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La mayor retrospectiva sobre André Ricard inaugura Madrid Design Festival 2026

El certamen comienza con una antología de la obra del diseñador industrial catalán, la colectiva ‘Manifiesto Mediterráneo’ y una muestra sobre el arte textil de Guatemala

Hablar de la obra de André Ricard (Barcelona, 96 años) daría para escribir una enciclopedia, rodar varias películas o –como en esta ocasión– protagonizar dos exposiciones casi consecutivas en Madrid. Maestro de la funcionalidad y la elevación desnuda del objeto, este genio y divulgador del diseño español se instala de nuevo en la capital con André Ricard. Diseño en Uso. La mayor retrospectiva sobre su trabajo hasta la fecha que podrá verse de forma gratuita desde el 6 de febrero al 3 de mayo en el Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa. La muestra, comisariada por Marina Povedano y Arnau Pascual, da pistoletazo de salida a la novena edición de Madrid Design Festival, la cita anual que convierte el mes de febrero en sinónimo de vanguardia y diseño con un mapa creativo que atañe a más de 300 espacios y 200 eventos por toda la capital.

Galardonado con el Madrid Design Festival Award el año pasado, premio que reconoce la trayectoria de grandes talentos del diseño y su aportación a la sociedad contemporánea, la obra de Ricard fue además uno de los pilares de La Línea Sueña, el monográfico del festival que acercó la labor de casi medio centenar de maestros de la luz en torno disciplinas como el interiorismo, las instalaciones artísticas o el diseño de producto. Sin embargo, el considerado padre del diseño industrial en España –atributo que revalidó el Premio Nacional de Diseño en 1987– se merecía un solo show que pusiera su trabajo de más de seis décadas en el pedestal que corresponde.

Criarse en una familia de origen francés, estudiar Bellas Artes o residir desde temprana edad en otros países de Europa le aportó una mirada cosmopolita que casó bien con esa nueva Barcelona que se abría paso a la modernidad. “El diseño no es hacer las cosas bonitas sino hacerlas mejor que las que ya existían”, declaró en una entrevista a ICON Design hace unos años. Una búsqueda honesta de la esencia en cualquier objeto cotidiano que mejorara su función y, en definitiva, la calidad de vida de sus consumidores.

Fruto de su cruzada por despojar lo superfluo del producto y proponer soluciones precisas, tejió un inagotable catálogo de objetos tan funcionales como estéticos, capaces de diluir un diseño de autor con la comercialidad pura y dura en referencias inmortales como la botella de leche Rania o el exprimidor de Moulinex. Una de sus colaboraciones más afamadas fue la que mantuvo con la casa de perfumes Puig desde los años sesenta, con el mítico frasco de Agua Brava entre sus creaciones. En 1992 fue un nombre clave en el clímax que alcanzó la marca ‘Made in Barcelona’ como símbolo de modernidad y progreso en todo el mundo, al diseñar la emblemática antorcha que inició los Juegos Olímpicos en la Ciudad Condal.

En este recorrido antológico por la precisión conceptual y la ética del uso que ha caracterizado su obra desde los comienzos, no faltarán piezas tan reseñables para el ámbito doméstico como para el uso urbano como la lámpara Tatu, un icono pop de los setenta editada por Santa & Cole; las pinzas para el hielo Tong, la papelera para la Diputación de Barcelona diseñada en 1999 o la farola Futura, recientemente reeditada como Olivia por la empresa Urbidermis. Sin orden cronológico ni vitrinas, y organizada según los ámbitos donde los objetos de Ricard cobran completo sentido (de la mesa al baño o la cocina, pasando por el estudio), la muestra subraya la vigencia de su legado a través de bocetos, prototipos, fotografías y documentos originales cedidos por el coleccionista Alejandro Mena y el archivo del Museu del Disseny Barcelona.

La colectiva Manifiesto Mediterráneo es el segundo plato fuerte del MDF que albergará esos mismos días el Teatro Fernán Gómez. Una muestra que pone en valor un ritmo sosegado y sostenible, los oficios en extinción y la atemporalidad frente a la inmediatez de contenido, pero de gran fragilidad por diversos agentes externos como el turismo masivo o la urbanización desmedida. Comisariada por Mariona Rubio, esta exposición reflexiona sobre un paisaje actual debilitado también por la contaminación o la explotación de los recursos.

Todo ello, bajo la mirada contemporánea de 30 artistas y artesanos que trabajan desde la experimentación, el diseño autoeditado y los talleres tradicionales para imaginar un nuevo lenguaje en la memoria colectiva de lo que es hoy el sello Mediterráneo. A lo largo de la muestra, la artesanía se postula como una poderosa herramienta para defender su identidad, a través de técnicas ancestrales como cerámica, vidrio y los mosaicos, la cestería o textiles.

Casa Antillón, Emilie Lisi, Valeria Vasi, Worn Studio Justine Menard o Sofia Karnukaeva son algunos de los creadores que participan de esta nueva estética no siempre bien entendida que cuestiona los límites convencionales de la belleza. Una nueva generación de artistas que reivindica la imperfección del hecho a mano y su singularidad como resistencia para mantener vivo un Mediterráneo cada día más tensionado.

Como cierre, y en el mismo centro cultural, el festival acortará los 10.000 kilómetros que separan este mar del país invitado a la edición con la exposición inmersiva Arte textil en Guatemala: diseño e identidad. Un viaje por el diseño y la memoria tejida de esta región conocedora de complejas técnicas de hilado como el jaspe o el telar de cintura, reunidas en la muestra a través de tejidos suspendidos por la sala que evocan la vitalidad de mercados guatemaltecos, incluido el de Chichicastenango, considerado el más grande y colorido de Centroamérica.

Las voces y sonidos de las distintas comunidades de tejedoras del país evocan una atmósfera sensorial capaz de recrear un patrimonio cultural que inspira al diseño contemporáneo de dentro y fuera de sus fronteras. Con acceso gratuito desde el 6 de febrero hasta el 3 de mayo.

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