Manuel Carrasco se sincera sobre su ascenso a la fama: “Nadie sale del todo bien de ‘OT”
El periodista Jordi Évole ha estrenado la nueva temporada de ‘Lo de Évole’ con una conversación íntima y reveladora con el cantante que creció en un patio de vecinos en la Isla Cristina


El periodista Jordi Évole ha estrenado la nueva temporada de Lo de Évole en La Sexta este domingo con una conversación íntima y reveladora con el cantante Manuel Carrasco (45 años, Isla Cristina). Aunque ahora es uno de los artistas más reconocidos del panorama musical español, su camino estuvo marcado por una infancia difícil. En el episodio, presentador y cantante van de pub en pub en un taxi por la ciudad de Londres y entre cervezas, el artista que salió de la segunda edición de Operación Triunfo, hace 24 años, se sincera: “Creo que nadie que sale de un programa así, al menos en mi época, sale del todo bien”. Y añade: “Nadie está preparado para un cambio de vida así, para ser conocido de la noche a la mañana y creerte una película que no es del todo real. Una cosa es la parte mediática y otra, una carrera musical”.
El cantante le confiesa a Évole que “estaba muerto del miedo” cuando decidió aventurarse en el talent musical, pero también que este fue un antes y después en su vida. “En aquella época, con la historia que yo traía detrás, fue como un salvavidas en medio del océano cuando te estás ahogando”, le cuenta. “Si yo quería hacer algo grande en la música, sentía que no me iba a atrever si no era con un golpe así de rotundo. Tenía mucho miedo, muchas inseguridades, y sabía que no me atrevería de otra forma”, reflexiona.
Al salir del programa que le lanzó a la fama, Carrasco firmó un contrato de cinco años del que más tarde se arrepintió porque no tenía el control sobre su propio trabajo. “Al principio yo ya tenía canciones, pero pensaba: ‘Lo mío no será tan bueno’. Cuando me daban lo que tenía que cantar, decía: ‘Esto no me gusta’. Igual lo mío no era tan bueno, pero esto no lo canto ni para atrás”, recuerda de esos inicios. Cree que fue el único de esa edición de OT que cumplió el contrato y que el resto de sus compañeros estaban mejor asesorados.
La gira de su edición fue un éxito, pero pronto volvió a enfrentarse con la realidad. “Salimos del concurso y estábamos cantando para 10.000 personas, todos juntos, de gira. Sin embargo, el primer concierto que hice como solista fue en Prado del Rey, en Cádiz, en un campo de fútbol, y vinieron 300 personas. No entendía nada. Pensaba: ‘¿Qué ha pasado aquí?”. Fue entonces cuando decidió refugiarse en Barcelona por miedo a regresar a su pueblo, Isla Cristina, y tener la sensación de que había fracasado. “Guardo una tristeza en algún rincón de aquellos primeros años, de no saber muy bien dónde estaba ni cómo enfrentarme a todo lo que me estaba pasando”.
Tras OT, las puertas de la fama se cerraron rápido. Tocó volver a empezar. #LoDeManuelCarrasco pic.twitter.com/a6QG1WfC8n
— Lo de Évole (@LoDeEvole) January 18, 2026
El cantante ha contado en ocasiones anteriores que creció en un hogar humilde. Su padre era marinero, su madre sostenía el hogar y de sus cinco hermanos él fue el único que estudió EGB. “En casa había muy poco, yo me crie en un patio de vecinos, en una habitación los siete, y nos tocó una vivienda de protección oficial. Mi padre pidió fiado a la tienda donde compraba la comida y así compramos el piso, que tenía 60 metros para siete personas. Teníamos literas”, recuerda también en el programa de Évole. En casa no siempre había comida para todos y acudían al comedor escolar subvencionado con frecuencia. “Éramos unos buscavidas. Vivíamos allí porque no había otra cosa y con los estudios nosotros siempre decíamos que eso era para los hijos de los maestros. Era como una derrota anticipada, que yo siempre he intentado luchar contra eso”, le cuenta.
Antes de convertirse en el artista que es, Manuel Carrasco hizo de todo. Trabajó como pintor y vendía coquinas en los mercados a los 11 años. La música también fue una herramienta que usó para ganar dinero. “Cuando iba a buscar a mi padre al puerto me hacía cantar en la barra de un bar y pasaba el plato cantando fandangos y me daban el dinerillo, me sacaba mis 300 o 400 pesetas. Yo era un buscavidas, me he criado así y eso ha sido una constante a lo largo de todos estos años”, le dice a Évole.
Asumir la fama aún es difícil para Carrasco, hoy padre de dos hijos con Almudena Navalón: “Me ha costado reconocer la realidad a la que podía adaptarme y me ha dado miedo incluso por mis hijos. Date cuenta cómo soy yo, me compré un coche pasados diez años, pero me daba como vergüenza. No me gusta ir por ahí de ostentar, no va conmigo eso. Me veo fuera del tiesto, pero me siento más a gusto con la gente de siempre”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.






























































