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Liverpool LIV
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Liverpool
PSG PSG
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Ousmane Dembélé 71', 90'
PSG
Final

El PSG elimina al Liverpool y alcanza su tercera semifinal consecutiva en la Champions

El equipo de Luis Enrique se impone por un global de 4-0 a un conjunto ‘red’ en decadencia

Vitinha lidera la celebración del PSG sobre el césped de Anfield.ADAM VAUGHAN (EFE)

Luis Enrique transportó al Paris Saint-Germain a su tercera semifinal consecutiva de Champions con la ayuda inestimable de un centro del campo de época y una defensa infranqueable. El equipo francés se impuso 2-0 en la ida y repitió victoria en Anfield, un campo al que le tiene tomada la medida, lo mismo que se la tomó a Villa Park, y a Stamford Bridge a lo largo del último año, un año esplendoroso. No hay un equipo que juegue mejor al fútbol en Europa que el vigente campeón. La invocación mediática y popular a los poderes mágicos del Liverpool en su estadio de leyenda no hizo más que acentuar la preeminencia del PSG ante un rival insuficiente. El presente del Liverpool es sombrío. Quinientos millones gastados en fichajes el último verano no han bastado para dulcificar la transición.

LIVLiverpool
0
Giorgi Mamardashvili, Virgil van Dijk, Milos Kerkez, Jeremie Frimpong (Joe Gomez, min. 45), Ibrahima Konaté, Florian Wirtz, Hugo Ekitiké (Mohamed Salah, min. 30), Dominik Szoboszlai, Ryan Gravenberch, Alexis Mac Allister (Curtis Jones, min. 73) y Alexander Isak (Cody Gakpo, min. 45)
PSGPSG
2
Matvey Safonov, Nuno Mendes (Lucas Hernández, min. 37), Willian Pacho, Marquinhos, Achraf Hakimi, João Neves, Warren Zaïre-Emery (Beraldo, min. 80), Vitinha, Désiré Doué (Bradley Barcola, min. 51), Khvicha Kvaratskhelia y Ousmane Dembélé
Goles 0-1 min. 71: Ousmane Dembélé. 0-2 min. 90: Ousmane Dembélé
Arbitro Maurizio Mariani
Tarjetas amarillas Alexis Mac Allister (min. 45), Ibrahima Konate (min. 84)

Sonaron los himnos. El coro entonó You’ll Never Walk Alone. El Liverpool no caminó solo. Pero el PSG tampoco. Luis Aragonés hablaba de jugadores como éstos cuando señalaba que todo gran equipo necesita un “pasillo de seguridad”. Marquinhos y Pacho siempre están donde se les reclama, y Vitinha y Neves valen multitudes. Pequeños pero dotados de un sistema cardiovascular privilegiado, no pararon de moverse a paso rápido, siempre alerta, siempre expeditivos, no se concedieron ni un instante de calma y no dejaron en paz a sus vigilantes. Encargado de cubrirles y cortarles las salidas, Mac Allister comprobó con disgusto que le habían encomendado una tarea imposible. El más ardoroso de los futbolistas del Liverpool, y probablemente el más responsable, acabó la primera mitad haciendo faltas porque no llegaba. La pelota iba siempre más rápido porque la manejaba Vitinha.

La inflamación que produjo el ritual pagano de música y cantos en el público y los jugadores locales se apagó en el curso de un comienzo eléctrico y tumultuoso. Cuando el polvo se asentó sobre el campo de batalla se hizo evidente que el Liverpool había perdido el primer embate. A los diez minutos, Mamardashvili ya sacaba en largo porque por el medio era imposible pasar a través de la batidora de Vitinha y Neves. Y cada balón largo caía en poder de Pacho y Marquinhos, imponentes de principio a fin, pero sobre todo en esa carga inicial en la que el Liverpool intentó marcar un gol o, al menos, intimidar a su rival.

Desde el Mar de Irlanda entraba un temporal. La llovizna se convirtió en lluvia persistente. Soplaba un viento helado y la muchedumbre enmudeció poco a poco. Kvaratskhelia desde fuera del área puso a prueba a Mamardashvili, y luego Dembélé dispuso de dos ocasiones clamorosas. Una la despejó de puños el portero y otra se fue por encima del larguero.

El partido estuvo a punto de dar un giro a la media hora, cuando Ekitike se desplomó pidiendo auxilio porque su pierna derecha no le respondía. Se señaló el tendón de Aquiles. Fue retirado en camilla ante el espanto general. En su lugar entró Salah. El desconcierto y la emotividad del momento abrieron una ventana de oportunidad. En su primera jugada Salah metió un centro insidioso. Kerkez lo remató primero. Safonov despejó. Wirtz enganchó el rechace. Iba dentro pero Marquinhos apareció sobre la raya de gol. El grito de rabia que profirió el capitán, abrazado por sus compañeros, marcó un hito de reafirmación. Los futbolistas que dirige Luis Enrique podían jactarse de haberse adueñado de la situación, también de la gestión de los accidentes.

El Liverpool entró revolucionado en la segunda mitad y el PSG se encogió, tal vez dejándose llevar por una impresión de superioridad justificada. Tuvo sus llegadas el equipo de Slot, pujante pero sin imaginación. Safronov paró un tiro al niño Rio y el VAR anuló un penalti sobre Mac Allister. Pero al primer contragolpe, el PSG soltó el derechazo. A la carrera contra un rival descompensado, tras combinar con Barcola y Kvaratskhelia, Dembélé hizo su doblete. Gravenberch, por el camino, quedó retratado. ¿A dónde va el Liverpool con un pivote que no sabe cerrar ángulos de tiro ni cortar líneas de pase?

Luis Enrique: “Miraré el Bayern-Madrid tomando una cerveza en casa”

“Me gustó la primera parte porque dominamos y jugamos en campo contrario”, dijo Luis Enrique, rubicundo al pasar de la intemperie fría al túnel del estadio, después del partido. “En la segunda parte, cuando el Liverpool tuvo que asumir más riesgos, nosotros los atacamos con nuestros delanteros, que son muy rápidos y en ese escenario se encuentran muy felices. El premio a Dembélé como mejor jugador del partido es un premio colectivo. Me alegra por todos”.

“Este miércoles veré el Bayern-Real Madrid tomando una cerveza en mi casa”, celebró el técnico asturiano, en relación al cruce del que saldrá su rival en semifinales. “Pero no diré cuál es mi preferido porque cada vez que lo digo me toca jugar con el que no quería”.

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