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El centenario de Isabel II o la retrospectiva a una reina (y madre) que también cometió errores

Los cien años que cumpliría la monarca el próximo martes 21 de abril coinciden con una de las épocas más convulsas de la monarquía británica, con el expríncipe Andrés en el punto de mira por los escándalos que, aún en vida, su progenitora no supo enfrentar

La reina Isabel II, durante un partido de polo el 11 de julio de 2021, en Egham, Inglaterra.Max Mumby/Indigo (Getty Images)

El Reino Unido ha empezado a añadir ciertas dosis de crítica a las toneladas de nostalgia que aún provoca la figura de Isabel II. El país se dispone a celebrar el centenario de la reina más longeva de su historia, que definió la imagen contemporánea de Gran Bretaña con la llamada “segunda era isabelina”. El 21 de abril hubiera llegado a los 100 años. Falleció a los 96, en un país que aún se lamía las heridas del Brexit, había dejado atrás una pandemia gestionada de manera nefasta y escandalosa por Boris Johnson y a punto estuvo de hundirse económicamente por las torpezas del breve mandato de Liz Truss en Downing Street.

Isabel II sobrevoló indemne todas esas calamidades, y su figura transmitió estabilidad y permanencia. Pero la mayor crisis de la monarquía, que ha tenido que gestionar su hijo y heredero Carlos III, es consecuencia de un problema que la reina nunca se decidió a solventar. Los desmanes de su hijo, el expríncipe Andrés y hoy ciudadano Andrés Mountbatten-Windsor, han derivado en un grave problema constitucional y político. Y algunas voces han comenzado a señalar la responsabilidad de su madre.

“Le pasó un poco como a Margaret Thatcher, que hizo la vista gorda ante un hijo que era un inútil y apoyó tanto su ambición como sus corruptelas. Me temo que la reina pecó de lo mismo”, señalaba a EL PAÍS el historiador Andrew Lownie, autor de Entitled: The Rise and Fall of the House of York (Privilegiado: auge y caída de la Casa de York) (William Collins, 2025), una biografía demoledora y definitiva de 450 páginas contra el entonces duque de York. “Está muy claro que ella le protegió y le encubrió”, acusa el autor a la monarca.

Ya no son tan extraños los titulares en los diarios británicos que señalan a Andrés como “el punto débil” o el “talón de Aquiles” de la reina, y en los días posteriores a la detención policial del expríncipe fueron muchos los que recordaron que Isabel II entregó de manera incondicional varios millones de libras esterlinas a su hijo para que pudiera llegar a un acuerdo extrajudicial con Virginia Giuffre, la víctima de Epstein que le acusó de abusos sexuales.

Apenas semanas después de que Giuffre denunciara públicamente al entonces duque de York, Isabel II concedió a su hijo, que siempre ha negado la acusación, la insignia de caballero de la Gran Cruz de la Real Orden Victoriana, el mayor honor al que se puede aspirar por “servicio personal” a la corona y el segundo más alto en la jerarquía de condecoraciones.

Reina Isabel II coronacion

“Creo que a medida que pasen los años y los historiadores echen la vista atrás, todo el episodio en torno a Andrés y Epstein —que se trata de algo muy grave, por supuesto, que no pretendo infravalorar— será una breve parte de un largo reinado que ha durado 70 años”, intenta relativizar Robert Hardman. El escritor y periodista, el biógrafo más reputado de Carlos III, ha escrito ya cuatro libros sobre la reina. El último, Elizabeth II. In Private. In Public. The Inside Story (Isabel II. En Privado. En Público. La Historia Secreta) (MacMillan Ed.), lo ha hecho coincidir con el centenario de Isabel II, y cuenta los nuevos detalles de la vida del personaje ante una concurrida audiencia en Londres de la Asociación de la Prensa Extranjera (FPA, en sus siglas en inglés).

“Desmanteló un imperio, condujo al país a la incorporación en la entonces Comunidad Económica Europea y luego fuera de la UE, reinó a lo largo de varias guerras, es una figura global, pero para muchos todo se reduce ahora al asunto de Andrés”, protesta Hardman, que cuestiona incluso la leyenda que retrata al exduque de York como al hijo consentido al que su madre nunca pudo negar ninguno de sus caprichos. “Por supuesto que lo adoraba, pero no estaba ciega ante sus defectos. Y se dio cuenta de que iba a suponer un problema”, señala.

De reina a icono

Parte de la agenda oficial de la celebración del centenario de Isabel II, que incluye una recepción de Carlos III y Camila a un grupo de británicos que también han llegado a los 100 este año, es una exposición en torno a su vestuario, sus complementos y su estilo personal. Queen Elizabeth II: Her Life in Style (La Reina Isabel II: Su Vida en Estilo) recorre a través de 4.000 objetos personales, sobre todo prendas de vestir, el modo en que una joven reina comenzó a usar su imagen como forma de diplomacia silenciosa. Toda una generación recuerda a una venerable anciana que vestía colores llamativos y cargaba siempre consigo el eterno bolso de mano. Pero hubo una época en la que la hija de Jorge VI deslumbraba con diseños exclusivos.

“El armario de Isabel II es uno de los archivos más importantes de la historia moderna de la moda. Del declive del sastre de corte al auge de modistos como Hartnell y Hardy Amies, su vestuario refleja la historia del Reino Unido y el modo en que su identidad se ha transformado a través de la moda”, explica el diseñador Christopher John Kane, uno de los que ha colaborado en la preparación de la exposición.

Isabel II Inglaterra princesa

Atrás han quedado los días de exaltación acrítica de Isabel II, cuando acababa de fallecer una reina que acompañó durante toda su vida a varias generaciones, hasta ser un elemento incuestionable del paisaje. El Reino Unido ha entrado en una fase algo más cínica y descreída, y la crisis en torno al expríncipe Andrés ha rebajado en varios grados la exaltación monárquica. Pero Carlos III ha reinado hasta ahora mejor de lo que sus críticos anticipaban, y su lucha contra el cáncer ha generado una ola de solidaridad emocional que ha servido para proteger la institución.

A medida que Andrés pase al olvido de los ciudadanos, con él se irán los errores de su madre, e Isabel II entrará en el mismo panteón de los iconos británicos incuestionables, como los Beatles, Sherlock Holmes o el Big Ben.

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