Modelos modulares y flexibles para los programas ejecutivos
Crece la oferta de másteres específicos y microcredenciales impulsada por la demanda de capacitación continua en áreas como la inteligencia artificial o la sostenibilidad


Durante décadas, la formación de posgrado se sostuvo sobre una premisa sencilla: dedicar una cantidad considerable de tiempo y dinero a cambio de un título capaz de impulsar la carrera profesional. Hoy ese modelo empieza a resquebrajarse: frente al máster tradicional han ido surgiendo en los últimos años formatos más breves, flexibles y modulables, como las llamadas microcredenciales, que están reconfigurando las reglas del juego en la educación ejecutiva, así como la manera en que las personas y las empresas entienden la educación a lo largo de la vida.
El auge de plataformas como Coursera o edX ha acelerado un cambio que, según los expertos, no es coyuntural. “Sería un error interpretarlas como una moda”, advierte Lucía Andaluz, directora de departamento de programas online en Economía y Empresa, Comunicación y Marketing de la Universidad Europea. “Las microcredenciales responden a una necesidad que ya existía, la de actualizar competencias en ciclos mucho más cortos que los que permite un máster tradicional, especialmente en entornos digitales donde el conocimiento evoluciona muy rápido”, explica. La consecuencia es un desplazamiento del modelo educativo: el aprendizaje deja de concentrarse en una etapa vital concreta y se distribuye a lo largo de toda la carrera profesional.
Ese diagnóstico es compartido por las grandes escuelas de negocio. Martín Rodríguez, director general de Executive Education en IE University, lo formula en términos estructurales: las microcredenciales son una respuesta a cambios profundos como la velocidad de obsolescencia del conocimiento, la fragmentación de las carreras profesionales y la necesidad de un aprendizaje relevante y ágil para el reskilling, afirma. “Durante décadas, el modelo era estudio más trabajo, con actualizaciones puntuales para desarrollarse en un modelo profesional en T, con una única línea de profundidad de conocimiento (la parte vertical de esa T)”. Hoy, sin embargo, expone que nos movemos hacia ciclos en los que los profesionales necesitan adquirir capacidades específicas, y en muchos casos profundas, en distintos momentos de su vida, “avanzando hacia carreras en forma de M, con múltiples verticales profundas que se van ganando a lo largo del tiempo”, define.
Mayor adaptabilidad
Las ventajas de este nuevo formato son evidentes. Flexibilidad, menor coste y mayor capacidad de adaptación a agendas laborales exigentes. “Permiten adquirir una competencia muy específica sin comprometerse con programas largos”, resume Andaluz. Por su parte, Michele Quintano, director de Esade Executive Education, añade otro factor clave: la inmediatez. “Certifican competencias muy demandadas por el mercado de forma casi instantánea”, incide. Entre los perfiles que más se benefician figuran los profesionales en mitad de su carrera y los directivos, que necesitan actualizarse en áreas críticas —como inteligencia artificial (IA), sostenibilidad, nuevas formas de liderazgo— sin abandonar sus responsabilidades. “No buscan un título por el estatus, sino por la competencia técnica y la aplicación inmediata”, subraya Quintano. “El patrón común no es la edad, sino la mentalidad: profesionales con una alta conciencia de que su valor depende de su capacidad de aprender y adaptarse para dominar nuevas habilidades o responder a nuevos contextos”, agrega Rodríguez.
Sin embargo, el auge de las microcredenciales no está exento de riesgos. El principal, la fragmentación del conocimiento. “Si no hay un hilo conductor, se corre el riesgo de aprender herramientas sin entender el contexto”, advierte Andaluz. Una preocupación compartida por el ámbito académico. “El participante puede obtener píldoras de conocimiento sin una visión holística o estratégica, que es lo que, al revés, realmente aporta un programa de larga duración”, señala Quintano.
Ecosistema
Ante el auge de estos formatos más cortos, surge entonces la duda de hasta qué punto sustituirán a los programas de máster tradicionales. Pero lejos de una batalla frontal, el sector tiende a hablar de convivencia. “Másteres y microcredenciales no compiten necesariamente, porque responden a necesidades distintas. En realidad, las segundas son una pieza más de un ecosistema de aprendizaje más flexible, modular y orientado a la empleabilidad”, señalan Lourdes Guàrdia y Marcelo Maina, investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y coautores del libro Microcredenciales: Transformando la educación y la empleabilidad con ecosistemas de aprendizaje innovadores y flexibles.
En cualquier caso, lo que está claro es que el modelo educativo está mutando hacia un nuevo paradigma que tiene el aprendizaje permanente como centro y en el que “no desaparecen los títulos tradicionales, pero dejan de ser la única unidad de valor”, explican Guàrdia y Maina. Esto obliga ya a universidades y escuelas de negocios a rediseñar su oferta, integrando programas largos, módulos especializados y certificaciones intermedias. Entonces, ¿cómo se verá la formación ejecutiva dentro de cinco o 10 años? “Veremos itinerarios totalmente personalizables donde el profesional irá acumulando microcredenciales que, al sumarse, podrán convalidarse por títulos mayores, según el principio de la stackability [apilamiento]”, vaticina Quintano.
El reto de la credibilidad de los formatos cortos
A diferencia de los másteres, respaldados por décadas de reconocimiento institucional, no todas las microcredenciales ofrecen las mismas garantías. Uno de los grandes retos es “la señalización en el mercado”, advierte Lucía Andaluz, de la Universidad Europea. La proliferación de cursos y certificaciones ha generado un ecosistema desigual, donde conviven programas rigurosos con otros de valor incierto. Para el profesional la pregunta ya no es solo qué estudiar, sino qué credencial será realmente reconocida.
“El futuro no pasa por emitir más credenciales, sino por asegurar que éstas representan aprendizajes relevantes, evaluados con rigor y comprensibles para empleadores e instituciones”, señalan Lourdes Guàrdia y Marcelo Maina, de la UOC, quienes defienden el uso de herramientas como ePortfolio, que permite demostrar competencias con pruebas concretas y no solo con un certificado nominal.
El debate conecta con una preocupación más amplia del mercado laboral: la brecha entre lo que las empresas necesitan y lo que la educación acredita. Los expertos creen que las microcredenciales pueden ayudar a cerrarla, pero solo si mantienen estándares claros y comparables. En última instancia, el éxito de este nuevo modelo dependerá menos de su formato —si es breve o largo— que de su capacidad para generar confianza. Porque en un mercado saturado de títulos la escasez no es de cursos, sino de credenciales que verdaderamente signifiquen algo.
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