Flavour Trip, las sesiones de electrónica en paisajes idílicos y casas únicas que acumulan millones de visualizaciones
Los luxemburgueses Amii Watson y Jimmy Harvey viajan por Europa, con España entre sus destinos favoritos, con la misión de encontrar las mejores ubicaciones para pinchar temas que suben a Youtube


La pasada primavera, un agente de Medio Ambiente aragonés observó cómo dos personas empezaban a instalar una mesa de mezclas, unos altavoces y varios trípodes junto a un río. Tenía toda la pinta de ser el inicio de una rave en mitad de la naturaleza, así que se acercó a ellos. “Nos preguntó cuánta gente estaba previsto que viniera, pero le dijimos que en realidad estaríamos solo nosotros”, cuentan Amii Watson, de 29 años, y Jimmi Harvey, de 32, que habían llegado procedentes de Luxemburgo. La respuesta convenció al funcionario, que les dio su bendición. Entonces arrancaron una sesión de música electrónica en la que pinchaban para ellos mismos, pero también para cientos de miles de personas a través de las cinco cámaras que habían instalado. El vídeo acumula millón y medio de visualizaciones. Y es un ejemplo del trabajo que realiza esta pareja bajo el nombre de Flavour Trip: viajar por Europa, encontrar rincones idílicos, pinchar temas y grabar la sesión para compartirla con sus 800.000 seguidores en Youtube y 122.000 en Instagram, que se contagian de buen rollo y el aura de libertad.
Que apostasen por la geografía aragonesa no es casualidad. España es para estos deejays uno de sus lugares favoritos gracias a sus muchas horas de sol. Una casa en el campo cerca de Antequera (Málaga), un apartamento en Tarragona o las playas de la Costa Dorada son algunas de las localizaciones elegidas para sus vídeos, siempre a partir de su accesibilidad y belleza en el caso de los espacios naturales o del diseño, la arquitectura y la iluminación en los interiores. A estos espacios se suman otros muchos en países como Portugal, Suiza, Francia, Croacia, Grecia o Alemania. Esta fórmula que aúna viajes, música electrónica y paisajismo se ha convertido en su forma de vida. Y, aunque rara vez realizan actuaciones en locales con público, Barcelona es una excepción: el pasado octubre lo hicieron en La Terrrazzza, donde acuden una vez al año desde 2023. “Es que es un sitio increíble”, reconocen.

Aún por Cataluña, donde esperan quedarse hasta diciembre, la pareja cuenta por videollamada que el camino hasta el éxito no ha sido fácil. Y que llevaban dedicándose a la música más de una década en Luxemburgo. Se conocieron mientras ella grababa, fotografiaba y vendía merchandising de una de las bandas en las que él tocaba la guitarra y ejercía de cantante. En 2016 empezaron a colaborar en proyectos, hasta que llegó la pandemia. Watson —que había hecho la rama artística en el instituto— cursaba entonces un máster de Diseño de comunicación y hacía trabajos como creadora de contenido y diseñadora gráfica, mientras que Harvey producía música con su portátil para distintos clientes. Así que cuando las autoridades lo permitieron decidieron irse unos meses a Malta para disfrutar del sol mientras seguían con sus obligaciones. Ambos eran también DJ por separado, por lo que se animaron a hacer sesiones conjuntas. La experiencia les gustó. “En esa época, además, surgía esta nueva tendencia cada vez más fuerte de moverse en furgoneta o caravana. Y nos preguntamos si podríamos hacerlo nosotros también”, recuerda Watson. No dudaron. Compraron un vehículo, lo customizaron y ahorraron para viajar. Cuando estuvieron preparados, en 2022, se lanzaron a la carretera.
“No queríamos alejarnos de la música, así que para mantenernos activos y seguir creando decidimos abrir un canal de Youtube. Hacíamos algunos trabajos como freelance, pero esto era una afición que nos apasionaba”, explican. En una playa de Šibenik, en la costa de Croacia, decidieron grabar una de aquellas sesiones. Tenían entonces apenas seis seguidores y en el vídeo se les ve —en una costa rocosa y rodeados de pinos— bailar, sonreír y disfrutar. Repitieron en Split, los Dolomitas austríacos, Atenas, la fortaleza medieval griega de Argos. Eran paisajes potentes y la música, buena, pero no funcionaba. Como complemento y para diferenciar su contenido, además, cocinaban alguna receta local. Aun así, tenían escasas visitas y no conseguían ingresos. Seis meses y siete vídeos después los números no mejoraban. El dinero se acababa, así que se plantearon volver a casa. Justo esos días publicaron la octava sesión, también en Grecia. Obtuvo más tracción de lo esperado. “Pensábamos ya parar y volver a casa, pero aquello fue una señal. Lo dejamos todo y nos enfocamos solo en esto”, señala Watson. “Y estamos muy contentos con la decisión”, añade Harvey. Hacer viajes para poner música electrónica en lugares sorprendentes es ahora su profesión. Y, como complemento, han lanzado también una línea de camisetas, sudaderas, gorras, tazas o bolsas de tela, todo de diseño propio y venta online.
Evitar la masificación turística
Durante dos años estuvieron viajando como nómadas, hasta que echaron en falta las comodidades: tener su propio baño, un armario donde guardar la ropa, un sitio al que volver. Ahora residen en Luxemburgo y periódicamente realizan viajes para sus grabaciones. Una fantasía para muchos que, eso sí no es tan idílica como aparenta. “La gente piensa que sales por ahí, encuentras cualquier sitio, filmas y ya está. Pero tiene muchísimo más trabajo del que parece”, relatan. Sobre todo porque hay que encontrar una ubicación donde puedan llegar con su furgoneta y todos los bártulos, que tenga las características que buscan y se pueda montar una mesa de DJ y cocinar (con o sin fuego). Escapan de los espacios más visitados de cada país para poder estar solos y nunca dicen la localización exacta de la grabación “por respeto a las comunidades locales e intentar evitar que se masifiquen”. A veces aciertan a la primera, otras veces tienen más problemas. “Para el último vídeo en Suiza fuimos al mismo sitio cinco veces, hasta que finalmente se dio todo para poder filmar”, destacan.
La naturaleza suele ser la principal protagonista en sus fondos —ríos, playas o increíbles montañas en Los Alpes suizos— pero hay también espacios urbanos, con ciudades como Atenas o Tarragona que se ven desde la terraza del AirBnB en el que se alojen, a veces en colaboración con los propietarios que les prestan sus pisos a cambio de visibilidad. Ahí el diseño es también relevante. “Buscamos algo acogedor. Nos gustan los materiales naturales y las formas orgánicas, a menudo con un aire más campestre”, explican. “La calidez y el carácter de las localizaciones juegan un papel muy importante para nosotros, al igual que la luz. Para obtener material de buena calidad necesitamos buenas condiciones de iluminación, así que preferimos lugares con grandes ventanas”, añaden.
Después eligen con cuidado la ropa que van a vestir —a juego con el fondo— y lo que van a cocinar, que al inicio estaba relacionado con recetas más o menos locales: prepararon tzatziki en Grecia y una fideuá en Cataluña. Con el tiempo han pasado a ser propuestas sencillas que ellos hacen en casa, siempre vegetarianas. “Es más natural. Al final se trata de hacer lo que cualquiera cuando pone música en casa mientras cocina. Es la sensación que queremos transmitir”, señala Watson. La selección musical es, de hecho, otra de las tareas que más tiempo requiere. Primero, porque la seleccionan según el ambiente que crean encaja con el sitio. Y, segundo, porque para una sesión de 20 temas pueden escuchar más de 200, que más tarde mezclan con soltura en directo. Finalmente es el turno de la edición y la posproducción. “Subimos un vídeo al mes porque nos lleva más o menos tres semanas hacer cada uno”, apunta Harvey. “No es fácil”, recalca. También ponen a disposición de sus seguidores listas de las canciones que pinchan en Spotify.
Uno de sus últimos trabajos lo rodaron en un molino del siglo XVII en Francia convertido en alojamiento turístico. “Una pasada”, suspira Watson. Ahora sus seguidores no paran de enviarles propuestas de localizaciones para los vídeos, ya sean entornos naturales o incluso ofreciéndoles sus propias casas. Mientras las analizan, entre sus próximos destinos que ya tienen decididos se encuentran el paraje desértico de Las Bárdenas Reales en Navarra, donde lo han intentado un par de veces sin suerte con el clima. También planean algún lugar del País Vasco y los paisajes volcánicos de Canarias o una cabaña rodeados de nieve en Andorra. También les han invitado a una plantación de tulipanes en Países Bajos y sueñan con Escandinavia. Igual que muchos sueñan con repetir su fórmula: ganarse la vida con la música y los viajes.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































