Carla Soldevilla, ‘influencer’ de cocina tradicional: “Cuando empecé, hacía recetas con chía y la gente me escribía porque quería aprender a hacer lentejas”
Esta creadora de contenido triunfa en redes sociales cocinando recetas de toda la vida, rescatando preparaciones de nuestras abuelas y dando a conocer la gastronomía de las distintas regiones españolas


“30 recetas de la abuela que tienes que aprender a preparar antes de los 30. Hoy: pisto con huevo”. “Compartiendo recetas para que nunca se pierdan, episodio 4: las habitas de Mariloli”. “Gastronomía española de la A a la Z. Hoy, con la G: gachas manchegas”. Estas son algunas de las series de vídeos que la cocinera e influencer Carla Soldevilla, más conocida como Chefenials, ha puesto en marcha en sus redes sociales y con las que quiere animar a cocinar a otros milenials como ella que, quizá, no se atreven a preparar un guiso o unos buñuelos.
A sus 30 años, esta joven, natural de Terrassa, atesora más de medio millón de seguidores entre sus perfiles de Instagram, TikTok y YouTube, donde prepara recetas de toda la vida, divulga sobre gastronomía tradicional española e incluso cocina con abuelas para que las recetas que ellas han preparado siempre “a ojo” no se pierdan.
Desde que acabó la ESO, Carla supo que quería dedicarse a la cocina. Y lo consiguió. Estudió el Grado en Gastronomía en el Basque Culinary Center y ha trabajado en restaurantes, hoteles y en la industria alimentaria hasta hace apenas unos meses, cuando decidió darle una oportunidad de verdad a las redes sociales al ver que sus vídeos funcionaban cada vez mejor. “Empecé a crear contenido en pandemia por aburrimiento, pero también porque era algo que sabía que quería hacer. Lo que pasa es que siempre me ha dado mucha vergüenza. En 2020 me dije: ‘Venga, empiezo en marzo’. Así que cuando nos confinaron, pensé que era una especie de señal”.
Al principio no se lo tomó demasiado en serio y, cuando le tocó volver al trabajo tras el confinamiento, lo dejó un poco de lado. Pero hace tres años, lo retomó con muchas ganas y la cosa comenzó a dar sus frutos. También influyó el giro que le dio a su contenido. “Antes solía hacer recetas sueltas, que a mí me gustaban o que se hacían virales y, claro, cuando creas contenido, te empiezan a llegar mensajes y comentarios. Yo estaba ahí, haciendo recetas de cosas con chía y mucha gente me escribía porque quería aprender a hacer unas lentejas”.
Carla se dio cuenta de que igual era más útil enseñar a preparar esas recetas de siempre que muchas personas no saben hacer o no se animan a preparar porque les parecen muy complicadas o creen que les van a llevar una eternidad. “Vi que esto conectaba mucho con la gente de mi edad que no sabe cocinar y que tenía más sentido para mí, porque al final esa cocina tradicional es la que hago en mi día a día”. Así fue como, en sus redes sociales, fueron apareciendo recetas de olla podrida, bollos preñaos, porrusalda, natillas, cojondongo, espinacas a la crema, lacón con grelos, puches, castañas con leche o buñuelos de bacalao.
Reconoce que, a su alrededor, entre la gente de su edad, le cuesta encontrar a alguien que cocine en casa. Dice que, cuando ve que sus amigas se independizan, muchas veces piensa: “¿qué comerán?“. Lo achaca sobre todo a dos factores. ”Por un lado, en el súper venden un montón de cosas ya medio hechas, así que pensamos ‘no necesito ni aprender a hervir arroz porque tengo los vasitos de un minuto’ o ‘no necesito aprender a hacer caldo porque tengo el de tetrabrik’. Y además son cosas relativamente baratas". Carla admite que ella es la primera que guarda en su despensa caldo de bote y arroz precocido, porque a veces tampoco tiene tiempo, pero cree que hay una diferencia entre “usarlo de vez en cuando porque es práctico y no saber hacer otra cosa”. Y lo que más pena le da, afirma, no es que la gente no sepa hacer caldo, sino que, por este motivo, “en todas las casas la comida sabe igual”.

Por otro lado, entiende que esa falta de relevo generacional en las cocinas es también una consecuencia de que “antes, quienes se encargaban de cocinar eran, en un 99% de los casos, las mujeres. Ya no tenemos esa carga, esa obligación, pero siento que ese trabajo no se ha distribuido entre el resto de la familia. Nadie ha asumido su parte y se ha perdido”.
Cuando la práctica de cocinar se deja de lado, no solo se pierden la costumbre y las recetas, sino también una serie de hábitos asociados a ella. De ahí que algo tan cotidiano como ir al mercado se les haga un mundo a muchos jóvenes. Esa “vergüenza” a la hora de ir a comprar tiene que ver, según Carla, “con un desconocimiento del producto, que te hace sentir como cuando yo voy a que me hagan algo en el coche, que no sé lo que me están diciendo. Creo que hay mucha gente que se siente así en la carnicería”. También piensa que “hay otra parte más generacional y es que no nos gusta mucho interactuar. Hay un punto de ‘bueno, mira, voy al súper, cojo la bandeja de pescado fileteado y ya está, no tengo que hablar con nadie”. Si en lugar de la bandeja del súper, vas a una pescadería, “te atiende alguien que sabe lo que está diciendo y que te puede dar consejos de cómo prepararlo si tú se lo preguntas. La experiencia no tiene nada que ver”.
Todo esto es lo que quiso reflejar en el libro que publicó en 2025, Cocina como una abuela (Editorial Molino), donde además de recetas, podemos encontrar consejos para organizarte en la cocina o para aprovechar las sobras. Es en este libro donde explica que fue su abuela la que, probablemente, despertó su vena gastronómica cuando, de pequeña, siempre le guardaba para merendar un plato de lo que hubiera cocinado ese día para comer, porque sabía lo poco que le gustaba a su nieta lo que servían en el comedor escolar. Ya estudiando cocina, se dio cuenta de que quería pedirle a su abuela que le enseñara a cocinar los platos que más le gustaban de su repertorio, pero cuando fue a hacerlo, el alzhéimer había avanzado demasiado y no recordaba muchas de las recetas que alimentaron la infancia de Carla. De ahí que ella haya querido convertirse en una especie de “puente entre generaciones”, para que las recetas de otras abuelas como la suya no caigan en el olvido.
Los vídeos de Carla no solo sirven para aprender a cocinar. Cuenta que, cuando estudiaba, una de las asignaturas que más le gustaban era la de Historia de la Gastronomía. Le interesa especialmente cómo las diferentes culturas presentes en España han ido dejando su huella culinaria a lo largo de los siglos y cómo ha ido cambiando la cocina, los ingredientes y, por tanto, lo que comemos. Esta pasión por la historia le ha llevado, entre otras cosas, a preparar garum —la famosa salsa de la Antigua Roma— o a explicar cuáles son los antepasados del salmorejo, cuando el tomate aún no había llegado a España desde América.
Además de los platos que a ella le gusta preparar y que se conoce al dedillo, Carla recibe muchas sugerencias por parte de sus seguidores, que le piden que haga algo de sus pueblos e incluso le pasan recetas familiares. Su otra gran fuente de información para localizar preparaciones tradicionales es internet... y un rincón un tanto inesperado: “Hay un fraile que hace recetas de las de siempre, muy bien hechas y muy bien explicadas, y de ahí saco muchas ideas”. Habla, como no podía ser de otra manera, de Fray Ángel Ramón Serrano, el monje franciscano que cocina en el Monasterio del Santo Espíritu del Monte, en Gilet (Valencia), y que en su canal de YouTube cuenta con la friolera de 420.000 suscriptores.
“Con las recetas que subo, hay quien descubre o redescubre platos, porque me llegan muchos mensajes del tipo ‘ay, mi abuela hacía esto hace muchos años o me acuerdo de que comía esto en el pueblo’”. En los comentarios tampoco falta alguna que otra disputa en torno a si un plato es originario de aquí o de allá, pero Carla dice que no suele ir a más y que solo “se pelean entre ellos”. A ella, lo que realmente le importa es otra cosa: “Igual me autoengaño, pero me hace ilusión pensar que la gente no solo ve las recetas, sino que le da por cocinarlas o por recuperar esa que en su familia se hacía y ya no”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































