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Ana Millán, la ‘sheriff’ de Ayuso en el PP de Madrid que está bajo la lupa de la justicia y que “entiende el poder como un servicio al partido”

El partido afronta la crisis de Móstoles con su número tres pendiente de los tribunales, y la presidenta marcada por las polémicas de su pareja y su familia

Una política en el centro de una investigación judicial por la presunta comisión de un delito de prevaricación en el Ayuntamiento madrileño de Arroyomolinos recibe el 11 de marzo de 2024 a una edil que denuncia un presunto acoso sufrido supuestamente a manos del alcalde de Móstoles, Manuel Bautista. La política es Ana Millán, número tres del PP en Madrid. La dirigente ya estaba en esa situación cuando fue designada para ese cargo. Lo mismo ocurrió cuando se la ascendió a vicepresidenta de la Asamblea, o cuando se la puso al frente de la gestora del PP de Fuenlabrada. Unos nombramientos con la rúbrica de la misma persona: Isabel Díaz Ayuso, cuya pareja será juzgada por la presunta comisión de delitos de fraude fiscal y falsedad documental, y cuya familia ha sido objeto de escrutinio público por sus negocios en el ámbito sanitario, sin que la justicia observara nada punible. Todo ello lo recuerda con pena una fuente que goza de cierto predicamento en el PP regional, y que pide que se respete su anonimato por temor a represalias. Entonces, estalla.

“¿Cómo va a ir Millán a enmendarle la plana a nadie? Es para que le contesten: ¡Si tú estás investigada! Así no se le puede pedir cuentas a nadie“, exclama este interlocutor, pese a que Millán no consta formalmente como imputada, ya que el caso aún permanece en los juzgados de Navalcarnero y ella está aforada ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJ). ”Hay una falta de exigencia ética nunca vista, el listón de la ejemplaridad está por lo suelos”, lamenta. “Y se ha bajado desde arriba”, recalca. “Si con el padre, el hermano, el novio (de Ayuso), no pasó nada, no se puede pedir ejemplaridad a nadie”, remata en referencia al caso Avalmadrid, en el que se investigó el aval concedido a una empresa participada por el padre de la entonces desconocida política por una entidad en la que la Comunidad está representada; al caso mascarillas, que se centró en que el hermano de la presidenta cobró una comisión de una empresa que había contratado con la Comunidad; y al caso que afecta a la pareja de la presidenta. Los dos primeros asuntos quedaron en nada, y el tercero aún está en los tribunales.

La lista de polémicas recuerda que hay momentos que marcan para siempre una carrera política. En la de Millán (Madrid, 1979) hay por los menos cuatro. Así se construye la historia de la sheriff de Isabel Díaz Ayuso en el PP de Madrid.

Primero. En la primavera de 2022, los principales asesores de la presidenta se reúnen con Millán. Quieren conocer los detalles del caso en el que se investiga la presunta comisión de un delito de prevaricación administrativa durante su etapa como edil de Arroyomolinos, un municipio madrileño de 38.000 habitantes. Se trata de asegurar el tiro. De aclarar que Díaz Ayuso puede apostar por ella. Aprueba el examen: pese a esa situación, es designada como número tres del partido, diputada, vicepresidenta de la Asamblea y líder de la gestora de Fuenlabrada.

Segundo capítulo. Mayo de 2023. Con Millán en la sala de máquinas, el PP suma una aplastante victoria en las elecciones municipales y autonómicas.

Tercero. Millán se entrevista dos veces con una edil de Móstoles, que denuncia sufrir un presunto acoso por parte del alcalde de la ciudad. Corre la primavera de 2024. “Esto es un acoso de manual”, concluye Millán... sin que luego pase nada.

Cuarto: unos meses después, en octubre, la jueza que instruye el caso que afecta a Millán ve “indicios sólidos y justificados” de la presunta comisión de cuatro delitos, y eleva el caso al Tribunal Superior de Justicia por estar aforada como diputada regional.

Para cuando el caso vuelve al juzgado de Navalcarnero con la orden de que se complete la instrucción correctamente, al considerar la investigación “inconclusa”, y no compartir el TSJ la relación de supuestos delitos, el PP de Madrid, y su presidenta, han atado su destino al de Millán. Así de contundente es su apoyo.

Por ejemplo, una diputada exige que “se tomen medidas” en la Asamblea contra las referencias de la oposición a la situación judicial de la vicepresidenta. Carlos Díaz-Pache, el portavoz de los conservadores, la defiende con firmeza: “No vamos a aceptar lecciones de Más Madrid”, dice cuando los diputados de este partido firman una carta pidiendo la dimisión de Millán. Y así, cuando estalla la polémica de Móstoles, hay en el PP quien ve incomprensible la reacción del partido, el celo con el que se protege a Millán, o la presteza con la que Alfonso Serrano, su superior como secretario general, asume en primera persona la crisis, protagonizando una rueda de prensa y una intervención en un programa televisivo de máxima audiencia.

“¿A qué se debe que no salga Ana a dar la cara?“, se pregunta una fuente del PP desencantada con la actitud del partido. ”Si Alfonso solo fue a una de las dos reuniones, y él es justamente la línea defensiva anterior a la jefa (en referencia a Ayuso)... pues no es el día para que salga él”, opina sobre las intervenciones públicas del jueves, en las que el PP opta por una defensa numantina de sus decisiones. “Si hay que quemar a alguien... Que salga ella”.

Concejala de Arroyomolinos, y luego alcaldesa del municipio, la trayectoria de Millán está íntimamente ligada a la de Díaz Ayuso, de la que es amiga desde antes de que ambas llegaran a la primera línea política. Trabajadora incansable, de trato fácil, dicen que se le dan bien las distancias cortas. Si una vez a Ayuso la definió un colaborador como “catedrática en el dogma del PP”, Millán es como poco doctora cum laude. Una mujer, recalcan una y otra vez quienes la conocen, que es puro PP.

“Millán entiende el poder como un servicio al partido, es una persona absolutamente proPP, a la que le da igual si una persona es buena o mala, porque lo que le importa es defender al partido”, la describe una fuente que la conoce desde hace más de un decenio. “De primeras, es una sonrisa. Pero es dura. A veces, despótica”.

“Ana Millán es claramente una persona del aparato, con una posición siempre más dura a favor de los intereses del PP”, coincide un político que lleva años compartiendo con ella el día a día de la Asamblea de Madrid, y que la compara con otros políticos del partido conservador de perfil “más técnico”.

Testimonio

Millán afronta ahora la crisis de Móstoles mientras el caso que la afecta sigue su recorrido judicial. La jueza que lo instruye acaba de citar como testigo a su pareja para que comparezca el 3 de junio, a las 9.30.

La investigación busca esclarecer si hay relación entre los siete contratos públicos de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Arroyomolinos (Madrid) obtenidos entre 2006 y 2011 por las empresas de Francisco Roselló, y que el empresario pagara la hipoteca y la comunidad de vecinos de un ático propiedad de Millán mientras era la edil al frente de esa cartera.

La diputada defiende que los 51.104,67 euros que recibió de la empresa y el empresario, según documentación judicial, eran simplemente el pago por el alquiler de su vivienda a favor de Roselló, que además habría realquilado el inmueble. Tanto la hermana como la pareja de Millán recibieron pagos de empresas vinculadas al empresario, y en concepto de rendimientos del trabajo y actividades económicas, según la documentación del juzgado. Además, en las cuentas de Millán “se localizaron numerosos ingresos en efectivo de origen desconocido con inicio también en 2008″, el mismo año en el que habrían empezado los pagos de Rosell y sus empresas por el alquiler y los servicios de la pareja y hermana de la política.

Millán, sin embargo, defiende su inocencia, y el PP la apoya sin fisuras. También, por ahora, en la gestión del caso de presunto acoso de Móstoles.

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