Del fantasma de un accidente al trauma por arrollar a un viajero: el metro más grande de España evalúa la salud mental de sus maquinistas
El suburbano de Madrid contratará hasta 2.300 test anuales para garantizar “la capacitación psicológica” de conductores y personal relacionado con los trenes


En 2015, Andreas Lubitz bloqueó la puerta de la cabina del vuelo 9525 de Germanwings. Después inició una trayectoria descendente que provocó la muerte de 150 personas. La conmoción consecuente alcanzó a todas las áreas de transporte. También al Metro de Madrid, según cuenta uno de sus maquinistas. “A raíz de eso, del piloto que estrelló el avión, alguien dijo en broma: ‘Anda que si eso pasa en Metro...’ Y Metro se lo tomó en serio”. La compañía pública, que niega esa conexión con el accidente, viene pagando desde hace años un servicio psicológico para sus nuevos empleados. Este martes, coincidiendo con el aniversario de la catástrofe aérea, licitó un nuevo contrato, este de 390.000 euros, que atenderá progresivamente a todo el personal relacionado con la circulación de los trenes, según precisa un portavoz. Los maquinistas son profesionales sometidos a presiones extremas. Sobre ellos pesa la responsabilidad de llevar a miles de pasajeros en cada convoy. También el desgaste de trabajar bajo tierra, sin luz natural, mezclando la oscuridad de los túneles con los neones de los andenes. O el temor a vivir un atropello. Y peor: el horror de haberlo vivido.
“Es un trauma importante”, subraya José Cejudo, portavoz del sindicato de maquinistas de Metro, que ofrece atención psicológica inmediata a los conductores que sufren esa conmoción. “Tú en la conciencia tienes que la otra persona es la que se tira a la vía, pero la imagen y la situación se te quedan grabados de por vida”, lamenta. “El trabajo de maquinista en condiciones normales es bastante rutinario, pero cuando vienen problemas, sean averías, o situaciones como un arrollamiento, se complica”, añade. Y describe: “Eres consciente de que llevas entre 1.500 y 2.000 personas dentro de un tren. Hay que resolver. Entras en un estado... Todas las medidas de control y prevención están bien”.
Para cumplir el “nuevo procedimiento” del Metro de Madrid destinado a habilitar a quienes conducen sus trenes, y a los agentes relacionados directamente con la circulación, la compañía considera “necesario contar con una valoración psicológica que complemente el reconocimiento anual”.
Así consta en el contrato que acaba de sacar a licitación el suburbano más grande de España, con 300 kilómetros de cobertura, y que es consultable en el portal de contratación regional. Para garantizar “la capacitación psicológica” de los trabajadores, se harán entre 1.600 y 2.300 exámenes psicológicos al año.
De esta manera, se validará la aptitud cognitiva (atención, concentración, memoria, razonamiento, percepción y comunicación); psicomotora (velocidad de reacción, coordinación psicomotora); y de personalidad (autocontrol emocional, fiabilidad comportamental, responsabilidad, psicopatología, autonomía) de los nuevos empleados. El objetivo es identificar trastornos de ansiedad, del estado del ánimo, o psicóticos, “así como características que generan malestar en la persona y provocan incapacidad o una respuesta desadaptativa en distintas esferas de la vida, como la personal o la laboral”.

También se estudiarán escalas de sensibilidad obsesiva, ansiedad, hostilidad, somatización, depresión y riesgo psicopatológico. Una forma de establecer perfiles aptos, o no, para un trabajo de máxima responsabilidad.
“Cuando pasó lo de Germanwings, en el comité de seguridad y salud laboral se empezó a hablar de ese tema”, explica un empleado de Metro conocedor de esas reuniones, y que pide expresarse desde el anonimato para evitar represalias laborales. “A raíz de eso se empezaron a pasar los test psicológicos”, asegura. La compañía, consultada por este diario, niega esa conexión.
Los test psicológicos no son una rareza en la empresa, ni afectan solo a los recién llegados. Por ejemplo, los maquinistas que trabajarán en la línea 6 de Metro, la primera sin conductor del suburbano madrileño, deben pasar uno de esos exámenes para capacitarse como operadores de línea de alta regularidad (OLAR), según un interlocutor sabedor de los detalles del proceso. Allí su tarea será de información y auxilio.
Esto precisa un portavoz de Metro de Madrid, que es la principal compañía pública de la Comunidad junto al Canal de Isabel II, que gestiona el agua de la región.
“Metro de Madrid dispone, desde 2019, de un sistema de gestión de seguridad ferroviaria operacional certificado conforme al referencial AENOR específico para Seguridad Ferroviaria Operacional (SFO)”, dice el portavoz de la empresa, precisando que el programa de evaluación psicológica no es nuevo, y que con la nueva licitación se extenderá durante un periodo de tres años. “Dentro de los alcances de dicho sistema de gestión se incluyen procedimientos relacionados con la emisión de habilitaciones y gestión de la capacitación personal y profesional de los agentes adscritos a colectivos relacionados con la seguridad ferroviaria tales como maquinistas”, detalla. “En el marco de estos procedimientos, Metro de Madrid estableció, a finales de 2022, la necesidad de realizar valoraciones psicológicas (entre otras pruebas personales y de formación) para determinados colectivos como el mencionado anteriormente, al objeto de cumplir los requisitos definidos”, sigue.
Y aclara: “En particular, los requisitos físico-médicos y psicológicos son los establecidos desde el servicio de salud laboral quien gestiona la realización de las pruebas necesarias. Actualmente se están realizando a los maquinistas de nuevo ingreso”.
Miles de maquinistas
Este portavoz precisa que la compañía va a extender el servicio con el nuevo contrato a todos los “agentes” que ya están en plantilla. En total, los maquinistas suman alrededor de 2.100.
Estos profesionales están sometidos a situaciones de máximo estrés. En el sindicato de maquinistas calculan que hay arrollamientos de pasajeros todos los meses. Que es fácil alcanzar la veintena anual. Y que la mezcla de personas que quieren quitarse la vida y que caen involuntariamente a las vías es un temor constante en un trabajo ya de por sí estresante, que se vive bajo tierra, y con las espaldas cargadas con la mochila de ser quien lleve a buen puerto un vehículo cargado de miles de personas.
Contra esa presión continua, algunos alivios: las posibles entrevistas con psicólogos, y el compromiso de reducir la jornada laboral del personal afectado por la responsabilidad de que los trenes lleguen a su destino con los pasajeros sanos y salvos.
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