La familia real de Marruecos libra una batalla legal frente a la presunta hermanastra de Mohamed VI
Una mujer reclama muestras de ADN del difunto rey Hassan II en un hospital de Nueva York para demostrar que es su padre biológico. Rabat encarga un informe que descarta todo parecido con el fallecido monarca


Cuando accedió al trono en 1961, Hasán II mantuvo la tradición del harén en el palacio real de Rabat. El entonces joven monarca se acababa de casar con la princesa bereber Lala Latifa, madre del actual rey, Mohamed VI. Había tenido que romper una intensa relación amorosa con Etchika Choureau, actriz francesa que dejó su carrera cinematográfica para seguirle hasta Marruecos sin poder entrar en la realeza. Otra mujer libra ahora una batalla legal para intentar demostrar que, varios años antes, el entonces príncipe heredero Hasán tuvo una relación sentimental con su madre en Casablanca, de la que nació ella. Jane Benzaquen, de 72 años, ha reclamado judicialmente al hospital Mount Sinai de Nueva York, donde Hasán II permaneció ingresado con anterioridad a su fallecimiento en 1999, muestras de su ADN para poder probar su filiación con la dinastía alauí.
La recepcionista de hotel jubilada Benzaquen tuvo la “revelación de reconocer su propio rostro” —precisamente en julio de 1999, durante los funerales del anterior soberano marroquí—, y de que las imágenes de Hasán II eran las de su verdadero progenitor. Los recuerdos de su abuela materna fueron determinantes. Le relató que, en torno a 1951, un lujoso Mercedes venía a recoger a su madre a casa en un barrio de Casablanca. Casi siempre depositaba bolsas con comida y regalos antes de trasladarla a los supuestos encuentros amorosos con el príncipe. La joven, dependienta de una tienda de ropa de moda, se quedó embarazada y Jane nació en 1953. Tuvo que abandonar Marruecos con su bebé.
La pequeña llegó con apenas de 10 meses a Bélgica, donde su madre se casó de inmediato con un hombre belga, Raoul Jossart, quien la reconoció como hija suya. La religión materna judía le abrió más tarde la puerta para emigrar a Israel a los 18 años, y obtener la nacionalidad tras alistarse en el ejército. Se instaló en la ciudad turística de Eilat, en la costa del mar Rojo. Tras la muerte de Hasán II entabló un proceso de reconocimiento de paternidad y de compensación económica ante la justicia israelí que no prosperó, según una sentencia de 2008. La fortuna de la familia real marroquí supera los 5.000 millones de euros, según estimaciones de la revista Forbes.
#Maroc Pour la première fois, le Palais royal marocain prend officiellement les devants dans l’affaire Jane #Benzaquen, cette Franco-Marocaine qui affirme être la fille biologique du roi Hassan II #HassanII https://t.co/n5pR1k2F0h
— Afrik.com (@AfrikInfo) February 15, 2026
La presunta hermanastra de Mohamed VI recurrió entonces a los tribunales de Bélgica. Para hacer valer su derecho, contrató al abogado Marc Uyttendaele, que había llevado el caso de la escultora belga Delphine Boël que confirmó la paternidad del rey Alberto II en una reclamación de filiación. Boël participa en la actualidad en actividades de la familia real belga. Como primera medida, una prueba de ADN sirvió para confirmar que Raoul Jossart no era su padre, pese a que la reconoció como hija. Un segundo test estableció un claro origen genético del área del Magreb y Oriente Próximo, y no de linaje europeo.
La familia real alauí se ha negado a colaborar en la prueba de paternidad atribuida a Hasán II. En Marruecos no existe una exigencia legal, como en Europa. La reforma de la Mudawana o Código de Familia —presentada hace más de un año al rey Mohamed VI y al Gobierno, y todavía pendiente de ser remitida al Parlamento—, tampoco permitirá reclamar al progenitor biológico el apellido paterno ni el derecho a alimentos y a la herencia. El Consejo de Ulemas, máxima autoridad religiosa consultada por el monarca en su calidad de comendador de los creyentes, zanjó la cuestión al decretar que las pruebas de ADN para determinar la paternidad son “contrarias a la sharía (ley islámica)”.
Análisis genético
En vista del bloqueo legal, el abogado de la mujer belga-israelí deslocalizó el proceso en Estados Unidos a finales del año pasado. En un giro inesperado, solicitó ante un tribunal federal de Nueva York que requiera al hospital Mount Sinai la entrega de datos médicos que conserve de Hasán II susceptibles de servir para un análisis de ADN válido ante la justicia belga. La legislación estadounidense de protección de datos, según informa el portal digital marroquí Le Desk, ampara, no obstante, la confidencialidad de los informes médicos, que no pueden hacerse públicos sin consentimiento del paciente o, en su caso, de su familia.
La familia real marroquí —que ya denunció por la vía penal un intento de estafa y extorsión por parte de Bezanquen— ha reaccionado. A través de sus abogados, ha encargado un informe forense a expertos británicos en análisis de imágenes para procesos judiciales para establecer si existe parecido físico entre la mujer y Hasán II. El informe de la compañía RSI Forsenics, cuyo contenido ha sido publicado ahora por El Independiente, concluye que las similitudes observadas son “compatibles con un parecido casual entre individuos no emparentados en entornos de población comparables” y “ofrecen un apoyo limitado a la existencia de una relación biológica”. Los abogados de Bezanquen consideran que se trata de una maniobra para intentar retrasar los análisis de ADN en Bélgica. En sucesivas entrevistas a medios internacionales, esta mujer septuagenaria de madre marroquí y padre todavía desconocido suele repetir: “Estaba paralizada por la angustia. Mi pasado era una caja de Pandora que yo no quería abrir”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































