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Del delincuente a la falsa aliada: los ocho jefes más terroríficos de la pantalla

El estreno de ‘Send Help (Enviad ayuda)’, en la que Rachel McAdams se queda sola en una isla desierta con su insoportable superior, vuelve a poner en la pantalla el personaje más terrorífico de nuestras vidas reales: un jefe sin escrúpulos

Los hay animados como el señor Cangrejo, que impone sus malas artes en Fondo de Bikini, o el Montgomery Burns de Los Simpson, símbolo de la avaricia corporativa, y tan de carne y hueso como el Franklin Hart Jr, al que hace 45 años quisieron asesinar Dolly Parton, Jane Fonda y Lily Tomlin en la divertidísima Cómo eliminar a su jefe. También el que interpreta el jovencísimo Dylan O’Brien en Send Help: Enviad ayuda, que llegará a la gran pantalla en unos días.

Los malos jefes son una constante en la pantalla. En la última película de Sam Raimi (Posesión infernal, Arrástrame al infierno), O’Brien es un líder prepotente, condescendiente y machista que ha heredado el puesto y tiene como hobby humillar a una de sus empleadas, interpretada por Rachel McAdams, hasta que un accidente de avión les obliga a convivir en una isla desierta donde las tornas se cambiarán y veremos quién es quien representa el verdadero liderazgo.

Estando al frente un maestro del terror como Raimi podemos esperar altas dosis de espanto, pero alguno de los jefes horribles de esta lista da mas miedo que cualquier monstruo cinematográfico.

Michael Scott: el jefe incompetente

¿Quién es? Steve Carrell en The Office.

El original fue el David Brent de Ricky Gervais, cocreador, coguionista y codirector de la The Office británica, pero el Michael Scott de la versión estadounidense fue un dignísimo sucesor. Nadie esperaba que la serie protagonizada por Steve Carell alcanzase las cotas de excelencia de la pequeña obra maestra de la BBC, pero ahí están sus nueve temporadas para certificar su acierto y lo oportuno de su adaptación. Y también las audiencias que siempre la acompañaron y el Globo de Oro que recibió Steve Carell por su interpretación.

El director de la empresa Dunder Mifflin Paper Company, la papelera más famosa de Scranton (Pensilvania), es una presencia obligatoria de las listas de peores jefes de ficció. Es egoísta, cotilla y falta al respeto de sus empleados sin ningún miramiento. Aunque no alcanza los niveles de vergüenza ajena e incomodidad que provocaba Brent y en ocasiones puede resultar hasta tierno. De hecho, Gervais consideraba que Brent “era simplemente un tipo que ansiaba ser amado”, y mucho de eso hay también en Scott. Incluso hay seguidores de The Office que creen que su profunda estulticia no es más que una máscara que utiliza para divertirse, pero es difícil de creer. Scott es lamentable en su comportamiento con sus empleados, que generalmente tienen que arreglar sus desaguisados, y también un desastre como trabajador de la empresa que dirige.

Al igual que Brent, Scott es un egocéntrico de manual con tendencia a los comentarios ofensivos y sin ningún sentido de la corrección política, pero lo peor de todo es su afición a las reuniones de trabajo eternas. ¿Puede haber algo peor?

Logan Roy, la empresa familiar

¿Quién es? Bryan Cox en Succession.

Tal vez lo más inquietante de Succession es el hecho de que la serie de Jesse Armstrong está indisimuladamente basada en una familia real, los Murdoch, los dueños de Fox News, The Wall Street Journal y The Sun. Hay similitudes obvias: el patriarca tiene cuatro hijos, es despiadado, acumula conquistas y dirige un imperio mediático. Si a pesar de tanta acumulación de similitudes alguien todavía dudaba, según contó Vanity Fair, en el acuerdo de divorcio de Rupert Murdoch y Jerry Hall figuraba que la modelo no podía dar detalles de su vida con el magnate a los guionistas de la serie.

O sea, que lo más aterrador del tan imponente como maléfico Logan Roy es que es real. El patriarca de los Roy es amoral, pero sus hijos no le van a la zaga y, por supuesto, es responsabilidad suya. El director ejecutivo de Waystar Royco es un narcisista megalómano que considera que ninguno de sus hijos, ni nadie en el universo, está capacitado para continuar con su legado y que disfruta especialmente enfrentando a sus vástagos entre sí. No los ve como familia, sino como piezas de un tablero en el que él tiene que ser el ganador. Las mismas cualidades que le convierten en propietario de un imperio exitoso son las que hacen de él un mal padre y un peor jefe, y cualquiera que haya trabajado en una empresa familiar sabe que si hay algo peor que aguantar a un jefe, es soportar a los miembros de su estirpe que quieren lucirse ante él a costa del trabajo ajeno.

Y como nada gusta más que ver sufrir a los ricos y contemplar cómo una familia se destroza a sí misma, la serie de Armstrong se convirtió desde su estreno en el único producto de HBO que podía competir en popularidad con la imbatible Juego de Tronos y en una fija en la lista de premios televisivos.

Miranda Priestly: la jefa workaholic

¿Quién es? Meryl Streep en El diablo viste de Prada.

La protagonista de El diablo viste de Prada se llama Andrea Sachs y trabaja en Runway, una prestigiosa revista de moda con sede en Nueva York, pero realmente todo el mundo sabe que lo que se cuenta es la experiencia de la autora de la novela, Lauren Weisberger, como trabajadora de Vogue. Lo que conlleva que ese “diablo” del título llamado Miranda Priestly sea la celebérrima editora Anna Wintour. De hecho, a pesar de lo desagradable del personaje, muy dulcificado en su versión cinematográfica, Wintour, que demostró un gran sentido del humor al acudir al estreno vestida de Prada, consideró la película de David Frankel “muy entretenida y muy divertida”. Y cuando se le preguntó si consideraba que estaba inspirada en su persona, declaró a la BBC: “Es el público y la gente con la que trabajo decidir si existen coincidencias entre el personaje y yo”.

Priestly es una jefa diabólica, de la peor especie, de las que consideran a sus subalternos súbditos de su reino imaginario, a los que pueden solicitarles tareas impropias de su carga, como encontrar una copia sin publicar de Harry Potter para entretener a sus niñas. Y por si tratarlos como esclavos no fuese suficiente, Priestly tampoco tiene problemas en juzgarlos por su aspecto físico, a veces verbalmente y otras simplemente contemplándolos por encima de sus sempiternas gafas de sol con una mirada glacial (una interpretación majestuosa de Meryl Streep que sumó una nueva nominación al Oscar).

Por supuesto, no considera que sus empleados merezcan tener vida propia, los castiga con jornadas de trabajo maratonianas y parece disfrutar creando un ambiente laboral tóxico y promoviendo los enfrentamientos entre ellos, una característica común a varios protagonistas de esta lista. Lo verdaderamente doloroso es que sus empleados, en lugar de denunciarla a recursos humanos o huir despavoridos en busca de otro trabajo, cualquier trabajo, le rinden pleitesía y consideran, ella también lo considera, que pueden sentirse agradecidos por recibir su atención, aunque sea negativa.

En primavera se estrena la segunda parte y descubriremos si Miranda puede ser todavía más miserable.

Gordon Gekko: el jefe delincuente

¿Quién es? Michael Douglas en Wall Street.

Ninguna imagen define mejor los ochenta que Michael Douglas enfundado en una camisa Winchester y apoyado en su escritorio en el clásico de Oliver Stone Wall Street, el retrato de lo peor del auge de los yuppies, y hubo mucho malo en aquella moda a la que sucumbieron miles de aspirantes a broker. “La avaricia es buena” era su lema y la definición de una era. Gekko es un inversor que ha hecho de la avaricia su modo de vida y es capaz de destruir a cualquiera por seguir en la cima. Es claramente una mala persona que solo tiene en su punto de mira la cifra de beneficios, pero eso no es óbice para que los trabajadores jóvenes que llegan a la empresa le rindan pleitesía y estén dispuestos a cualquier cosa por ganarse sus favores. Hecho a sí mismo, mira con especial desprecio a los que han tenido una vida acomodada, y por eso somete a todo tipo de pruebas al novato Bud Fox, un bisoño Charlie Sheen que, sin embargo, lo mira con adoración y, si para conseguir sus favores tiene que hacer uso de información privilegiada y dañar a su propio padre, lo hará.

En el mundo de Gekko no hay ética ni moral ni respeto a la ley, pero prefiere que sean otros los que carguen con las consecuencias. Gordon Gekko se convirtió en un icono de los ochenta y Michael Douglas conquistó la estatuilla gracias a su impresionante interpretación.

Katharine Parker: la falsa aliada

¿Quién es? Sigourney Weaver en Armas de mujer.

A ver qué puede resultar más reconfortante para una joven oficinista que trata de abrirse paso en el supermasculino mundo empresarial neoyorquino de los ochenta que encontrarse con una jefa. Una mujer, como ella, una brillante ejecutiva que se ofrece como mentora y que le permitirá desarrollar todo su potencial. Al menos eso es lo que piensa la ilusa Tess McGill (Melanie Griffith en el papel de su vida) cuando se encuentra con la imponente Katharine Parker. No tardará en decepcionarse.

Parker simboliza uno de los tipos de poder más deleznables, el que ejercen los que dan discursos sobre la meritocracia a pesar de que han ascendido gracias a los privilegios de cuna. Si está en el poder no es por su capacidad, sino por los contactos de su familia y la endogamia empresarial, algo que, a pesar de ser puro azar, no evita que se sienta superior al resto de sus semejantes. Hasta ahí sería un tipo de jefa bastante clásica, pero sumen la manipulación que ejerce sobre su ayudante. Simula ser una aliada y, gracias a su fingida amabilidad, roba las ideas de la mucho más sagaz McGill, un clásico. El duelo interpretativo proporcionó nominaciones para las dos, para Weaver por partida doble; ese año también aspiró al Oscar como mejor actriz principal por su papel de Diane Fossey en Gorilas en la niebla. La película de Mike Nichols se convirtió en un clásico por sus looks de ejecutiva (una rareza todavía en los ochenta), la banda sonora de Carly Simon y frases inolvidables como “Tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado. ¿Hay algo de malo en eso?"

Gregory House: el genio atormentado

¿Quién es? Hugh Laurie en House.

Al Hospital Universitario Princeton-Plainsboro acuden familias desesperadas y magnates milmillonarios, y todos buscan un diagnóstico preciso del médico capaz de encontrar una aguja en el pajar de los síntomas inexplicables. Pero el precio a pagar por la cura de sus dolencias duele más que cualquier factura kilométrica: hay que aguantar a un médico brillante que es a la vez un ser humano horrible. Nadie puede cuestionar su conocimiento y su capacidad para aplicarlo sobre el terreno, pero el doctor Gregory House utiliza esa ventaja para destruir a todos los que le rodean.

A todos. Hace la vida imposible tanto a sus pacientes, a los que cuestiona e insulta (e incluso allana sus casas); a sus subalternos, a los que humilla y enfrenta; y a sus superiores, a los que cuestiona y desobedece. Y también es un grano en el culo para sus compañeros. Su colega y mejor amigo, Wilson, es el principal objeto de sus bromas pesadas y no tienen ningún problema en obligarlo a realizar actos ilegales para asegurarse el suministro de vicodinas a las que es adicto. Tiene vitriolo para todos.

House se considera el centro del universo y cree ciegamente que cualquiera de sus problemas supera con mucho a los de los que se rodean, por eso los ignora. Claro que eso es lo mejor que puede suceder, ya que un exceso de su atención suele terminar de manera negativa.

La única parte positiva del personaje es su talento para el diagnóstico, pero eso no significa que le importen sus pacientes, a los que ve como un mero rompecabezas que hay que resolver y, si para demostrar que tiene razón debe poner en peligro sus vidas, lo hará.

Hugh Laurie, conocido por series cómicas como La víbora negra y por sus papeles en Los amigos de Peter o Stuart Little, logró el mayor reconocimiento de su carrera interpretando al irritante e irritable doctor House durante ocho temporadas que le reportaron dos globos de oro.

Mauricio Colmenero: el esclavista

¿Quién es? Mauricio Peña en Aída.

Con la versión cinematográfica de Aída a punto de llegar a los cines, hay una pregunta en el aire: ¿mantendrá la película el tono altamente irreverente de personajes tan extremos como Mauricio Colmenero? La respuesta parece ser que no, porque su director Paco León es consciente de que “son otros tiempos”. Hoy difícilmente serían tolerables algunas salidas de tono del hostelero que incluso obligaron a la diplomacia española a disculparse con China por un cartel que aparecía en la serie en la que se prohibía la entrada “a perros y chinos”.

No sorprende demasiado el texto del cartel. Colmenero, dueño y señor del Bar Reinols (en homenaje al hipermasculino Burt Reynolds, su modelo a seguir), es profundamente racista; no olvidemos el lamentable apodo, Machu Pichu, con el que se refiere a su trabajador Osvaldo Huitalcoche, interpretado por el actor Óscar Reyes (que curiosamente no es ecuatoriano, sino hispano-japonés). También es machista, homófobo y misógino, el combo perfecto. Una perla como jefe, especialmente porque a nada es más reacio que a los derechos laborales. Fiel retrato de un tipo de hostelero que sigue presente en muchos establecimientos patrios, es de los que considera que doce horas son media jornada, que los contratos son innecesarios y que Hacienda somos todos menos él.

El actor Mariano Peña no podía imaginar que el personaje alcanzaría tanta popularidad y temía la repercusión que podrían tener algunas de sus frases, pero, paradójicamente, es uno de los personajes más populares de la serie, quizás porque es uno de los más reconocibles. Lamentablemente, aunque ahora sea “otros tiempos” para el humor, los Colmeneros siguen campando a sus anchas.

Patty Hewes: la jefa despiadada

¿Quién es? Glenn Close en Daños y perjuicios.

Cuando un guionista quiere dejar claro que un personaje es el mal encarnado, le hace maltratar un animal. Sabemos lo despreciable que es Frank Underwood cuando le vemos acabar con la vida de un perro malherido en House of Cards (si alguien puede creer que es compasión, no lo es: vive en una gran ciudad y habría tardado minutos en llegar a un veterinario). Y dejamos a un lado nuestra admiración por la Patty Hewes (una Glenn Close que se apuntaba a la pequeña pantalla tras décadas de éxito cinematográfico) de Daños y perjuicios cuando descubrimos que ha hecho asesinar al perro de una testigo a la que quiere atemorizar.

Hewes es una abogada brillante, nadie lo duda; su sola mención hace cuadrarse a sus rivales, pero también una mala persona que no tiene problema en mentir y manipular, e incluso en secuestrar a su propio hijo. Y como una mala persona no puede ser una buena jefa, el ambiente laboral que genera es de una toxicidad insoportable. De hecho, contrata a su ayudante Elle Parsons (Rose Byrne en su primer papel protagonista) porque es cuñada de una testigo a la que pretendía manipular. Para la abogada no hay límites morales y su cinismo y falta de escrúpulos es contagioso; es capaz de lograr que todos los que la rodean se salten cualquier límite para ayudarla a conseguir sus objetivos.

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