugía estética no deja de explotar las inseguridades masculinas como ha hecho con las femeninas. Y dentro de estas intenciones, hay dos líneas que han recibido dos nuevos nombres en inglés que pueden marcar el futuro de cómo los hombres se relacionan con la aceptación de su físico.

El denominado softmaxxing (con ese soft que es la traducción de “suave”) promueve las dietas, el cuidado de la piel, rutinas de ejercicio o rutinas de cuidado de la piel. O sea, un acercamiento clásico y poco invasivo al intento de cambiar el físíco. Y enfrentado a él está el hardmaxxing (hard, por “duro”), que ya incluye cirugías (como la de alineación mandibular) o prácticas como el peligroso (y viral) bonesmashing, o sea, “rompehuesos”, que consiste literalmente en golpearse los huesos de la cara para romperlos, con la firme (y errónea) convicción de que eso endurecerá los rasgos faciales.

La idea de que es posible fortalecer la mandíbula y dar forma a unos pómulos más prominentes fracturando los huesos proviene de la Ley de Wolff, un concepto de la biología ósea que teoriza que los huesos sanos se fortalecen al exponerse a estrés mecánico. El problema es que Internet está repleto de foros en los que hombres jóvenes piden consejos para paliar sus inseguridades estéticas y de osados consejeros que están dispuestos a tomarse esa ley al pie de la letra y sin la supervisión de médicos y especialistas. Esta creciente comunidad ya tiene también un nombre: looksmaxxers, que desde la década de los 2010 comparten controvertidos consejos para verse lo más atractivos posible en foros a menudo contaminados por el ambiente machista, si no directamente incel.

La peligrosa tendencia y la alarma que causa en la comunidad médica ha llegado a la prensa generalista. En The Telegraph Cameron Henderson escribe que lo sencillo sería pensar que sus opiniones son simplemente las de un grupo marginal y desagradable que hace ruido en Internet, pero lo cierto es que juntos conforman una mezcla primordial de patologías de internet: dismorfia corporal y una visión del mundo distorsionada por un hiperindividualismo nihilista y una misoginia preocupante. “También representan a un número creciente de jóvenes estadounidenses, siguiendo los pasos de [el influencer misógino] Andrew Tate, que valoran la apariencia y la masculinidad, logradas a través de la hipermasculinidad, por encima de todo”, escribe.

Brian Levin, director fundador del Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la Universidad Estatal de California, explica en el reportaje de The Telegraph que existe una cultura de la apariencia que forma parte de una subcultura que afecta a hombres jóvenes enojados, desilusionados y cada vez más distanciados de la realidad que se mueven especialmente en foros y redes sociales, donde se relacionan con otros hombres de problemáticas semejantes. “Se está convirtiendo cada vez más en el medio de interacción social para jóvenes enojados y alienados”, asegura.

“Las redes sociales han sido fundamentales en la manufactura de ideales estéticos que recogen una diversidad de influencias y que en el anonimato de internet se han despojado de prejuicios y pudor”, explica a ICON Naief Yehya, autor de Sobre la belleza (Alpha Decay, 2025). Las actitudes de narcisismo que explotaron en YouTube, Facebook y Twitter, explica, se extendieron al semiunderground de redes sin regulación tipo 4chan o Reddit, etcétera hasta llegar a plataformas de streaming (con una regulación laxa, digamos) como Discord y Twitch. Así dieron lugar al desparpajo y aceptación popular de las modificaciones corporales por motivos estéticos. “En estos espacios nada es demasiado extremo. Para nadie es secreto que Elon Musk estaba acomplejado por su calvicie y una de sus inversiones más felices fue un trasplante capilar. Las operaciones estéticas masculinas, las inyecciones de bótox, las sesiones de bronceado (así como los espray para pintar la piel), el Ozempic (y otros medicamentos de GLP-1), las dosis masivas de esteroides anabólicos y la preocupación constante con la testosterona dominan las conversaciones en las redes y páginas de la ultraderecha”, asegura el crítico cultural. “Mientras se desmantela lo poco que existe como sistema de salud accesible en Estados Unidos, la clase política hace cola en clínicas estéticas y farmacias para volverse la mejor versión de sí misma. En tiempos de Trump, ser gordo o feo es una condena al olvido y el ostracismo”.

Gabriel Dridi es un creador de contenido popular por dar consejos de looksmaxxing para los hombres. De adolescente comenzó a golpearse el rostro con un martillo durante un minuto en cada sitio todos los días. Su objetivo era crear microfracturas en la mandíbula y los pómulos. “Se me quedó una hinchazón permanente, pero se veía bien”, explicó a The Free Press hace apenas dos semanas en un artículo titulado Los chicos están rompiéndose los huesos para estar buenos. No son pocos los foros en los que jóvenes internautas comparten sus inseguridades físicas y las dudas que tienen tras haber puesto en práctica consejos tras haberlos encontrado en foros o perfiles de redes sociales de poca fiabilidad. “Empecé con la metanfetamina hace como una semana porque quería tener las mejillas hundidas, pero ahora mi corazón hace cosas raras”, dice un chico en una publicación reciente en un foro de looksmaxxing. “Mis pulsaciones por minuto han estado subiendo aleatoriamente unos 30 mientras estaba simplemente relajándome. Estoy un poco preocupado, ¿debería ir al médico?”.

Looksmaxxers y extrema derecha

El streamer Clavicular, cuyo nombre real es Braden Peters y cuyo apodo virtual es una referencia a la inusitada importancia que los looksmaxxers otorgan al ancho de sus clavículas, comenta a sus seguidores que para lucir una mandíbula cincelada se golpea la cara con el puño o con un martillo para aumentar la definición de la mandíbula. Él es de los que promueve el consumo de metanfetamina para mantenerse delgado. Al hablar con el comentarista político Michael Knowles, aseguró que Sydney Sweeney está “deforme”. “Su maxilar superior está extremadamente hundido. Tiene una mirada fatalista sin soporte infraorbitario”. Esta actitud es casi de libro: es otro de esos hombres que a través de las redes sociales atacan el físico de mujeres atractivas al haberse sentido en alguna ocasión rechazados por ellas. Clavicular es amigo de Andrew Tate y del comentarista de extrema derecha Nick Fuentes. Aparecen en un vídeo cantando el tema de Ye Heil Hitler en su camino a una noche de fiesta. “Ni me arrepiento ni me disculpo por lo que hice. Lo volvería a hacer hoy”, ha dicho sobre lo acontecido Clavicular. “Preferiría tener libertad de expresión y la posibilidad de hacer chistes y crear contenido mil veces mejor que ser una pequeña zorra que, ya sabes, tiene que censurarse”.

En American Psycho ya se vinculó el looksmaxxing a la misoginia. Aunque las rutinas de belleza de nueve pasos de su protagonista, Patrick Bateman, hoy no resultarían tan extremas y son cada vez más comunes en el hombre de a pie que ya utiliza vitamina C por las mañanas, protector solar todo el día y retinol por la noche, lo cierto es que su figura se ha convertido para muchos hombres como un referente. Jaap Kooijman, profesor asociado de Estudios de Medios y Estudios Estadounidenses en la Universidad de Ámsterdam, comentó durante una entrevista en CNN que hay que tener en cuenta que la película, que se estrenó mucho antes de las redes sociales, se basa en un principio clave en la actualidad: “la apariencia externa y los bienes de consumo enmascaran el vacío interior”.

Pero, ¿por qué se relaciona tanto la ultraderecha con los looksmaxxers? Naief Yehya lo tiene claro: “El viejo culto de la estética física fascista ha vuelto en forma de esteroides. Los regímenes de extrema derecha están obsesionados con la apariencia neoclásica y nórdica. La validación de sus ideales de pureza racial está fundada en arquetipos de belleza que reflejan en su atractivo y fortaleza la imagen de la vitalidad del grupo en el poder”.

“Como contexto: el fascismo es, como dijo Walter Benjamin, la estetización de la vida política”, continúa. “Guy Debord analizó el fascismo como una expresión cada vez más dominante del espectáculo que va más allá de la propaganda al sintetizar la idea del Estado en la figura del líder. Lo que cuenta en la vida pública es la puesta en escena, la explotación de las emociones y el despliegue estético con protagonistas que reflejan mitos y fantasías, asimilados por la cultura pop”.

Asegura que, al convertir la vida política en un show, los protagonistas se asumen no como burócratas ni funcionarios, sino como estrellas de un espectáculo. “La estética MAGA, que va desde los rostros Mar-a-Lago hasta la musculatura y los tatuajes vagamente nazis, ha pasado a volverse una característica dominante en el debate político. Desde el secretario de guerra Pete Hegseth, con su físico de quarterback de instituto, hasta el subdirector del gabinete de políticas generales de la Casa Blanca y consejero de seguridad nacional, Stephen Miller, con su estudiado look de Joseph Goebbels, pasando por el pequeño Führer de ICE, Gregory Bovino, con su gabardina Gestapo, los protagonistas del reality show que es el poder trumpiano interpretan papeles en la grotesca coreografía de saqueo, corrupción, intimidación y desmantelamiento de los derechos civiles que se vive hoy”, asegura.

“Los looksmaxxers tienen una visión igualmente superficial de la belleza, como una especie de matemática rígida con una única solución cognoscible”, señala en The Atlantic Thomas Chatterton Williams. “Pero creen que esto la hace maleable: uno puede ascender a un plano superior de atractivo con suficiente dinero, esfuerzo y quizás la disposición a probar la metanfetamina”. Consideraríamos innecesario añadir aquí el clásico “no lo intente en casa”, pero visto lo visto, tal vez no esté de más.

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