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Un tornado para revolucionar Hollywood: la inteligencia artificial reinventa ‘El mago de Oz’

La Esfera de Las Vegas estrena una versión inmersiva de 100 millones de dólares del clásico de 1939

La nueva versión de 'El mago de Oz' ya ha vendido 200.000 billetes en la Esfera de Las Vegas, Nevada.Vídeo: Rich Fury (Sphere Entertainment)
Luis Pablo Beauregard

El mago de Oz vuelve. El público ya no solo ve el tornado que arrancó a Dorothy Gale de Kansas para mudarla a la Tierra de los Munchkin. Ahora puede experimentarlo gracias a potentes ventiladores que crean vientos huracanados que despeinan a la audiencia y lleva a algunos a cubrirse el rostro. Esto mientras la sala se cubre de papelillos como si fueran escombros dentro del ojo del tornado. La Esfera de Las Vegas, el icónico y enorme espacio de ocio inaugurado hace dos años en la ciudad de los casinos estadounidense, ha inyectado nueva vida al influyente clásico de 1939 con la promesa de convertir lo que antes era un viaje en technicolor a otro mundo en una experiencia sensorial. Para mirar al futuro, Hollywood vuelve al pasado.

Judy Garland, fallecida hace 56 años, ha dejado de ser la gran estrella de esta nueva etapa. La actriz comparte protagonismo con la inteligencia artificial, una herramienta que se ha atrevido a imaginar lo que estuvo fuera de cuadro en la oscarizada película de Victor Fleming. El preestreno de la nueva versión este jueves alimentará el debate existencial sobre el futuro del cine con la IA, un tema que provocó en 2023 una huelga de 148 días en Hollywood.

“Estamos rompiendo muchos esquemas con esto. En verdad creemos que estamos abriendo un nuevo capítulo en la forma en que se cuentan las historias. La IA cambiará la industria cinematográfica. Y creo que lo que hemos hecho es llevarla a sus límites”, aseguró a EL PAÍS en Las Vegas Jim Dolan, el consejero delegado de Madison Square Garden Entertainment y dueño de la Esfera. La empresa invirtió 100 millones de dólares (85 millones de euros), más del doble del inicial, en realizar esta versión. El presupuesto pulveriza los 2,8 millones de la original (65 millones al cambio de hoy).

El mago de Oz se exhibió por primera vez en el teatro chino Grauman, en el corazón de Hollywood. La sala tenía a finales de los años 30 una pantalla de siete metros de altura. Fue suficiente para maravillar a las audiencias con su transición de tonos sepia a los brillantes colores gracias a la entonces tecnología revolucionaria del technicolor, que combinaba tres negativos de colores en uno. Aquella primera exhibición sería como ver hoy una película en un móvil. Oz vive ahora en una pantalla de 111 metros de alto y 157 metros de ancho.

Un fotograma de la nueva versión de 'El Mago de Oz', en Las Vegas. La pantalla tiene más de 100 metros de altura y 150 metros de ancho.

Dolan inauguró la Esfera en 2023 con un espectáculo inmersivo del grupo irlandés U2. Desde entonces el recinto había apostado especialmente por números musicales. Desde los veteranos rockeros de Grateful Dead e Eagles, pasando por la jam band Phish, hasta la actual residencia de los Backstreet Boys. El sitio ya exhibió una película, Postales de la Tierra, de Darren Aronofsky, pero esta es la primera ocasión que se exhibe un clásico adaptado a esta pantalla, del tamaño de tres canchas de fútbol. Según el empresario, ya han vendido 200.000 billetes para las funciones de las próximas semanas. La entrada más barata cuesta 104 dólares. La película se mostrará en tres horarios y estará disponible en la nueva Esfera de Abu Dabi, que pronto comenzará a construirse.

Para adaptar la cinta a este formato gigante, con una definición 16K, la Esfera echó mano de Ben Grossmann, un supervisor de efectos visuales que ganó el Oscar en 2012 por La inveción de Hugo, de Martin Scorsese. Grossmann contrató a un ejército de 1.000 artistas, quienes fueron a los archivos de MGM y revisaron el guion original, los guiones técnicos del rodaje, los informes de la producción y las tomas descartadas. Todo esto fue después introducido en el programa DeepMind de Google. Cerca de otro millar de ingenieros y creativos estuvo dando forma a este nuevo mundo digital durante más de dos años hasta llegar a la versión mostrada esta semana.

“Necesitábamos ver cosas que estaban allí en el original, pero que no podías ver a través de la cámara. No se trata de una cuestión de fotografía, sino de que te llevemos ahí. Adoptamos una filosofía como si hubiésemos inventado una máquina del tiempo que nos transportó al mundo que ellos estaban imaginando”, explicó el jueves Grossmann, quien sirve de productor.

La tecnología ensancha la mirada del público, quien ahora puede ver, a su izquierda y derecha, animales en la granja de Dorothy que no existían en la película original o personajes que habían quedado fuera de cuadro en escenas importantes. Los interiores de los castillos cuentan en la versión con techos de decenas de metros que hacen sentir a la audiencia que está allí dentro con los protagonistas. El rostro del mago tiene el imponente tamaño de un edificio pequeño, lo que logra transmitir a los asistentes el miedo que sintieron Dorothy y sus amigos.

La experiencia se complementa también con una nevada en la que caen copos de nieve, una lluvia de manzanas de hule, efectos pirotécnicos y una serie de enormes changos voladores de color azul que flotan sobre la audiencia en una de las escenas más icónicas de la cinta. La butaca de los espectadores vibra en los momentos de tensión.

Algunos efectos visuales, sin embargo, sacan o distraen a la gente de la historia. El maquillaje digital hace parecer en ocasiones caricaturas a Dorothy y a los actores bajo el disfraz. Lo más inquietante son los rostros de los extras y las nuevas personas creadas digitalmente en los costados para rellenar la enorme pantalla. Algunos tienen rostros de alguien que resulta familiar. Otras caras son manchones que hacen recordar al Ecce homo de Borja.

El empresario Dolan confiesa que su cara aparece sobre uno de estos personajes durante unos instantes. El equipo de la producción insertó también el rostro del ejecutivo David Zaslav, presidente de Warner Bros. Discovery, un hombre clave en dar el visto bueno al uso de IA en la película. En el viejo Hollywood eran productos los que se insertaban en el fondo de las películas. En la era de la inteligencia artificial son rostros de magnates.

Grossmann indica que el trabajo del equipo de diseño no ha terminado. “No hay línea de meta. El equipo de cineastas original tampoco terminó el proyecto de 1939, solo lo abandonaron y siguieron adelante cuando el tiempo de rodaje se les acabó. Y mientras digo esto, la gente sigue trabajando en nuestra película. No porque no estemos listos para el estreno, sino porque tenemos que seguir trabajando en ella para el mes próximo y el que le sigue”, indica en una entrevista dentro de la Esfera.

Por este constante trabajo de retoque digital, a Grossmann le traen sin cuidado las afirmaciones catastróficas de que la inteligencia artificial acabará por sustituir a los cineastas. “Terminamos dando más trabajo a más artistas en este proyecto que los que Hollywood ha empleado en los últimos años”, asegura. El especialista en efectos especiales ha trabajado en Sin City, Shutter Island y Alicia en el país de las maravillas, pero nunca había trabajado en una producción tan numerosa como esta en 30 años de carrera.

A Grossmann le toca defender también la integridad de la nueva obra. La máquina crea la información que quedó fuera del encuadre original. “Lo hace porque este modelo sabe cómo se veían las pestañas de Judy Garland ese día, qué escena era”, señala. “Creo que estas herramientas van a permitir nuevas olas de creatividad y expresión. El arte seguirá siendo arte”, finaliza.

Un impacto que sigue vigente

El encanto del universo de Oz sobre los estadounidenses está lejos de perder fuerza. En diciembre del año pasado fue subastado uno de los cuatro pares de zapatillas que Judy Garland utilizó en 1939 durante el rodaje de la cinta. El calzado se vendió por 28 millones de dólares, lo que lo convirtió en el recuerdo cinematográfico de mayor valor, haciendo trizas el récord logrado en 2011 por el vestido blanco que utilizó Marilyn Monroe en La tentación vive arriba. La casa de subastas Heritage estimó que las zapatillas alcanzarían los tres millones de dólares, pero esta cifra fue superada por los participantes de la puja en apenas segundos.

Había algo especial en ese par, pues fue robado en 2005 del museo de Judy Garland en su ciudad natal, Grand Rapids, Minnesota, por un ladrón que utilizó un mazo para llevarse el tesoro. El autor del golpe, Terry Jon Martin, se llevó un chasco cuando se enteró de que los zapatos no estaban decorados con piedras preciosas, sino con simples cristales. El FBI recuperó las zapatillas en 2018.

Universal lanzó el año pasado Wicked, ganadora de dos Oscar, la versión cinematográfica del musical de Broadway inspirado en El mago de Oz. La cinta recaudó 755 millones de dólares en la taquilla global, convirtiéndose en el sexto título del género que más ha ingresado en la historia. La segunda parte, también dirigida por Jon M. Chu, será estrenada el 21 de noviembre. Esta tendrá que rivalizar con la original, crecida en tamaño gracias con anabólicos digitales.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard
Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.
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