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El historiador Andrew Lownie: “El escándalo del expríncipe Andrés es la crisis más grave de la monarquía. Deberían rodar cabezas”

El autor de la biografía más completa sobre el antiguo duque de York considera el ‘caso Epstein’ “un asunto de corrupción financiera en el corazón de la familia real, consentido por la anterior reina y probablemente por el actual rey”

El historiador Andrew Lownie en su estudio de Londres.Rafa De Miguel

El historiador Andrew Lownie (Edimburgo, 64 años) se siente reivindicado estos días. Los nuevos documentos publicados en Estados Unidos del multimillonario pederasta Jeffrey Epstein han confirmado la complicidad íntima y presuntamente delictiva del financiero con el malogrado expríncipe Andrés de Inglaterra.

Lownie, educado en las universidades de Cambridge y Edimburgo y autor de libros fundamentales sobre el espía británico Guy Burguess, el hombre de Stalin en Londres, o sobre la abdicación de Eduardo VIII, revolucionó hace un año el panorama político y editorial del Reino Unido con Entitled: The Rise and Fall of the House of York (William Collins, 2025) (Privilegiado: auge y caída de la Casa de York), una sentencia demoledora y definitiva de 450 páginas contra el entonces duque de York. Recibió muy buenas críticas, pero también numerosos ataques por abordar con rigor y dureza el análisis del personaje y sus fechorías.

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Pregunta. La policía ha anunciado que va a investigar finalmente los vínculos del expríncipe Andrés con Epstein. Y el palacio de Buckingham se ha mostrado dispuesto a colaborar. ¿Está cambiando todo?

Respuesta. Creo que estamos en un punto de inflexión. La policía se ha puesto a investigar en serio al expríncipe Andrés, y confío en que se le acuse de un delito de desempeño inapropiado de cargo público. Y hay bases sólidas para implicarle en un delito de tráfico sexual. Acabamos de leer el artículo en [la revista] The New Statesman firmado por el ex primer ministro Gordon Brown en el que se describe cómo muchas mujeres fueron transportadas clandestinamente hasta el aeropuerto londinense de Stansted [según el propio Brown pudo leer en los nuevos documentos de Epstein]. Brown se ha sumado a las voces que reclaman que las autoridades policiales interroguen a Andrés.

P. ¿Veremos realmente colaboración por parte de Carlos III?

R. El palacio de Buckingham también tiene que dar un paso adelante, porque hace mucho que tenían conocimiento de todo esto. Han intentado siempre taparlo, pero ahora deben cooperar plenamente con la policía, entregar los registros de entrada a las diversas residencias [usadas por Andrés] y permitir que el personal interno pueda testificar. Hubo muchas personas que advirtieron previamente de todo esto a la fallecida reina, a su secretario privado y, posteriormente, al rey.

P. Con el tiempo se ha demostrado que el acuerdo extrajudicial multimillonario que cerró Andrés con Virginia Giuffre, la víctima de Epstein que acusó al príncipe de abusar sexualmente de ella, no logró frenar el escándalo, como pretendía el palacio de Buckingham.

R. Estaba entre la espada y la pared. Si hubiera ido a juicio, todo habría sido mucho peor. Pensó que el menor de los males era callarla con ese acuerdo, que se podría evitar que salieran a la luz todas las cosas que ahora están saliendo.

P. Y además, todo lo relativo a Andrés Mountbatten-Windsor va mucho más allá de los abusos sexuales. Hay presuntas corruptelas financieras.

R. Por eso es tan importante que se puedan hacer públicos todos los documentos que tienen que ver con el papel que desempeñó como enviado especial para el comercio internacional. Llevo cinco años solicitándolos. Del mismo modo que necesitamos que se ponga en marcha una investigación parlamentaria. Porque para mí todo esto ha sido una historia sobre los manejos financieros de Andrés, aunque haya quedado eclipsado por los terribles detalles conocidos sobre las víctimas sexuales de Epstein.

P. ¿Está en peligro el futuro de la monarquía en el Reino Unido?

R. Yo soy muy monárquico, y creo que seguirá habiendo monarquía en el Reino Unido, pero no podemos operar en una democracia del siglo XXI sobre la base de mirar para otro lado ante actividades delictivas. Todo este escándalo es un asunto de corrupción financiera en el corazón de la familia real, consentido por la anterior reina y probablemente por el actual rey. España en ese sentido manejó mejor el mismo problema con el rey Juan Carlos, que fue un estrecho socio de Andrés en Kazajistán. El rey Felipe VI cortó amarras y ahora su padre está en Abu Dabi.

P. Usted ahora comienza a sentirse reivindicado, pero cuando sacó su libro cosechó buenas críticas, pero también ataques y amenazas.

R. Uno debe ser valiente cuando escribe una biografía. No tiene sentido hacerlo si no reflejas también los aspectos oscuros. Está claro que todo hubiera sido más fácil para mí si no hubiera escrito las cosas que he escrito. Muchos han intentado atacar mi reputación como historiador. Me acusan de intentar hundir a la familia real, pero me temo que han sido ellos solos los que se han derrumbado con su comportamiento.

P. ¿Se fía de las promesas del rey de colaborar con la investigación?

R. Las acciones hablan siempre con más fuerza que las palabras. No puedo dejar de mostrarme escéptico ante las nuevas promesas. Porque siempre [la casa real] ha intentado hacer lo mínimo posible. Poco y tarde, para apaciguar a la opinión pública. El problema es que todo esto ya no lo controlan los medios de comunicación tradicionales. Ahora sufren la presión de las redes sociales y del periodismo ciudadano. Hasta ahora los periodistas convencionales han hecho más bien poco. Se dedicaban a replicar el material que gente como yo mismo había investigado.

P. La imagen de Isabel II está hoy en un pedestal, pero su debilidad fue notable con su hijo favorito.

R. Le pasó un poco como a Margaret Thatcher. Que hizo la vista gorda ante un hijo que era un inútil, y apoyó tanto su ambición como sus corruptelas. Me temo que la reina pecó de lo mismo.

P. Usted lo ha estudiado a conciencia, y ha escrito un retrato demoledor de Andrés. ¿Cómo es realmente?

R. Es un tipo muy pagado de sí mismo, que se siente con derecho a todo. Su propio sentido de quién es deriva de ser un miembro de la familia real. Creo que en el fondo es una persona muy insegura, con poca personalidad, al que la gente, en general, encuentra muy aburrido. Pero toda la vida se le ha dicho que es maravilloso y ha estado sobreprotegido. No tiene barreras morales. Y a estas alturas no es capaz de entender el problema que ha creado.

P. Pero las fechorías del hermano del rey se conocen desde hace años. ¿De verdad nadie tuvo valor de advertir a quien debía ser advertido?

R. Claro que fueron advertidos. Los servicios de inteligencia avisaron a la familia real respecto a las relaciones [de Andrés] con todo tipo de gente, igual que las que tenía su exesposa, Sarah Ferguson. Pero todas esas advertencias fueron ignoradas. Igual que el Gobierno fue advertido respecto a Peter Mandelson [y sus relaciones con Epstein] antes de ser nombrado embajador en Washington.

P. Cada vez que el palacio de Buckingham anuncia una nueva medida de castigo contra el expríncipe Andrés, uno tiene la sensación de que es una cortina de humo.

R. Te cuentan que están cooperando. Aseguran que [Andrés] ha sido castigado, y que están haciendo todo lo que pueden. Intentan separar del asunto a las hijas [Beatrice y Eugenia] y presentarlas como víctimas inocentes. Muestran su preocupación por la salud mental de Andrés. Todo es un ejercicio de relaciones públicas. La realidad es que protegen a los suyos, y no ven la necesidad de reformar o modernizar la institución, exigir algún mecanismo de rendición de cuentas.

P. Pero la llegada de Carlos III fue anunciada como la posibilidad de modernizar la monarquía…

R. Ha realizado algún ejercicio de transparencia, como declarar los ingresos del Ducado de Cornualles [el patrimonio inmobiliario destinado a generar ingresos privados al heredero al trono], pero en general sigue siendo bastante opaco con las finanzas reales. Aunque llegó como un rey reformista, no ha modificado nada que pudiera afectar a sus intereses económicos. Su propia enfermedad [el cáncer que padece] y el caso Epstein han acabado ensombreciendo su reinado. Y su hijo Guillermo aún aspira a que el rey limpie todo esto y tome por él las decisiones más duras.

P. ¿Hay un antes y un después de este escándalo?

R. Estamos oyendo estos días que se trata de la crisis más grave que ha sufrido la institución desde la abdicación de Eduardo VIII. Yo creo que es aún más grave que aquella, en la que se maniobró, con la excusa de su relación con Wallis Simpson, para desplazarle del trono. Aquí hablamos de corruptelas financieras y de presuntos delitos sexuales cometidos por el hijo de una reina y hermano de un rey, cubiertos hasta ahora por la institución. Es el clásico asunto por el que deberían rodar cabezas.

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