Ir al contenido
_
_
_
_

Nueva asignatura: encerrarse en el colegio una noche con los padres para pedir que acaben unas obras que duran cinco años

Familias de alumnos del CEIP Hispanidad, en Rivas Vaciamadrid, pasan juntos la noche del viernes como protesta ante la Comunidad de Madrid por no terminar de edificar el centro

Estudiantes del CEIP Hispanidad, en Rivas Vaciamadrid, cuelgan una cadeneta alrededor de su cole sin construir.JUAN BARBOSA

Los vecinos de la calle Eduardo López apartaron las cortinas para ver qué pasaba al otro lado. Se encontraron con dos filas de adultos golpeando tambores mientras una hilera de niños con máscaras desfilaban en silencio. Salían de la puerta del fondo sosteniendo una cadeneta de papel de colores que parecía interminable y la iban colgando alrededor de un edificio a medio construir. La escena, con la luz de la tarde cayendo, podría haberse confundido con un ritual mágico o con una invocación del más allá si los vecinos no supieran que eso es imposible porque al otro lado de la calle lo que hay es un colegio. Cuando vieron de dónde venía el barullo, cerraron las cortinas y volvieron a sus quehaceres.

Las familias del CEIP Hispanidad, en Rivas Vaciamadrid, querían llamar la atención. Y lo lograron. Las cadenetas, que habían estado creando los niños esa misma tarde de viernes a la salida de clase, en realidad, son un símbolo de que los pequeños se “encadenan” a su cole a ver si la Comunidad de Madrid les hace caso y les termina de construir las aulas, los laboratorios, los baños y el gimnasio que les falta. Y los tambores son los de un grupo de padres que tiene una batucada y ha venido para ponerle ritmo a esta noche de encierro por la educación pública.

Unas 50 familias se pusieron de acuerdo para tomar el centro escolar y encerrarse junto con sus hijos toda la noche. Llevan cinco años esperando a que les construyan el edificio, que ha ido creciendo al ritmo de la matrícula. Lo que no pensaron es que la empresa encargada de las obras abandonaría el proyecto a medio camino y los dejaría a las puertas de un nuevo curso sin espacio suficiente.

Desde las cinco de la tarde, padres y madres llegaron con sus hijos a pintar carteles de “cole ya” con la O convertida en una carita triste. Y no solo padres, sino también abuelos, tíos y hermanos mayores que juegan fútbol y hermanos pequeños que duermen en carritos.

Incluso ha venido gente que no pertenece ni tiene ninguna relación con el cole. Todos llevan camisetas verdes con frases en defensa de la educación pública. “No somos del cole pero hemos tenido hijos y nietos que han pasado por los mismos problemas”, dice una mujer que toca la guitarra mientras los niños bailan alrededor. “Esta camiseta que llevo tiene como cinco años”, añade. “Igual desde 2019”, le corrige otra.

María de la Viñas López, la presidenta del AFA, pide silencio para leer un manifiesto. “La educación pública es un derecho”, se le oye decir en medio del patio lleno. Y anuncia que el Ayuntamiento de Rivas, dentro de sus competencias, se ha comprometido a renaturalizar el terreno del parking del cole, que ya no lo será porque el colegio se encuentra dentro de la Zona de Bajas Emisiones del municipio. Los padres celebran con chiflidos y comienzan a fantasear con que sus hijos puedan hacer educación física allí, pero otros les recuerdan que lo esencial depende de la Consejería de Educación.

Las familias han ido anotando a sus hijos en el CEIP Hispanidad con la confianza de que el centro se completaría pronto, pero han pasado cinco años y sigue por la mitad. La falta de plazas en otros centros tampoco les deja muchas opciones. “Mi hija estaba en otro colegio, pero me quedaba a seis kilómetros de casa”, cuenta Cecilia Montaño, madre de una estudiante de primer año de Primaria. Este le queda mucho más cerca, pero ahora se plantea regresarla a su antiguo colegio por la simple razón de que aquel era un edificio completo.

A las nueve de la noche llega la “cena de gala”. Las familias se sientan en las únicas sillas disponibles, unas muy pequeñas porque el mobiliario del colegio solo está adaptado a Infantil, a pesar de que los primeros alumnos matriculados en 2021 ya están en segundo de Primaria. Comparten gazpachos, bolsas de patatas y empanadas de mesa en mesa. Una madre saca una tarta con un pony e invita al resto a soplar las velas y a cantar Feliz cumpleaños a un padre que está de celebración. “¿¡Alguien quiere tarta?!”, grita, e inmediatamente un corrillo de niños aparece de la nada para llevarse un trozo.

― Lo único que yo quiero es vivir tranquila en este cole― dice una niña de segundo de Primaria con naturalidad mientras se come su pedazo de tarta.

“Parece que no, pero ellos saben lo que pasa”, comenta Estefanía Álvarez, madre de un estudiante de primero de Primaria. “Mi hijo me dice que le haría ilusión tener una biblioteca para sacar un libro ahora que está empezando a leer. Esas son cosas suyas”.

En la única sala en la que no se da clase se proyecta la peli de Mi villano favorito. Hay colchonetas de gimnasia por el suelo y alguien saca una máquina de palomitas. Estefanía dice que este espacio lo quieren dividir para hacer dos aulas, quizás también la sala de profesores. “Es que van cambiado el proyecto sobre la marcha”, se queja. A las familias lo que más les molesta es que la Comunidad de Madrid esté en silencio. Ya no que no les diga cuándo estará el colegio terminado, sino al menos qué solución le dan para el siguiente curso.

Para cuando termina la película, casi todas las aulas están llenas de sacos de dormir, colchones y colchonetas. Los más pequeños se resisten a dejar a sus amigos para irse a dormir, pero en pocos minutos todo está oscuro y en silencio.

― Mamá, ¿me cuentas un cuento?

― Había una vez un niño que quería dormir en su cole. Su mamá estaba cansada, pero aquí está, a las doce menos diez sin pegar ojo. Y colorín colorado.

A las 5.30, una parte de los estudiantes ya está de pie corriendo por los pasillos en pijama y dos horas después los padres logran levantarse a pesar del dolor de espalda. El cansancio se alivia cuando llegan los churros con chocolate que se sirven alrededor de las mismas mesas minúsculas de la cena.

Desesperanzada. Así se siente Elena Requis, madre de un niño en segundo de Primaria, que habla en el aseo de adultos de promesas incumplidas. “Tenemos muy buen ambiente en el colegio y los peques no quieren dejarlo, pero a este punto yo me planteo muchas cosas”.

En los pasillos algunos niños ayudan a sus familias a barrer y a organizar antes de seguir con este encierro “lúdico-reivindicativo”, al que todavía le queda toda la mañana de sábado con una batucada infantil y una sesión de canciones en defensa de la educación pública. En la entrada, un cartel pregunta: “¿Cómo es tu cole ideal?“. Las respuestas cuelgan dibujadas en platos de cartón. Hay uno que representa a una niña en medio de un patio rodeado de edificios con palabras como “biblioteca”, “gimnasio” o “comedor” y debajo de un gran corazón rosa la frase: “Mi cole es así de chulo”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_