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Comida viejuna de Navidad: las fotos más impactantes de los lectores

La 10ª edición del concurso de El Comidista nos deja una gran colección de platos imposibles, decoraciones extravagantes y, sobre todo, muchas risas

Comida de Navidad

Toda Navidad tiene sus clásicos. Unos buenos como los turrones, las campanadas y los belenes, y otros no tanto, como las cenas de empresa, las 30.000 horas de villancicos non-stop en los supermercados o los anuncios “ni de izquierdas ni de derechas” de Campofrío. A la lista, por supuesto en el lado positivo, hay que añadir el que para nosotros es el clímax de la temporada: el concurso Navidad Viejuna, con su celebración de esos platos imposibles tan propios de las fiestas.

El certamen cumplía este año su 10ª edición, y en una fecha tan señalada no nos habéis defraudado. Tras una década de ensaladillas profusamente decoradas, instalaciones de roscos de vino, belenes comestibles de huevos rellenos, falsas langostas de rape, prodigiosos áspics de verduras y hasta arcángeles-barbie hechos de embutido, las fotos que nos habéis enviado este año han superado todas nuestras expectativas. La comida viejuna sigue viva, tanto como las ganas de reivindicar con sentido del humor esos platos que no pegan ni con cola en la modernidad gastro del siglo XXI, pero que son puritito food art.

La ganadora

Sin más preámbulos, vamos con los greatest hits de este año. El primer premio es para María Victoria Terrén Herreros, que nos ha robado el corazón con sus albondibolas de árbol de Navidad. Tiene trabajo, tiene fantasía, tiene calidad artística y tiene gulas, bechamel y gambas con piña: todo el atrevimiento necesario para dejar patidifuso al Politburó Comidista.

“Las bolas de Navidad son unas albóndigas de merluza y gambas con salsa marinera, acompañadas de unas hojas de acebo de bechamel de espinacas y bolitas de acebo de puré de patata y espumillón de gulas al ajillo”, explica María Victoria. “Espero que os guste”. Y tanto que nos gusta, amiga: es el tipo de delirio imaginativo y bien ejecutado que siempre lleva las de ganar en este concurso.

Además de poder pavonearse como Miss Viejunismo 2026, María Victoria tendrá pronto en casa una superbatería de cocina Tramontina Grano, cortesía de nuestra amada tienda de instrumentos de cocina Le Cuine. El pack se compone de tres sartenes de acero inoxidable, una cacerola y un cazo del mismo material, válidas para cualquier tipo de cocina. Son estilosas, transmiten bien el calor en todos los puntos y no se desgastan con el tiempo, puesto que no tienen revestimientos que se puedan desprender.

Los finalistas

Otros cuatro lectores casi nos dejan ciegos con la brillantez de sus aportaciones. Ana Martos puso un toque internacional al certamen con el “postre pez lamprea”, que avistó en su cena de Nochebuena en Portugal. “Para mi sorpresa tuve el placer y el horror al mismo tiempo de conocer este plato. Aunque estaba hecho de yema de huevo aquello daba cosica”. Gracias, Ana, por recordarnos que la comida viejuna tiene mucho de comedia y de huevo hilado, pero también algo de película de terror.

Carmina Tordera nos fascinó con su obra El Troncón de Belén, en el que renueva el género del belén comestible fundiéndolo con otros dos clásicos: el tronco de Navidad y los roscos. “Ya es una tradición navideña hacer los rollitos de anís con la receta de mi abuela, y el tronco, con la de mi madre. Este año hemos juntado los dos, aunque a los rollitos les ha faltado un poco de horno, porque era un homenaje a Gaza”. El jurado valora la artesanía repostera, la perilla de San José y la incorrección del comentario sobre el color de los protagonistas.

Patricia Martínez tiene la respuesta para algo que todas nos hemos preguntado: qué pasaría si Santa Claus se hiciera travesti, concursara en Drag Race y se operara los labios, la nariz y los ojos nada más salir del programa. “Este Papá Noel viejuno, relleno de ensaladilla rusa, ha hecho las delicias de nuestra familia esta Nochebuena”, explica sobre su plato, perpetrado junto a Mª Ángeles y Santiago. Imposible no rendirse ante una creación tan aesthetic, familia.

Alba Llopis y su cuñada María dieron con un concepto sencillo a la par que original: unas bolas de Navidad de queso forradas con salmón, frutos secos y granada. “Pensamos que no hay árbol que las soporte, así que creemos que su sitio ideal es una bandeja de plata en el centro de una mesa navideña viejuna”, asegura Alba. “Todos los domingos comemos juntas en familia y cocinamos un postre viejuno distinto, nos está quedando una serie fantasiosa”. ¿Este concurso está creando un monstruo? Seguramente.

El premio para la labor artístico-culinaria de nuestras finalistas es un juego de tres sartenes de acero inoxidable de Tramontina Grano con las mismas ventajas de la batería que se ha llevado el ganador: no pierden con el tiempo, distribuyen bien el calor en cualquier tipo de fogón –gas, inducción, vitrocerámica o eléctrico– y las puedes sacar a la mesa porque son bonitas.

Menciones de honor

Ha habido muchos más participantes que merecen reconocimiento por haberlo dado todo en sus creaciones. Aunque no consiguen ningún premio material, la Escuela Oficial de El Comidista concede el título de másters en Comida Viejuna a las siguientes personas.

Lorena Olmos iluminó nuestro espíritu con estas velas de chorizo, queso y cebolletas que hizo su madre. “Fueron su gran fracaso de estas navidades: nadie adivinó lo que eran, se caen como la propia idea y no tuvieron mucho éxito, todo hay que decirlo”. Madre de Lorena, nosotros sí sabemos apreciar un buen fail, te comprendemos y aplaudimos tu creatividad.

Cristina Piris cree que Jesucristo, cabecilla del Sindicato de Inquilinas de Belén, fue iniciado en la lucha por sus padres nada más nacer. “Es la okupación de la casita de jengibre por María y José, que ya sabemos que la vivienda está muy mal y a Ikea le sobraban casas”.

Montse Vives, ganadora del certamen en 2024, volvió a dar otra muestra de savoir faire con estos graciosos pececillos. “Un año más he aprovechado los ratos muertos de la escudella para perpetrar canapés y otros engendros”, nos cuenta. “No obstante, he dejado el sacrilegio de lado, que, aunque pierdan todos los pleitos, no está el horno para responder a querellas de Hazte Oír y similares. Me he decantado por homenajear un villancico viejuno y ya de por sí surrealista con una composición titulada Pero mira cómo beben. El surtido de patés ha pasado por unos moldes en forma de pez, y los peces de foie, de pescado y vegetales navegan por un mar de blonda plateada (homenaje a los ríos de nuestros belenes), con algas de huevo hilado y un ojito de pimienta verde". Montse, eres una diosa y lo sabes.

El Equipo del Corralito de Santo Martino es un grupo de amigos que lleva varios años participando en este certamen. Tras su “ensaladilla cuélebre” y su “zarzuela de marisco”, este año nos sorprenden con un árbol de Navidad muy particular. “¿Cuántas veces, tras sobrevivir al atraco de los precios y al esfuerzo titánico de cocinar, no hemos dicho: ‘El año que viene paso de todo: unos huevos fritos con patatas y tan a gusto’? Pues bien, nosotros lo hemos cumplido. Hemos rescatado ese placer de mojar la miga en el huevo con pimentón, como hacíamos con nuestros abuelos, y lo hemos elevado a categoría de banquete. Como la diversidad también se sienta a nuestra mesa, presentamos el plato en tres versiones: la tradicional, la vegana (con huevos plant based y calabizo) y la puramente viejuna, con espumillón de picadillo.“. ¡Bravo!

Agusaro Promos envió una de nuestras ensaladillas decoradas favoritas entre las tropecientas recibidas, digna de un templo precolombino. “Es la que nos preparó una vez más nuestra ama para la cena del 24. No sabemos si es un sol antropomorfo, un dios maya o tolteca, o es que estaba con excedentes de espárragos”.

Trilingual Blogger juntó la comida viejuna con algo más viejuno todavía: la heráldica. Apreciamos la perfección formal del conjunto, y si tuviéramos un caserón de piedra, nos pondríamos ese escudo en la fachada.

Shelly Grene nos presentó a un personaje que podría aparecer en las alucinaciones de cualquier aficionado a los porros. “Estas fiestas quisimos traer a la mesa a esta criatura llamada gingerman, para que pusiera en riesgo nuestras arterias e inspirara nuestras pesadillas. Y como somos más modernos que los modernos, hicimos dos versiones, la primera pa’ todos los públicos y la segunda, vegana-mírame-pero-no-me-toques".

Ana Portero sabe que en El Comidista hay mucho gay, y por eso participó en el concurso con estas elegantes “mariquitas de caviar”. “Llevan paté de almendras y queso crema cubierto de huevas de lumpo de colores". ¿Quién dijo que lo viejuno no podía ser chic?

Roberto González le dio muy fuerte a un ingrediente viejuno por excelencia (los palitos de surimi) para construir un magnífico belén sobre pastel de pan de molde con mayonesa. Además puso un título inmejorable a su instalación: Krissia, what Krissia?

Brenda Melero nos dio algo que nunca puede faltar en una competición de comida viejuna: el festival de huevos rellenos. “Gracias por este concurso vintage que tantas sonrisas nos saca“, nos dice Brenda. “Nuestra propuesta se titula Ya vienen los renos, y la pudimos degustar en familia en Nochebuena. Esperamos que pueda formar parte de esa galería de fotos tan esperada cada año". Deseo cumplido, Brenda.

Hugo Boca organiza una cena con sus amigos para celebrar la Navidad Viejuna, con invitación formal incluida. “La semana previa había gran secretismo sobre lo que íbamos a preparar cada uno, y también nervios. El resultado fue una explosión de escenas y símbolos navideños comestibles, una cena que daba pena comerse y mucha diversión. Ya estamos pensando en qué haremos para la próxima”. De los platos recibidos, seleccionamos el Tió que se ha pasado con el speed, el coro blasfemo de angelitos de salchicha y la empanada muñeco de nieve con bufandita.

Livia López, o mejor dicho, su suegra, preparó esta maravilla para que sus nietos comieran algo mínimamente sano estas navidades. El por qué del extraño ritual que parecen estar celebrando los hombrecitos de huevo de codorniz permanece en el misterio, como el de las líneas de Nazca o los moáis de la Isla de Pascua.

Beatriz Perezagua nos deleitó con otra criatura digna de La nave del misterio, aparecida en la decoración de su ensaladilla de este año. “La intención era hacer una mariposa”, asegura, “pero según mi pareja es el ángel exterminador del espacio”.

Ana Belén Hellín comparte la fórmula para triunfar en cualquier cena navideña: los “duendes saltarines”. “Es una receta de fácil elaboración”, asegura. “Pimientos del piquillo rellenos de ensaladilla rusa, adornados con huevo duro y langostinos cocidos a los que han cogido prestados sus ojos. Cada Navidad es una fiesta de risas cuando aparecen emplatados por parejas en la mesa, un espectáculo que nadie de la familia ni amigos se quiere perder”.

Inés Olmedo es otra vieja conocida de esta competición, y nos bendijo con un pastelazo navideño de profusa decoración. “Este postrecito anglosajón, al que la abuela Julia, gibraltareña de cuna, llamaba Christmas budín, ha sido repetido de generación en generación. Largo es su proceso, rica su composición: frutas y frutos secos, especias a discreción, cerveza negra y brandy abundante, sin moderación. Alzamos la copa, sin miedo ni pena, por esta Navidad viejuna que nunca se frena ¡cada año más sabia y más plena!“. Inés, además de máster en comida demodé eres poeta, lo tienes todo en la vida.

Cristina Palafox mandó desde el Reino Unido esta pieza de arte conceptual, candidata a entrar en la colección permanente de la Tate Modern. “La excusa oficial para este entrante viejuno es el Brexit. Cuando tu pareja es inglesa y no puedes escapar a España para hacer acopio de un buen jamón serrano y queso manchego del que cura penas, pasa lo inevitable: terminas con el bodegón infantil de la fotografía. En lugar de ibéricos aparece un jamón que dice ser de Parma que poco tiene de británico, queso camembert francés que parece mirar con superioridad y para disimular unas olivas y tomates locales. El Brexit también ha tenido efectos colaterales: ha dejado fuera el portal de Belén y solo ha permitido la entrada de Rodolfo, el reno, que al parecer gestionó mejor los trámites”.

José Ramón Fortuño quiso compartir con el mundo las muy, muy, muy atrevidas banderillas que hizo su padre para el dia de Navidad, con una combinación de elementos que ni Ferran Adrià en un día de resaca. “Membrillo, medio huevo codorniz, trozo anchoa, pepinillo en vinagre, trozo de palitos de marisco y un mejillón del fin de semana pasado. ¡Tremendo!“.

Mònica Navarro entendió perfectamente el mejor valor de la comida viejuna: la reconfortante conexión con el pasado. “Mi pastel de atún al horno fue famoso antaño en mi familia, y lo he recuperado para vosotros este año”. No podemos sentirnos más honrados, Mònica.

Belén López Arroyo nos regaló el primer monstruo lovecraftiano de 2026: el “centollo cabreado” de su prima. Agradecidas te estamos nosotras a ti por compartir semejante espanto, Belén.

Patricia Feijoo celebró la comida del 25 por primera vez en su casa, y decidió lucirse con un menú elegante con toques demodés. “Soy esa amiga del grupo que cuando sale fuera a comer pide peras al vino o una copa de nata con nueces, así que no iba a dejar que mis familiares se fueran sin agasajarlos con un postre viejuno donde los haya: macedonia. Una delicatessen servida en los boles de la abuela, que son también mis favoritos. Es que no parece que tenga 34 años. Os adjunto foto del resultado final junto con la minuta (sí, lo siento, tenía que presumir un poco). Lleva piña, kiwi, pera, caqui, fresa, arándanos y mi toque, un poco de hierbabuena picada. No es lo más clásico pero le da un frescor maravilloso que no estoy dispuesta a eliminar para ser más viejuna”.

Nuria Bengoa avistó esta alucinación digna del mejor viaje de LSD en la mesa familiar de Nochebuena. “Es la fantasía de ensaladilla que preparó mi padre”, confiesa. Qué suerte tienen algunas, querida Nuria.

Marta de la Fuente hizo un mix de dos tótems viejunos: el cóctel de gambas y la piña rellena. Mira que las vemos todos los años, pero las gambitas suicidándose en la masa de mayonesa siempre nos emocionan.

Elena y Silvia Barrio demostraron que en este certamen también hay lugar para la reivindicación. “En mi familia política cada Navidad decoran la ensaladilla con un mensaje, una palabra que resuma un acontecimiento significativo del año. Es uno de los momentos más esperados de la cena: ‘¿Qué pondrá este año en la ensaladilla?’. Hace más de 20 años que comparto esta tradición y, desde entonces, cuando hago una ensaladilla, automáticamente me paro a pensar qué es importante en ese momento. GENOZIDIOA STOP".

Víctor M. Romero Carnicero vino a recordar que no hay Navidad Viejuna sin pastel de pescado. El suyo, además, tiene relato, o moraleja, o lo que sea: “Si George Orwell pudiera entrar un día cualquiera en un vagón del metro y ver a todos los viajeros hipnotizados ante un pequeño aparato rectangular, igual pensaría que el futuro que él imaginó en 1984 apenas quedó en un relato infantil. Por ello, he querido rendir un merecido homenaje al Sr. Orwell a través de mi Pastel de salmón viejuno y navideño. Su Gran Hermano que no deja de mirarte no ha podido encontrar mejor acomodo, y ahí ha instalado su atalaya para no perderos a ninguno de vista".

Amparo Sanchís no tuvo mucha gente a comer en Navidad, y liberada de cargas familiares, no se le ocurrió nada mejor que entregarse a los frenesíes de la cocina viejuna. “Solo éramos dos, así que después de 40 años haciendo el mismo pavo, me dispuse a pasarlo bien. Mi madre hacía un pastel (?) de patata con relleno de atún con tomate y bechamel que nos gustaba mucho. A mí me gusta hacer el pastel de pescado-pescado con forma del ídem, así que he hecho un híbrido en recuerdo de mi madre. El bacon viene a ser el mar. Por si hay dudas puede verse una gamba nadando. Los arbolitos son de espinaca con trocitos de pimiento“.

Sandra Monfort y su familia (Gema, Fernando, Imanol, Ibai e Iñaki) se presentaron fuera de plazo, pero su trabajo sirve de broche de espumillón dorado a la 10ª edición del concurso. “Nuestros hijos ya no conciben Nochevieja sin la elaboración de platos viejunos para nuestra última cena del año”, asegura Sandra. “Para esta elaboramos un combo de aperitivos kitsch con participación de toda la familia: árbol de Navidad de hojaldre (en Instagram quedaba mejor), casita y canapés pura fantasia, reno sanwichero con trineo, y nuestro favorito: pingüino navideño de ensaladilla con langostinos. Con mucha diversión os agradecemos el concurso y... ¡larga vida a la Navidad Viejuna!"

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