Rotauro, el bollo para moteros que alarga la temporada de roscones
La Pastelería Galicia de Tordesillas creó este dulce, inspirado en el roscón de Reyes, para la concentración motera de Motauros, que tiene lugar cada mes de enero en la localidad vallisoletana
Mientras el resto de España inicia la desescalada gastronómica tras las fiestas navideñas, relegando el dulce para cuando el empacho remita, Tordesillas se aferra al roscón y lo hace gracias a la inesperada alianza entre una pastelería local y los clubes de motoristas que se reúnen allí a comienzos de año. Durante el mes de enero, la ciudad de Valladolid y la vecina localidad de Tordesillas se convierten en punto de encuentro ineludible para los amantes de las dos ruedas. Moteros de toda España y parte de Europa acuden a las concentraciones de Pingüinos y Motauros para hacer rutas, disfrutar de conciertos, exhibiciones y, por supuesto, también de la gastronomía. El frío invernal que acompaña a estos encuentros, llevó a Carlos Galicia, de la Pastelería Galicia de Tordesillas, a idear un dulce que les ayudara a coger fuerzas antes de echarse a la carretera.
Así nació el rotauro, un bollo inspirado en el roscón de Reyes —la masa, de hecho, es la misma—, cubierto de chocolate y con una fina capa crema de avellanas en su base, que se puede rellenar de nata, crema o trufa. Vamos, como el roscón de toda la vida. “Cada mes de enero, el pueblo se llena de gente, vienen alrededor de 25.000 moteros, y mi padre pensó que teníamos que aprovechar el tirón”, explica Álvaro Galicia, hijo del ideólogo del rotauro y sexta generación al frente de esta pastelería con 175 años de historia.
“El primer año que lo hicimos, hace unos seis, lo subimos a las redes sociales y causó furor en la zona”, cuenta Álvaro. Su forma redonda y el oscuro chocolate que lo recubre son un claro homenaje a la rueda de la moto, lo que ha hecho que se convierta, por aclamación popular, en el dulce oficial de estos aficionados al motor. “Los moteros son de buen comer y, además, como en esta zona hace mucho frío, hay que crear un poco de manteca en el cuerpo para soportar los inviernos de Valladolid”.
El éxito de este bollo ha ido creciendo año tras año, hasta tal punto que, en Pastelería Galicia, ya consideran el período de concentraciones moteras como “otra campaña de roscones”. Comenzaron a elaborarlos el 6 de enero y terminarán este fin de semana, cuando Motauros cierre su edición de 2026. “Y después nos cogeremos una semanita de vacaciones, porque falta nos hace”, comenta Álvaro entre risas. En las dos semanas que dura la campaña, elaboran entre 600 y 700 rotauros, por lo que mantienen contratado al equipo de refuerzo con el que trabajan durante la temporada navideña.
La iniciativa de crear el rotauro fue del padre de Álvaro, pero rápidamente consiguió que la organización de Motauros se subiera al barco. El primer y segundo año metían dentro del roscón el pin oficial de la concentración, aunque ahora introducen todo tipo de sorpresas, como llaveros, imanes o incluso una linterna de bolsillo.
Desde la pastelería aseguran que “no hace falta tener moto para disfrutar del rotauro”, lo que sí hace falta es encargarlo, porque aunque a veces tienen alguno preparado en la tienda, el resto se elaboran solo bajo pedido. Para recogerlos, hay que ir a su establecimiento, ya que, al tratarse de un producto delicado, no hacen envíos. Y aunque la campaña oficial es ahora, justo después de las Navidades, se pueden encargar durante todo el año, siempre que se haga con entre 24 y 48 horas de antelación.
Hay tres tamaños: el pequeño (que da para unas cinco personas y cuesta 19 euros), el mediano (aproximadamente 10 raciones, a 33 euros) y el grande, que en palabras de Álvaro Galicia, “es una absoluta bestialidad, pesa casi tres kilos” (unas 14 o 15 raciones contundentes, por 42 euros).

Una pastelería con casi dos siglos de historia
El pasado 2025, Pastelería Galicia celebró su 175º aniversario. Álvaro y su hermano Diego son la sexta generación de la familia Galicia que se hace cargo de la empresa desde su apertura en el año 1850, dando el relevo a sus padres, Carlos y Ana. Es conocida, sobre todo, por elaborar los polvorones El Toro, que se distribuyen tanto a nivel nacional como internacional, pero que nacieron en 1954, de la mano del abuelo de Álvaro.
La fama que adquirieron sus polvorones, les llevó a crear la marca Dulces El Toro en 2017 y a abrir una fábrica dedicada a su fabricación a gran escala dos años después en la misma Tordesillas. De esa fábrica salen, cada año, unos 13 millones de polvorones. La pastelería de Tordesillas continúa funcionando, incansable, camino de convertirse en un establecimiento bicentenario.
El año pasado abrieron en Valladolid la primera tienda de Dulces El Toro (Cánovas del Castillo, 4), donde también se han podido adquirir los famosos rotauros durante la concentración de Pingüinos. En Motauros, no solo venden su ya célebre bollo motero en la pastelería, sino que además se encargan de suministrar polvorones para el desayuno en las carpas que monta la organización del encuentro. “Para este frío, el polvorón es ideal. Y ya te digo yo que, en esos desayunos, no dejan ni uno”.
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