Los Backstreet Boys en La Esfera de Las Vegas: la mezcla perfecta entre nostalgia y futurismo descomunal que ni siquiera necesita de su presencia
La mezcla de la banda y sus temas noventeros con la brutal puesta en escena retrofuturista del recinto de Las Vegas hace que sus escasos conciertos sean tan virales como únicos


Todo está muy trillado. Todo se queda corto. Más allá de un “es increíble” o “te deja con la boca abierta”, resulta difícil explicar qué supone ir a La Esfera de Las Vegas a ver a los Backstreet Boys. Mucho. Pensando en los porqués, probablemente se junten un par de cosas. Primero, la excepcionalidad del concierto en sí: la reunión de los cinco chicos (o, ya, señores) que lo vendieron todo en los años noventa arrasa en un momento donde la nostalgia resulta el único salvavidas. Segundo, el momento de comunión, con 20.000 almas de toda edad y condición (sobre todo femenina) vestidas de blanco y plata desgañitándose cantando temazos de hace 30 años y reproduciendo coreografías de la adolescencia. Pero tercero, y sobre todo, el escenario donde se han decidido a hacerlo: La Esfera de Las Vegas. Cuando se te abre el cielo (a más de 110 metros) y parece que te va a abducir una nave espacial, o cuando suena una canción llamada Siberia y la temperatura baja varios grados, sabes que lo que ves no es normal
Realmente, lo de los Backstreet Boys es excepcional. Hay quien tiene la suerte de ver los mayores conciertos de pop del mundo —lease, esta corresponsal—, desde la megagira de Taylor Swift a Beyoncé volando en un descapotable o Lady Gaga como reina de la ópera de su vida, pasando por el inabarcable festival de Coachella. Es decir: hay material para comparar. Y no hay nada como esto. Los Backstreet Boys han sabido llevar sus canciones, de los baladones a las bailables, a un recinto como no hay igual en el mundo y en un espectáculo pensado para dejar sin respiración durante 100 minutos. Y demuestran su poderío desde antes de empezar a abrir la boca.
Una vez se entra al escenario de La Esfera, ya es otro planeta. Un entorno retrofuturista donde las paredes muestran turbinas, cables, luces y una consola central, que parece una nave espacial, al hilo del superventas disco Millennium, de 1999, en el que se basa la gira. Pero la nave, como todo lo demás, no lo es, solo lo parece: todo es proyectado, no hay nada real. Es la magia de La Esfera. Sus pantallas, con 53.000 metros cuadrados de LEDs y una calidad de 16K, ocupan como cuatro campos de fútbol. Es tecnología extrema, pero para el humano, por mucha pantalla que veamos a diario, por muy acostumbrados que estemos a los trucos tencológicos, es como si saliéramos del siglo XV. Todo el mundo está boquiabierto, sacando fotos, haciendo zoom con sus teléfonos, intentando entender algo de lo que ven.
Hay tiempo, porque los Backes, como los llaman las mileniales, se hacen esperar 45 minutos para empezar a cantar. Y cuando lo hacen son los mismos chavales de Florida que fascinaron a millones de adolescentes a mediados de los noventa. Se arrancan con su Larger Than Life, single de Millennium: tiene sentido, porque así se titula la gira, y porque es un homenaje y un agradecimiento a sus fans, que ya empiezan a desgañitarse. Ya aquel videoclip tenía naves espaciales y robots y ecos de un futuro dosmilero que no fue exactamente así, como sabemos 26 años después. Pero nada como lo que ellos muestran: cuando empieza la actuación, una nave espacial se eleva por la pantalla circular y gigante de La Esfera. Entonces, el cielo de la misma se va abriendo (en realidad, solo lo parece), los asientos empiezan a temblar y la nave, que el público parece ocupar, sale despedida al espacio, hasta flotar con las estrellas y pasar entre meteoritos y otras naves... y hasta proyectar a Nick, Brian, Kevin, Howie y AJ sobre el escenario (de nuevo, solo lo parece: salen de debajo del escenario). De otro planeta.
Una introducción estratosférica a la que siguen 25 canciones donde la cosa no para, solo va a más. En música y en sus fans cantando sin parar, abrazadas a sus amigas, mostrando ombligos y pinzas de mariposas en el pelo, aunque los 15 años estén ya lejos. En cuanto a ellos, con coreografías perfectamente ejecutadas, trajes y puestas en escena con un puntito hortera y divertido (al ser San Valentín, hasta lanzan rosas al público). Y en las pantallas, con cristales rompiéndose que parecen que dan al espectador, inmensos bloques de tetris flotando, haces de luz... Sí, muchos habrán probado la realidad virtual o el IMAX, pero este es otro nivel. A veces, hay que agarrarse al asiento. Hay atracciones de parques temáticos más suaves que esto.

¿Y ellos? Para quien no esté abajo, de pie, los cantantes les parecerían pequeñitos, diminutos, en la inmensidad y la vertiginosa verticalidad de La Esfera. Pero, al estar constantemente proyectados en sus paredes —ya sea en directo o con grabaciones y visuales creados para la misma— apenas se mira al escenario real, sino a lo que muestra el recinto. Sus voces, además (más que la de AJ, quizá el más desapercibido en los noventa y ahora el más carismático y mejor vocalista), pasan sin pena ni gloria. En realidad, los Backstreet Boys por sí mismos podrían estar allí o no, casi da igual. La experiencia les incluye, pero va mucho más allá de ellos.
La Esfera lo es todo, y ellos son los accesorios perfectos para el show. Cuando se entra en esa inmensa bola esférica en mitad del desierto que se ve a kilómetros de distancia y también desde el aire, todo es de tonos azulados, blancos y plateados, los mismos colores de los que visten los (sobretodo, las) fans de la banda. Dentro, camisetas por 60 dólares, chaquetas por 200, vasos de agua con la cara de los cinco muchachos por no menos de 12 dólares, cervezas a unos 25... Todo es una máquina de ingresos. Y no es que las entradas hayan sido baratas: las de pista, las menos caras, no han bajado de 600 dólares; las sentadas, de unos 1.000; y en reventa no era difícil encontrarlas (y verlas desaparecer) por 5.000 dólares. No hablemos de packs vips, fiestas temáticas y demás locuras.
Los BSB han sabido jugar bien con la oferta y la demanda. Nunca han dejado de hacer pequeñas giras (algunas, grandes: han llegado a Europa o a China), e incluso tuvieron una residencia en Las Vegas. Pero nada como esto. La exposición en redes les ha beneficiado, con un concierto que se ha hecho inmensamente viral, que las milennials consumen sin parar, en pedacitos de TikTok. Han ido ampliando fechas, pero con cuentagotas. En verano arrancaron con nueve conciertos, fueron subiendo y anunciaron un puñado más en diciembre, enero y febrero. El último fue este domingo, 15 de febrero, en un fin de semana con todo agotado donde se juntaron San Valentín, el día 14 —de hecho, todos ellos dedicaron canciones a sus esposas e hijos, presentes en el recinto— y que en Estados Unidos fue puente el lunes 16. Es decir, todo vendido y más que vendido.
Cuando suena As Long As You Love, las chicas —igual que ellos, ya mujeres hechas y derechas— se abrazan a sus compañeras y parejas. Recordarán tardes bailando en el patio del colegio y cintas de cassette rebobinadas a boli. Por La Esfera ya han pasado U2 y los Eagles, y también proyecta El mago de Oz, y en primavera mostrará a la banda No Doubt. Ellos, por su parte, irán a Alemania este verano, con una decena de conciertos. Pero la mezcla de nostalgia y retrofuturismo de Los Backes en La Esfera será difícil de superar, como fenómeno viral y en los corazones de las que están en la adolescuarenta.
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